29 de octubre 2002 - 00:00

Duhalde confesó que no quiere que haya elecciones

Para casi todos los presentes fue ver la luz. «¿Cuál es la estrategia?» había preguntado Hugo Curto, el intendente de Tres de Febrero. Eduardo Duhalde le contestó: «Que no haya elecciones». «¿Internas o generales?» se interesó Eduardo Camaño. «Ninguna» cortó Duhalde. A José Pampuro casi se le salen los ojos de las órbitas, mientras Luis Barrionuevo levantaba la voz: «¿No entienden? El proyecto es Duhalde presidente hasta el 10 de diciembre y, si se puede, quedarnos más. Eso es lo que hay que planificar, Camaño, no esa asamblea». Todos miraron a Duhalde, que autorizó la posición de Barrionuevo.

Estaba todo dicho en la Casa Rosada el jueves por la tarde: el Presidente pretende encontrar una táctica institucional que le permita postergar los comicios internos del peronismo previstos para el 15 de diciembre, demorar las elecciones generales que él mismo convocó para el 30 de marzo, quedarse en el gobierno hasta el 10 de diciembre y medir, entre tanto, si él mismo no está en condiciones de postularse para gobernar por otro período. Como si hubiera participado del cónclave en el que D u h a l d e confesó esa posición, ese día el ministro de la Producción Aníbal Fernández brindó esa información al principal gerente político de Carlos Reutemann, Jorge Giorgetti, en Las Parejas, durante una visita de trabajo a Santa Fe. El gobernador de la provincia, dos días antes, dio su firma para convocar a un congreso a la medida de Duhalde, después de recibir fondos para obras públicas en su provincia. Reutemann es el autor de la frase «no me gustó lo que vi», que pronunció en julio, al salir de la Casa Rosada.

La formulación de estos objetivos se alcanzó después de que Camaño, carpeta en mano, planteara el problema que supone cumplir con la orden que Duhalde le había dado en la superficie de los hechos: que una asamblea legislativa acepte por anticipado la renuncia a ejercer la Presidencia más allá del 25 de mayo y que una ley confirme que las elecciones generales se realizarán el 30 de marzo. Fue cuando expuso sus dificultades que Camaño se encontró con la novedad de que lo que se esperaba de él era lo contrario: que estire todo lo posible cualquier definición de tal manera que el continuismo oficial resulte viable. «Dejá esos papeles porque lo que tenemos que planificar es cómo nos quedamos, no cómo nos vamos» le indicó Barrionuevo al presidente de la Cámara de Diputados, con una sonrisa. Ahora despejaba Pampuro el interrogante que se venía planteando en los últimos días: por qué su jefe había ido hasta Catamarca para festejar el 17 de octubre con el senador y sindicalista.

Duhalde pidió secreto para todo lo que se habló en ese conciliábulo. «No puede ser que todo se lo cuenten a los diarios. Ya vi publicado que Camaño va a presidir el congreso del partido, algo que habíamos acordado entre pocos y que no había por qué ventilar» mandoneó. Después dio la orden de liberar la agenda del lunes: «Me voy a dedicar a puntear los congresales de todo el país» explicó.

La operación delineada en el despacho presidencial le fue transmitida a varios gobernadores que, en principio, parecieron aceptarla. Es cierto, se trata de mandatarios que dependen mucho de los adelantos de coparticipación que les provee Roberto Lavagna para pagar los sueldos en sus administraciones. Entre ellos están Eduardo Fellner (Jujuy), Julio Miranda (Tucumán), Gildo Insfrán (Formosa), Carlos Rovira (Misiones) y Carlos Díaz (Santiago del Estero).

•Reproches

Duhalde enhebró anoche, en medio de reproches irritados para la jueza Servini de Cubría que suspendió «su» congreso, el primer eslabón de la cadena que, cree, lo mantendrá en el poder: convocó a la residencia de Olivos a varios de los que aceptarían su operación para organizar los próximos pasos. Esos «aliados» -llamémosle asíson Fellner, Miranda, Juárez y Rovira. También Barrionuevo, a quien le habrían encomendado la coordinación del grupo de senadores denominados «sin techo» (los que pertenecen a provincias no gobernadas por el PJ).

En ese cónclave se programaba, anoche, la dinámica que tendría el congreso autoconvocado hoy, cuya legalidad el menemismo amenazaba ayer con impugnar. Entre las determinaciones que se analizaban en la comida estaban la elección de Camaño como presidente de la asamblea. También la constitución de una comisión de Acción Política tendiente a desmerecer al Consejo Nacional del PJ que encabezan Carlos Menem y Rubén Marín. Sin embargo la resolución más importante que se estudiaba anoche era la de fijar la fecha de las elecciones, que unos querían para el 16 de febrero y otros para la primera quincena de enero. Aunque, como explicó uno de los participantes del encuentro a este diario, «lo importante no es precisar nada sino, al contrario, ser lo más imprecisos que podamos; todos los problemas que tuvimos hasta ahora fueron por quedar encerrados en un cronograma que ahora hay que tirar a la basura». Si a este comentario se le añaden las declaraciones de Chiche Duhalde delante de Mariano Grondona, hace dos domingos («las encuestas no consagran a ningún candidato y eso demuestra que la gente no quiere votar») debe admitirse que en los últimos días en el duhaldismo comenzó a sobrar la sinceridad.

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