Reunión del equipo de campaña de Hilda Chiche Duhalde, ayer por la tarde, en el centro de operaciones de Núñez. Alrededor de la mesa, la pareja y el resto del equipo de campaña. Números, algún optimista y también quejas: «Los empresarios se han puesto más que duros. No hay plata». Eduardo Duhalde, como de costumbre, juega a ganador. La procesión va por dentro. El tema de discusión, de nuevo, cómo salir del estancamiento en el que se encuentra la candidata.
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Cada vez que en el duhaldismo aparece este problema, se recurre a la misma solución, aunque sea provisoria. Apelar a los votos peronistas que han alimentado las postulaciones de Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá en las elecciones de 2003. Las dos fórmulas, sumadas, cosecharon 34,23% de los sufragios (el riojano 20,40% y el puntano 13,83%). En aquellos comicios Néstor Kirchner obtuvo 25,72%, curiosamente, una cifra parecida a la que ahora esperan sus padrinos de entonces, los Duhalde.
La orientación general de la campaña de Chiche fue definida hace tiempo y ayer se ratificó ese curso en el comité proselitista. No se buscará modificar el «look» de la candidata para atraer a votantes no peronistas. «Pero, entonces, ¿por qué no hacemos un gesto hacia los menemistas, que vienen naturalmente hacia nosotros?», interrogó uno de los estrategas. Duhalde volvió a ser cortante: «No, ya lo dijimos en La Plata». Hizo mención, así, a uno de los momentos de mayor tensión en la interna de este grupo de comando. Los «técnicos» del marketing -comandados por Juan José Alvarez- habían determinado que debía formularse una apelación muy amplia a los votantes del PJ. «En el resto, la clase media no peronista, no hay mucho para buscar porque la imagen negativa es muy fuerte», había dictaminado Julio Aurelio, el consultor de opinión pública del duhaldismo en estos días. Chiche escuchó el mensaje y, a pesar de su animadversión por el riojano, se había preparado para hacer un gesto favorable a sus simpatizantes. Todo había quedado acordado de esa manera.
En La Plata, como recordó Duhalde, las cosas terminaron siendo distintas. «Con Menem no voy ni a la esquina», disparó la esposa del «Negro». Instrucciones superiores, del marido. La imagen de un pacto con Menem, explotada por la Casa Rosada como la de un complot, atormenta al caudillo de Lomas de Zamora más de lo que se supone. Desapareció, convirtió a su mujer casi en una viuda política, organizó una campaña plañidera, con tal de que se lo vea como víctima, no como victimario. «Voy a dar lugar a que se diga que me trago los gobiernos, como ya insinuó ( Felipe) Solá varias veces», razonó de nuevo.
Desde La Rioja, también llegó una respuesta. Como sucedió siempre en el menemismo, la clave es el desorden. Carlos Menem recibió el lunes, en la sede partidaria del PJ provincial, «La Casa de Todos», a la lista de candidatos que pretende representarlo en exclusiva en las elecciones del 23 de octubre en el distrito bonaerense. Es el Partido Popular, que encabeza el marplatense Mario Cámara como candidato a senador. Estos peronistas reclamaron que se desautorice a otras expresiones que dicen contar con el aval de Menem, como el Frente Popular de Luis Daer. Menem lo hizo. Claro, este Daer también aduce contar con una certificación de escribanía por la cual el ex presidente le concedió el monopolio de su marca. Historias insólitas, sobre todo que le pidan a aquel por el cual darían la vida -aparentemente- una constancia notarial. Dicen que hay varias, todas contradictorias y con la misma firma. Menemismo explícito.
Lo cierto es que Cámara y los suyos regresaron de la capital riojana exultantes, sobre todo porque tomaron noticia también de que la Justicia electoral había dado de baja a la candidatura de Irma Roy, que competía con la de ellos. Ahora los esfuerzos están concentrados en preparar cuatro o cinco actos con Menem en ciudades importantes de la provincia y en concertar alguna aparición televisiva. ¿Cuántos votos puede atraer esa campaña, con las dificultades de todo tipo que enfrenta? Es lo que se preguntaba el duhaldismo anoche, a sabiendas de que lo poco o mucho que consigan estos peregrinos de La Rioja lo estarán perdiendo ellos en una competencia en la que cualquier voto se vuelve cada día más decisivo.
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