26 de noviembre 2003 - 00:00

Dispara Kirchner la negociación con los jefes del peronismo

La bronca por la pelea (otra) que le brotó con la provincia de Buenos Aires distrajo a Néstor Kirchner de los festejos por la bonanza electoral del peronismo y de atender la primera tarea del mandato de 4 años que arranca el 10 de diciembre: atar una relación saludable y pacífica con los caciques del peronismo provincial.

La suerte de Kirchner es la virtud que más celebran sus seguidores -los adversarios dicen que trasmite un mal ejemplo porque ahora todos creen que se pueden sacar la Lotería todos los días-. La principal señal de fortuna con que cuenta el Presidente es que todos los jefes del peronismo no tienen futuro en sus distritos. Eso los fuerza a rehacer su vida bajo otro cielo o cimentar las bases del poder en sus localías que les permita dejar una herencia.

Por caso, no tienen reelección como gobernadores Felipe Solá (Buenos Aires), José Manuel de la Sota (Córdoba), Juan Carlos Romero (Salta), Jorge Obeid (Santa Fe). Han quedado limitados a la tarea legislativa en el Senado otros líderes del peronismo que siguen ligados al mando del PJ en sus provincias como Carlos Reutemann (Santa Fe) y Rubén Marín (La Pampa), tras ganar elecciones.

En un escalón subalterno aparecen Ramón Puerta (Misiones) donde retiene el control del partido, pero fue vencido en las elecciones por Carlos Rovira al frente del más exitoso proyecto transversal. Rovira retuvo la gobernación al timón de una coalición que incluyó a sectores de la UCR y que motivó la derrota del PJ formal.

Este ejemplo misionero, donde funcionó con éxito el expediente transversal de ganar con un peronista yendo por fuera del partido es el espejo en el cual se miran los jefes justicialistas, que de aquí a fin de año, tendrán turno a solas con Kirchner.

Algo a lo que no ayuda de manera alguna el sueño transversal del kirchnerismo puro, que entiende que el propio Presidente encabeza la lista de quienes están obligados a acumular más poder, el necesario para que no lo arrastre la suerte de los últimos presidentes argentinos. Esto convierte los movimientos de Presidente, los gobernadores y los kirchneristas de Olivos en una carrera contra el tiempo.

Entre viernes y lunes pasado estuvieron algunos de ellos, como
De la Sota (viernes) y Reutemann (el lunes), pero no ingresaron al despacho presidencial. Se entrevistaron con miembros del gabinete y algunos asesores con quienes los visitantes acordaron la necesidad de acelerar las reuniones con el Presidente. Aquí un panorama:

• Reutemann está pensando -como todos-ya en la elección de 2005 porque cree que en esa oportunidad puede peligrar la hegemonía peronista en la provincia. El fantasma es Hermes Binner, a quien alientan desde hace rato desde el stud kirchnerista. Marcelo Fuentes, secretario de Rafael Bielsa en la Cancillería, es el responsable de ese acercamiento de Olivos al dirigente socialista. Y es el hombre a quien pide Reutemann que intercepten desde Olivos. Lo comentó el lunes cuando saludó a Kirchner en el acto de lanzamiento del gasoducto, aunque dejó que esa negociación la mantengan a solas antes de Navidad.

Lo mismo le pide De la Sota al gobierno respecto del electo intendente de la capital de Córdoba, Luis Juez. Viejo conocido de todos los peronistas, este adalid de la renovación se abrazó a Kirchner apenas ganó la elección y juega a convertirse en el heredero de este De la Sota que no tiene reelección. El gobernador de Córdoba recompone su administración con una nueva generación de funcionarios que realimente la ilusión del peronismo de que, en 2005, podrán vencer a una coalición de independientes que arma Juez con restos del peronismo y del radicalismo de esa provincia. De la Sota pide que dejen de alimentar a Juez desde la «convergencia» o «La Corriente» (nombres que usa el kirchnerismo en el interior para armar la transversalidad con el mismo argumento que usa Reutemann; no puede irle bien a Kirchner, si no le va bien a Obeid o a De la Sota y que ese compromiso tiene fecha, la elección legislativa de 2005.

• Las relaciones con Solá pertenecen a otro capítulo. Junto a Eduardo Fellner -jefe formal del PJ nacional-es el gobernador con quien más se ve, en público y en privado. Es de los pocos mandatarios con quienes se franquea en cuanto a sus verdaderos proyectos. Lo cree imprescindible en la lógica de sus relaciones con Eduardo Duhalde - necesariamente buenas porque se precisan el uno al otro hasta nuevo aviso-. Kirchner comenta en la intimidad sin embargo, que lo desconcierta la variabilidad del gobernador, que una semana se acerca y otra se aleja, comparte proyectos de reforma de fuerzas de seguridad, pero después se encastilla en la defensa de su gabinete. Este Solá polifacético lo enloquece a Kirchner que, por momentos, se siente víctima de un método eficaz del gobernador para mantenerse en vigencia en una situación comprometida: comanda una provincia en crisis, no tiene reelección, tiene relaciones tensas con el duhaldismo ortodoxo, le gustaría sumarse al aire de cambios del kirchnerismo, si bien no tiene la ropa lista para hacerlo. Complicadísima esta relación y más cuando las principales operaciones transversales ocurren hoy en la provincia de Buenos Aires. Este fin de semana, por caso, otro de los arquitectos de la transversalidad, el «Flaco» Carlos Kunkel ha organizado una algarada setentista en La Matanza, que no gusta mucho en La Plata.

