15 de mayo 2003 - 00:00

Duhalde: clemencia a cambio de apoyos

Eduardo Duhalde deslizó ayer una instrucción precisa a sus diputados y senadores, con la intención de ayudar a Néstor Kirchner. «No hagan leña del árbol caído», le dijo, entre otros, al bonaerense Daniel Basile, quien dio la « primicia» de que Carlos Menem se bajaba del ballottage, 48 horas después de la primera ronda electoral.

El «árbol caído», en lenguaje del presidente designado, alude, por supuesto, al riojano. No hacía falta aclaración para los emisarios. La supuesta clemencia duhaldista esconde, además del previsible triunfalismo y un sobreactuado espíritu conciliador, una necesidad: evitar que el menemismo se convierta en un escollo en el Congreso y que ponga en peligro la gobernabilidad desde el 25 de mayo. Una amenaza que el mismo Menem se ocupó de descartar.

Hasta diciembre -cuando se renueve un tercio de la Cámara alta y la mitad del otro plenario-, el santacruceño tendrá que lidiar con un Parlamento dividido, sobre todo en Diputados, donde convive un peronismo libanizado -dividido en 3 bloques: oficialistas, menemistas y una minoría adolfista-, y un abanico de opositores, desde la UCR, pasando por relictos del chachismo (los cuales, mayoritariamente, adhieren al Frente para la Victoria), el ARI de Elisa Carrió, los provinciales socios de Ricardo López Murphy y la izquierda (PS, castristas de la azafata Alicia Castro, IU y Luis Zamora).

Kirchner
, si se trata de contar los porotos, apenas tiene 3 diputados (Sergio Acevedo, Mónica Kuney y Dante Canevarolo) y 2 senadores propios (Cristina Fernández de Kirchner y Nicolás Fernández). Todos, obviamente, representantes legislativos de Santa Cruz. A ellos, se puede agregar en el carácter de adherente al denominado Grupo Talcahuano, en el cual, amén de los patagónicos, comulgan el tucumano Ricardo Falú, los santafesinos Angel Baltuzzi y Julio Gutiérrez, el porteño Gerardo Conte Grand y la entrerriana Blanca Osuna. Con ellos, araña la decena. Extramuros, puede considerarse kirchneristas, más o menos puros, a los frepasistas Nilda Garré, Darío Alessandro y otros. Entre todos, incluidos los justicialistas, no llegan a la veintena sobre un total de 257 miembros de la Cámara baja.

Con ese panorama, la ayuda de Duhalde y compañía resulta imprescindible. El duhaldismo controla 32 bonaerenses y tiene influencia sobre otros 46 diputados que mantuvieron los pies en el bloque PJ, sin emigrar hacia la escudería menemista o la minibancada del Movimiento Nacional y Popular de Adolfo Rodríguez Saá.

De cualquier manera, los 30 diputados que comulgan con el peronismo de Anillaco ya adelantaron que no harán obstruccionismo.

Los duhaldistas hicieron saber que les respetarán, en caso de que retornen, los cargos jerárquicos que les corresponden en la mesa de bloque que comanda el triunvirato Jorge Obeid (Santa Fe), José María Díaz Bancalari ( Buenos Aires) y Manuel Baladrón (La Pampa). Otra señal amistosa, fundada en la conveniencia.

• Senadores

En el Senado, la mayoría oficialista le garantiza a Kirchner un terreno propicio. Por empezar, basta recordar que en esta ala del Congreso, a pesar de las querellas propias de la pelea Duhalde versus Menem, la bancada permaneció unida. Se trata de una dinámica que excede los nombres propios: en el '99, cuando Fernando de la Rúa asumió la presidencia, el bloque que en aquel entonces capitaneaba Augusto Alasino facilitó la sanción de proyectos clave, si bien no pudo escapar del escándalo por el supuesto pago de coimas por la ley laboral. Con José Luis Gioja -que reemplazó a Alasino y continuó tras la renovación de 2001-, se evitó que las internas derivaran en fracturas, tal cual sucedió en Diputados.

Ayer, el vice del cuerpo, el salteño
Marcelo López Arias -simpatizante de Menem-Romero-, declaró a este diario: «Tenemos que dejar las pequeñeces de lado: nos guste o no, el presidente electo posee derecho a formular su política y nuestro deber es apoyarlo». Es un síntoma de que no habrá problemas en los primeros meses para Kirchner.

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