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En las últimas 48 horas hubo ejemplos más que acabados de esta situación. Roberto Lavag na debió concurrir personalmente a la bancada peronista el martes por la noche para alimentar el fuego de la obediencia y garantizarse así la votación de la prórroga de la Emergencia Pública, un proyecto al que ningún peronista, incluso muchos de los que la defendieron ayer en el recinto de sesiones, le encuentra justificativo.
Lavagna enfrentó algún momento desagradable cuando peronistas como Rodolfo Frigeri o Marina Cassese, ambos duhaldistas bonaerenses con matices, le preguntaron con un irónico aire de subordinación por el futuro del proceso de canje de deuda. El ministro desmintió toda duda sobre el éxito del proceso e incluso negó postergaciones. Todo un día antes que el propio gobierno se viera forzado a decidir una demora. Para los diputados ese tipo de acciones, tan común en la relación con ministros, no es una falta de confianza, significa directamente que el gobierno sólo quiere al Congreso como una escribanía que ratifique hasta sus más mínimos caprichos, sin detenerse a perder tiempo en explicaciones.
Ejemplo dos. Lavagna debía convencer a los díscolos santafesinosde votar la Emergencia Pública. Fue a decirles al bloque lo que querían escuchar: el gobierno enviará un proyecto de distribución de la Cuota Hilton -cuestión de Estado en Santa Feque distribuirá al menos 75% de esa cuota basado en el criterio de past performance, exactamente el que reclama el gobernador Jorge Obeid. Ayer, a pesar de eso, no todos los santafesinos estuvieron en el recinto a la hora de sumar quórum. La explicación: muchos no le creen ya al ministro, sobre todo cuando la misma semana el gobierno publicó en el Boletín Oficial su decreto de distribución de la Cuota.
La sesión de ayer en Diputados dio otro ejemplo claro. Dos horas y media debió esperar el peronismo para conseguir número y comenzar la sesión. Lo consiguió con ayuda de provinciales contra la ausencia de diputados propios. algunos de los rebeldes, como el cordobés Humberto Roggero, se presentaron a dar quórum sólo como un favor a Eduardo Camaño que intentaba armar la sesión, pero anunciando que no votarían luego la emergencia. Una posición similar mantienen desde Juan José Alvarez hasta buena parte de los «Barrio Chino», que ellos mismos integran.



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