Con el salteño Romero hay menos drama porque más allá de los chisporroteos de campaña, son amigos desde el subsuelo, es decir desde las batallas por la regalías petroleras, Han convivido años en los mismos foros y en realidad no se guardan rencor, aunque se sienten representantes de dos países distintos. Romero logró su reelección con una mano a favor que le jugó Kirchner, que se cansó de sacarse fotos en actos con el salteño. En Salta, no hay mucha miga para la transversalidad porque tanto Romero como Kirchner miran hacia el mismo hombre como posible sucesor, el actual diputado Juan Manuel Urtubey que ha tenido protagonismo como presidente de la comisión de Asuntos Constitucionales.

• La turbulencia aumenta cuando se llega a Misiones. Rovira es el hombre que mejor consideración tiene en el Presidente entre los peronistas que jugaron a la transversalidad. Eso marca el tono de las relaciones con el senador Puerta, enojado porque Carlos Menem lo anota como hombre propio y como opositor a Kirchner. Sin embargo el misionero desde el Senado está votando, ya a tono con el oficialismo. Kirchner tiene un plan para Puerta, que es promoverlo como reemplazante de Eduardo Menem en la presidencia de la comisión de Relaciones Exteriores. Puerta y E. Menem han sido compañeros de ruta durante años, y el hermano del ex presidente intenta aún conservar ese cargo en una de las comisiones más importantes de la Cámara Alta que en la Casa de Gobierno creen que es un resabio de un sistema de poder que ya no tiene vigencia. Kirchner ha dicho en la intimidad de su despacho que Puerta puede ser el reemplazante porque siempre trabajó en el tema internacional. Con frialdad, asegura que eso promovería una pelea entre sus adversarios. Puerta negaba anoche haber recibido oferta alguna de apoyos del oficialismo, pero insiste además en que el paquete a negociar es más grande. Por caso, ¿qué va a hacer el Presidente a la hora de cubrir los cargos nacionales con sede en Misiones, reclamados por dirigentes del PJ provincial que le responden más a Puerta que a Rovira?

Una relación con final abierto es hoy con el gobernador de La Rioja, Angel Maza. Ha logrado que su hermana vote los proyectos de cambio en la Corte mandados por el gobierno (juicio a Eduardo Moliné O'Connor; designación de Eugenio Zaffaroni); ha ayudado a esa provincia con auxilios financieros para regularizar el pago de sueldos. Pero lo acosa la ansiedad del senador Jorge Yoma, uno de los principales escuderos del kirchnerismo en el Senado, por impedir que Maza asuma su nuevo mandato el 10 de diciembre. Yoma sueña con tumbarlo a Maza que lo derrotó en las elecciones del 27 de abril; Kirchner está preso de la alianza con Yoma, aunque tampoco podría tolerar una crisis en la provincia de su principal adversario, Carlos Menem. Sería el mejor favor para ayudarlo en algún operativo retorno. Por ahora le cumple a Maza dándole fondos a cuentagotas y lo asiste a Yoma postergándole al gobernador una cita a solas.

• Más en sordina, Santiago del Estero se diluye como problema en el radar presidencial. La actuación de la Justicia en la investigación de los crímenes disipó la idea de intervenir esa provincia. Una discreta negociación encarada por Duhalde con el matrimonio Juárez descomprime la pelea con Kirchner que sigue creyendo que, en la elección del 27 de abril, el peronismo del distrito fue a menos, un error si se observa que Juárez no ganó legisladores propios.

El broche de la negociación tiene también fecha de final de obra: marzo. Es para cuando le promete Fellner que tendrá el acuerdo de los gobernadores para la quimérica votación de una nueva ley de coparticipación de impuestos. Kirchner también cree tener en este punto una clave: quebrar la lógica del reparto de impuestos entre Nación y provincia descentralizando el cobro de los tributos. Una manera de que todos los gobernadores firmen un nuevo sistema sin volver a sus distritos y ser acusados de haber entregado su cuotaporcentaje en el reparto que rige desde hace más de 15 años. Es lo que dicen haber logrado el team que integran Kirchner (DT de la operación), Alberto Fernández (CEO del proyecto) y los técnicos Jorge Sarghini, Juan Carlos Pesoa y Carlos Arlía.

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