Dolarización y odio a Ruckauf, puentes entre De la Rúa y Menem
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Más aún, sospecha que los que en su propio entorno quieren hacerlo están llevados por un afán de acuerdo interno en el PJ. Está claro: la dolarización es, además de una recomendación técnica, una contraseña política y la principal barrera que separa al menemismo de casi todo el resto de la dirigencia peronista, sobre todo de la bonaerense.
Por eso en el menemismo ultra acusan en voz baja a Eduardo Bauzá de querer dar de baja ese programa en homenaje al consenso con Ruckauf y también con el radicalismo de Raúl Alfonsín.
Sucesión
Si la inclinación por la dolarización es una de las complicidades que facilitan el encuentro de De la Rúa con Menem, la enemistad común con Ruckauf es la otra, crudamente política.
El gobierno cree que el jefe bonaerense promueve acciones de distinto orden, desde gremiales hasta parlamentarias, para forzar una sucesión anticipada. Menem, por su lado, está convencido de que la mano de Ruckauf estuvo detrás de su prisión en Don Torcuato (sus allegados apuntan sobre todo a Jorge Casanova, actual diputado y ex ministro de Justicia de la provincia). Por lo tanto, no debe sorprender que tanto De la Rúa y Cavallo como Menem se regodeen con informaciones que desmerecen la administración de Ruckauf para mostrarla tambaleante y amenazada por la crisis. Sin ir más lejos, ayer se mencionaban en Olivos y en La Lucila los peores números de la administración bonaerense: $ 2.900 millones de déficit este año y una previsión de emisión de patacones de $ 1.600 millones para el año próximo. Esta radiografía circuló ayer por todas las manos del gobierno y sirvió para ilustrar el tramo central de Cavallo en su mensaje de anoche, cuando afirmó que si en el Fondo Monetario le plantearon alguna duda sobre la verosimilitud de las cuentas fiscales argentinas el interrogante apuntaba a las provincias, no a la Nación. Claro, nadie dijo una palabra sobre la situación de Córdoba, por más que a José Manuel de la Sota lo auxiliaran el viernes con una suma pareja con la que reclamó, sin éxito, Ruckauf en la Jefatura de Gabinete.
El rechazo a la devaluación y el odio al gobernador bonaerense son las dos puentes suficientemente visibles entre De la Rúa y Menem como para que ambos se preocupen por disimular coincidencias. Por eso ayer el riojano se preocupó por aclarar, de nuevo, que irá a la mesa del diálogo político en su calidad de presidente del peronismo y no de «oposición de su Majestad». En Olivos anoche se preocuparon por lo mismo: prefieren que concurra al encuentro acompañado por los jefes parlamentarios del peronismo, Ramón Puerta (Senado) y Eduardo Camaño (Diputados), calcando el formato que adoptó Angel Rozas, el presidente de la UCR, para una liturgia similar. Se trata de una ventaja para Menem, ya que involucraría en sus conversaciones a otras vertientes de su partido. La de los «federales», con Puerta, y la del duhaldo-ruckaufismo, con Camaño.
Pero la extensión de estas invitaciones a los líderes del PJ legislativo no contempla solamente los intereses de Menem. También mira a las necesidades del gobierno, que se asientan sobre todo en el Parlamento. De la Rúa necesita que las Cámaras no queden descontroladas para su administración en un momento en que debe discutirse el presupuesto nacional (con un ajuste considerable) y la coparticipación federal de impuestos, dos de las cláusulas más visibles en el pliego de exigencias del Fondo. Es más que evidente que cualquier compromiso que envuelva la sanción de leyes excede la capacidad política de Menem y por eso conviene a todos la participación de la estructura parlamentaria del peronismo en las negociaciones. Aun cuando el riojano haya tomado ayer la delantera recomendando la adopción de todas las medidas capaces de reducir al máximo el déficit fiscal, como se consignó en el documento que emitió el sábado por la noche.



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