28 de marzo 2002 - 00:00

Diputados peronistas ya le reclaman a Duhalde la renuncia de Mendiguren

Eduardo Duhalde escuchó ayer de la mesa de conducción del bloque PJ de Diputados un pedido expreso para modificar las políticas productivas del gobierno y la renuncia de Ignacio de Mendiguren, ministro de la Producción. Jorge Remes Lenicov, presente en el encuentro, no ensayó ninguna defensa de su compañero en el gabinete. El encuentro estaba previsto para acordar una agenda legislativa de temas que comenzarán a tratarse la semana próxima en el Congreso, como el acuerdo Nación-provincias, la Ley de Quiebras y la de «subversión económica». Los diputados preguntaron también por el paquete de medidas que analiza el gobierno. Jorge Todesca enseguida les aclaró un punto que despertaba interés en los presentes: «No lo tenemos contemplado. Sería muy deseable pero la situación fiscal no lo permite», dijo en relación a una posible rebaja de IVA para los alimentos.

Remes Lenicov
comenzó haciendo una descripción de los ocho puntos que el FMI le hizo al gobierno: Presupuesto 2002, acuerdo con las provincias, modificaciones en la política monetaria y cambiaria, reforma del sistema financiero, renegociación de las tarifas públicas y la preocupación por la seguridad jurídica en el país, básicamente por las implicancias de la Ley de Quiebras y «subversión económica».

•Exigencias

Para dejar la situación en claro, el propio Remes Lenicov les explicó a los presentes cuáles eran las exigencias del Fondo que el gobierno no esta dispuesto a aceptar: «El pedido de arancelamiento universitario y el despido de 400 mil empleados del sector público nacional», les dijo. Remes explicó que el ajuste iba a ser gradual, tanto en la Nación como provincias, «sin apresuramientos».

Los diputados, a su turno, centraron sus críticas en tres puntos: los vetos del Poder Ejecutivo al Presupuesto 2002, las políticas productivas del gobierno y la administración de los planes sociales.

La conversación comenzó con un tono nervioso por parte de los legisladores en torno de los vetos al Presupuesto. Fue turno de Oscar Lamberto, que explicó la falta de financiamiento para los 15 artículos que los diputados agregaron al proyecto de presupuesto, todos incluidos en los vetos que ya firmó Duhalde. La intención era convencer al bloque PJ para que no insista con la sanción original convalidando ese mayor gasto que el gobierno estima en unos $ 1.000 millones. El gobierno no consiguió una promesa, pero por lo menos las cabezas del PJ aseguraron que analizarán cada uno de los vetos antes de decidir. «La voluntad del bloque es insistir con incentivo docente y elevar el límite de recorte a las jubilaciones», le explicaron los diputados.

Las protestas continuaron con las políticas productivas con fuertes quejas contra De Mendiguren que llegaron hasta el pedido de su cabeza: «No tiene propuestas, no hay señales de lo que prometió con la devaluacion y ni siquiera nos escucha», dijeron.

Duhalde
no pensaba que sus propios diputados iban a quejarse de la administración de los planes sociales y los ministros que no levantan el teléfono a las llamadas desde el Congreso: «Se van en anuncios pero la ayuda a las provincias no llega», criticaron. Fue entonces cuando entró Hilda Chiche Duhalde al salón.

La ronda de consultas del Presidente con los bloques del Congreso había comenzado con los senadores peronistas y continuó con la conducción del PJ en Diputados. A la mesa, donde sólo hubo a última hora algunos sándwiches de miga, se sentaron Humberto Roggero, Ricardo Quintela, Graciela Camaño, José María Díaz Bancalari, María del Carmen Alarcón, Jorge Villaverde, Oraldo Britos, Jorge Obeid, Julio Solanas, Manuel Baladrón, Carlos Alesandri, Juan Manuel Urtubey y Daniel Basile. Frente a ellos escuchaban: Alberto Fernández, Lamberto, Todesca, Remes Lenicov y Duhalde.

La reunión se prolongó más de lo pensado, no sólo por el nivel de las discusiones con el Presidente sino porque en el medio
Duhalde se levantó para recibir en un aparte a monseñor Casaretto, Dante Caputo e Ignacio López. Recién cuando terminó con la «concertación», volvió a escuchar las quejas de los diputados.

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