El nuevo sistema de votaciones que inaugurará el próximo 1 de marzo la Cámara de Diputados ya le trajo dolores de cabeza a la empresa contratada para la obra: los diputados se niegan a entregar sus huellas digitales y fotos a la empresa sin una supervisión oficial de la Cámara o un escribano presente. Alegan que esos datos y sus huellas digitales pueden ser entregados o robados si no son manejados con garantía de confidencialidad. Recuerdan el escándalo que se produjo con la base de datos de participantes de la Cumbre de Davos que terminó distribuida en empresas privadas. En este caso, temen que sus huellas dactilares terminen mas allá del recinto de sesiones si una autoridad oficial no interviene en el proceso de recolección de datos. Por eso piden que la Policía Federal se encargue de recolectar las huellas.
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Ahora el mecanismo de votación se activará identificando la huella dactilar de cada diputado. Con esto quedará registrado el quórum, la presencia de cada uno en el recinto, y por la misma vía se identificará cada voto emitido en un proyecto. Pero para que el mecanismo funcione bien, hace falta registrar las huellas de cada legislador y su foto (aparecerá en el computador central que controla el sistema). Esta semana, personal de la empresa encargada comenzó a recolectar esos datos de los diputados, y estalló la bronca cuando intentaron identificarlos en los pasillos del Palacio o sus oficinas, pero sin la intervención de un escribano o autoridad. «En estas condiciones, que le pidan mis huellas a la Policía. Yo a esto no me presto. Si no, que los llamen a ellos. Por lo menos cuando vas a la Policía, estás ante un funcionario público», dijeron el peronista mendocino Francisco «Chiqui» García y el riojano Ricardo Quintela.
Algo similar le ocurrió al rionegrino devenido en bonaerense Carlos Soria. Cuando fueron a tomarle las huellas, sólo se prestó a darlas cuando el empleado de la empresa le entregó su DNI y le firmó un acta.
El procedimiento que está utilizando en la actualidad la empresa que instaló el nuevo sistema -ya esta prácticamente listo y se lanzará el día que Fernando de la Rúa inaugure el período ordinario de sesiones el próximo 1 de marzo-no contempla una intervención oficial de la Cámara de Diputados en el momento de la carga de los datos. Para eso los empleados circulan por los pasillos munidos de una notebook, una cámara de fotos digital y un escáner portátil. Toman los datos del diputado, le sacan la foto digital que quedará en el sistema y luego le escanean la mano completa. La huella del pulgar luego servirá de base para el lector instalado en cada banca sobre el que los diputados apoyarán el pulgar a la hora de votar.
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