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Son los infantes, peleando cuerpo a cuerpo con soldados profesionales. Son los aviadores, que con sus anticuados Mirages y Sky Hawk tuvieron en jaque a una elite. Son los marinos, combatiendo como leones mientras lloraban a sus compañeros en el hundimiento del Belgrano.
Por ello, las Islas Malvinas son más nuestras que nunca, las lágrimas y la sangre de nuestros héroes regaron sus playas y sus montes, y no hay título de posesión más fuerte que el que otorga la sangre.
Las Malvinas son nuestras y vamos a recuperarlas (Aplausos), no con guerras sino de la manera en que los argentinos recuperamos nuestras cosas, con trabajo, con fe, con paciencia y perseverancia. Vamos a recuperarlas con la solidaridad y el apoyo de todas las naciones hermanas que desde hace mucho tiempo acompañan nuestro reclamo ante los Organismos Multilaterales. Vamos a recuperarlas volviendo a poner de pie a nuestro país, reinsertando a la Argentina en la economía mundial, cumpliendo con nuestros compromisos, pero también exigiendo que se respeten los compromisos, los acuerdos y pactos contraídos con nosotros. Vamos a recuperarlas avanzando en nuestras negociaciones diplomáticas; vamos a recuperarlas profundizando nuestras relaciones con los actuales habitantes de las Islas, y al recuperarlas saldaremos nuestra deuda con los que quedaron en Malvinas y con los que volvieron heridos en el cuerpo o en el alma, deuda que tenemos todos los argentinos que debemos reencontrarnos con nuestra identidad y con nuestro destino.
Miremos hacia nuestros héroes de Malvinas y comprendamos que los argentinos podemos ser mejores, y que esto no depende de ninguna ayuda sino de nosotros mismos. Pero sobre todo, miremos a esos valores que forman parte del ser argentino, esos valores olvidados y que no debemos perder: la solidaridad, el respeto, el honor y el patriotismo. Esas son nuestras próximas batallas, hasta lograr definitivamente despertar nuevamente la conciencia nacional. Debemos volver a creer, volver a confiar, defender a nuestra democracia todavía joven, la democracia que volvió para quedarse de la mano de la epopeya de Malvinas.
Por eso, para terminar, quiero usar las mismas palabras que un veterano de guerra anónimo, que acaso hoy esté entre nosotros, y que decía que tenemos una deuda, tal vez la más grande de todas, el no tener un sentido nacional, el no expresarlo en hechos patrióticos, pero si en esta tierra nacen hijos como los que entregaron sus vidas en nuestras islas, no todo está perdido.
Veteranos de Guerra: ¡Viva la Patria!


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