17 de octubre 2001 - 00:00

Dos variantes de gabinete esperan hoy a De la Rúa

Regresa hoy De la Rúa al país, y comenzarán a decidirse cambios de ministros. Hay dos alternativas totalmente diferentes que provocan tensión en el gobierno. Una nítidamente delarruista, a la que se enfrenta otra alimentada por la UCR que respalde la política oficial. Ganaría esta última.

Fernando de la Rúa regresará hoy desde Madrid para enfrascarse en el nuevo armado de su gabinete. Tal vez no resuelva los cambios, que él mismo anunció de manera tan poco habitual, sin escuchar la voz de los gobernadores del PJ. Mientras se organiza esa reunión, el oficialismo seguirá sumergido en un debate interno que se traslada al nuevo organigrama del equipo de gobierno y a la identidad de quiénes llenarán los casilleros.

La discusión no es menor. Se trata de determinar qué orientación tendrá el gobierno durante los próximos dos años: si estará más o menos abierto hacia el partido radical, cuál será el grado de discusión política, si habrá o no algún tipo de análisis estratégico de lo que sucede en el país.

Un buen número de dirigentes radicales, afines a De la Rúa y en algunos casos colaboradores directos suyos, han aconsejado al Presidente que constituya un gabinete capaz de conseguir dentro del partido respaldo a la política oficial. También algún poder de fuego para algunos conflictos que se aproximan: desde la pelea por la conducción del Comité Nacional hasta la elección de un candidato a Presidente para las elecciones de 2003, pasando por la ocupación de las presidencias de bloques parlamentarios y aún de las cámaras.

La lógica de un gabinete de este tipo supone incorporar dirigentes partidarios y definir las políticas del gobierno según criterios afines a los del radicalismo. O que, por lo menos, sean capaces de llevar adelante un debate interno con quienes desde la UCR desafían al gabinete: desde Leopoldo Moreau y Raúl Alfonsín hasta Jesús Rodríguez, Federico Storani y Rodolfo Terragno.

No es necesario señalar cuál es el contramodelo de este gobierno imaginario: uno que tenga su centro de gravedad en Olivos y donde las voces cantantes sean las de los hijos del Presidente, su esposa, amigos como Fernando de Santibañes y una red de funcionarios a los que los radicales clásicos no aprecian porque no obedecen al cursus honorum del comité: entre ellos están Darío Richarte, Patricia Bullrich, Lautaro García Batallán, Hernán Lombardi y Andrés Delich, entre otros.

Con la lógica de reducir la gravitación de esta ala del oficialismo se pensaron varios diseños posibles que tienen, con variaciones, el aval de hombres como Colombo, Rafael Pascual, Nicolás Gallo, Adalberto Rodríguez Giavarini, Enrique Nosiglia, Enrique Olivera y otros amigos del Presidente identificados con el partido. El más convencional y abstracto implica organizar la gestión en tres áreas. Una de actividad política, una de producción y otra de acción social. El área política se configuraría con un Ministerio del Interior desprovisto de responsabilidades en el área de represión del delito. Estas últimas irían a una nueva cartera de Justicia y Seguridad, que tendría a su cargo las tareas actuales de Justicia y las de la Secretaría de Seguridad (Policía, Gendarmería y Prefectura).

Alejamiento voluntario

La fusión de Justicia y Seguridad se facilitaría por el alejamiento de Jorge de la Rúa de su cargo: hace tiempo que desea alejarse del gabinete, donde ya mantiene poco diálogo hasta con su propio hermano. Para el nuevo ministerio se convocaría a Carlos Becerra, quien podría dejar vacante la SIDE. En cambio, si se desplaza a Ramón Mestre del Ministerio del Interior clásico, hay quienes piensan en llevar al gobierno a Nosiglia: se espera que él pueda resolver uno de los dramas secretos de la administración en el momento actual, es decir, el feroz enfrentamiento entre Gendarmería y Policía Federal. «Coti», con cierta lógica, prefiere mantenerse fuera del gabinete y recomienda a Becerra para las tareas que quieren poner en sus manos. Pero el propio Becerra no está entusiasmado con la propuesta y ni siquiera sabe si desea permanecer en el gobierno.

El mismo esquema tiene modulaciones más cercanas al delarruismo «íntimo» de Olivos.

Una de ellas, por ejemplo, pretende que la SIDE se incorpore al área de Justicia y Seguridad: sería una secretaría ministerial que bien podría quedar en manos de Richarte o en las de Angel Tello, eterno ahijado de Basilio Pertiné. Becerra, a quien cuando era secretario general de la Presidencia ya le ofrecieron una «SIDE de dos pisos» volvió a rechazar la idea en las últimas horas.

El grupo que encabeza Antonio de la Rúa (quien ocupa oficinas en la residencia de Olivos y en la jefatura de Gabinete de la Rosada) se plantea una divisoria distinta para resolver este veto: juntar Justicia con Educación y poner todo en manos de Delich. A pesar de que no sea abogado sino sociólogo.

El lugar de Patricia Bullrich está sometido a la misma discusión política. El sector que promueve un acercamiento de De la Rúa al partido le recomendó al Presidente no darle a la ministra un lugar relevante, por lo menos en términos presupuestarios. Por eso descartan que vaya a ocupar una cartera de seguridad social (con el PAMI y la ANSeS adentro) o que tenga competencia en el Ministerio de Acción Social, que ocupa Juan Pablo Cafiero, a quien todos ven fuera del gobierno. ¿Sería Bullrich secretaria general si es que Gallo pasa a una especie de Ministerio de la Producción? En cualquier caso, Trabajo sigue vacante en todas las versiones. En alguna de ellas se postula para el cargo a Mestre.

Los que pretenden que De la Rúa premie al partido desde el gobierno creen que Acción Social debería tener a Rafael Pascual como jefe, aún cuando deba esperar al 10 de diciembre para hacerse cargo. Debajo de su mando se ubicaría también el Ministerio de Salud, aunque tal vez sin el área de obras sociales. Héctor Lombardo resiste como loco este desplazamiento del área sanitaria: ya ofreció la cabeza de Rubén Cano (superintendencia de obras sociales) a cambio de la suya y se abrazó a Félix Anguilesi, sobrino de Inés Pertiné, para mantenerse en el cargo.

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