28 de mayo 2002 - 00:00

Duhalde explora otra alianza para salvar a su gobierno

Estaban satisfechos ayer los principales hombres del gobierno con el resultado de la reunión de Eduardo Duhalde con los gobernadores, en Santa Rosa. Se notaba ese clima en el vuelo de regreso, convertido el Tango 01 en una sala de situación en la que sesionó el gabinete casi en pleno: Alfredo Atanasof, Graciela Camaño, Jorge Matzkin, José Pampuro, Graciela Giannettasio, Ginés González García, Eduardo Amadeo y los senadores José Luis Gioja, Ada Maza y Antonio Cafiero, quien obligó a detener la aeronave, demorado en el aeropuerto pampeano.

La razón por la cual Duhalde y sus principales colaboradores se mostraban reconfortados es que el encuentro peronista de Santa Rosa expresó de manera bastante ajustada lo que se había planeado en la intimidad de Olivos el domingo pasado al mediodía. En esa oportunidad el Presidente almorzó con cuatro hombres que tienden a convertirse durante estos días en su escuadra principal de operación política: Atanasof, Matzkin, Luis Barrionuevo y Aníbal Fernández. En esa mesa, constituida antes de que emprendiera vuelo hacia La Pampa, se decidió el enfoque que la Casa Rosada llevaría a la mesa federal del PJ:

• En principio, Duhalde admitió delante de sus colaboradores que su amenaza de renuncia pudo haber sido correcta si se trataba de amedrentar a los radicales para que colaboren con el oficialismo en el tratamiento de la ley de «subversión económica» en Diputados. Pero esa estrategia debía ser dada de baja inmediatamente para enfrentar al peronismo, ya que volvía a exhibir un viejo defecto del Presidente: su propensión a presentarse más como una víctima que como un conductor del propio partido. Es cierto que Duhalde atravesó un momento depresivo desde su regreso de Europa, trance del que tuvieron constancia quienes lo rodean más de cerca y que impresionó a figuras menos familiares, como Roberto Lavagna (el ministro de Economía todavía está asombrado de la ciclotimia que verificó en el ánimo presidencial entre el «bajón» del viernes por la noche y el entusiasmo del sábado por la mañana). Sin embargo debería sobreponerse rápidamente a ese temperamento si no quería que se instalara en su contra la desgastante idea de una elección anticipada.

• Durante el mismo almuerzo Duhalde analizó con sus cuatro colaboradores un problema central de la física política que se instaló con su gobierno. Para acercarse al club de los gobernadores debería mostrarse más agresivo con el radicalismo. «No puede ser que en las provincias, los que estuvieron cerca del gobierno de Menem sean culpables de la crisis y los que se fueron dos años antes con De la Rúa sean tenidos como víctimas» fue la formulación más clara de esa idea. Por primera vez en esa reunión el Presidente estuvo dispuesto a modificar su alianza política fundamental y en su discurso inauguró una definición: habló de «la herencia recibida» del gobierno de Fernando de la Rúa. Si no admitió la necesidad de romper con la UCR -teme que se constituya un frente adverso que le haga inmanejable la Cámara de Diputados- por lo menos Duhalde dio instrucciones para diversificar la interlocución con ese partido. Fue después de que le demostraran cómo la asociación con Raúl Alfonsín y Leopoldo Moreau convierte en más reactivos a otros sectores del radicalismo que se expresan con fuerza en el Congreso. Concretamente, sobre 68 diputados hay 45 que responden al sector enfrentado a esos dos bonaerenses. Son legisladores que se identifican con Rafael Pascual, Enrique Nosiglia y otros dirigentes del interior del país. «Tenemos que soportar la chicana de que votaron en contra de la ley de subversión porque llevaste a Moreau de visita a Europa sin consultar con las autoridades del bloque. Es cierto, ellos siempre consultaban con nosotros a quién llevaba De la Rúa en sus viajes al exterior» explicaron Atanasof y Matzkin, hasta hace poco figuras clave del peronismo parlamentario. Por otra parte, la dispersión de los radicales tiende al infinito, tensionados desde extremos opuestos por «los gordos» (llaman así no a los sindicalistas sino a Elisa Carrió y Ricardo López Murphy). Sin ir más lejos, el jefe de Gabinete tuvo anoche otra prueba de esa falta de control cuando Alfonsín le pidió esperar al mediodía de hoy para asegurar la conducta del bloque de senadores para tratar la ley de subversión económica en la cámara. Conclusión: la relación con los radicales pasará ahora por carriles distintos de los bonaerenses. No debería olvidarse la influencia de la vieja amistad de Barrionuevo con Nosiglia y del buen trato de Atanasof con Pascual para entender este giro.

• El cambio de orientación en la relación con la UCR se extiende también a la composición de fuerzas internas en el PJ. Duhalde mantiene con Carlos Menem un conflicto prepolítico, personal. Pero en la mesa del domingo, igual que en la reunión de gobernadores de anteanoche, debió aceptar que se abra un juego en favor de acercar al ex Presidente a la política oficial, a cambio de no tenerlo en un aislamiento conspirativo que comenzó a pagar el propio gobierno. Matzkin contó en ese almuerzo íntimo que hacía una semana había mantenido una charla telefónica con el riojano y el propio Menem se comunicó varias veces con Rubén Marín para enviar un mensaje de adhesión a la cumbre de La Pampa. «El partido está muy desactivado, desmovilizado» se quejó Duhalde en Santa Rosa, pero prosperó poco su lamento: «¿Y qué más querés? ¿Qué mejor en una crisis para un gobierno que tener dormido a su partido?» le contestó un gobernador, pragmático como pocos. ¿Cumbre Menem-Duhalde? ¿Inserción de ambos en una estrategia común? No hay que esperar nada de esto; pero no deberían sorprender algunas gestiones discretas entre Olivos y Anillaco en los próximos días.

• La interpretación de fondo que presidió el almuerzo del domingo y la reunión de gobernadores en La Pampa es bastante razonable: sólo con una alianza política distinta de la actual Duhalde puede llevar adelante una orientación como la indicada en el «Documento de 14 puntos» suscripto hace un mes. Este criterio domina también a algunos radicales encumbrados, como el ministro de Defensa Horacio Jaunarena, convertido en un discreto interlocutor del Presidente. Jaunarena sería desde hace un par de semanas el receptor dentro del gabinete de una urdimbre política que incluye al cardenal Jorge Bergoglio, el jefe del Ejército Ricardo Brinzoni, dirigentes empresarios como los que se agrupan en la Asociación de Empresarios Argentinos que coordina Oscar Vicente, gobernadores peronistas y figuras políticas calificadas (la articulación de todos estos sectores la viene llevando a cabo un poeta y empresario, autor del ya clásico «Siesta Criolla»). Sobre la base de una agenda mínima, la operación pretende que Duhalde se asiente sobre una base nueva para relanzar su gobierno y evitar una crisis todavía más dramática que la que está en curso.

• Finalmente, en la cumbre de Santa Rosa se puso en evidencia una vez más cuál es la viga maestra del poder presidencial. Sencillamente, la desorientación ajena para constituir un dispositivo de reemplazo. Carlos Reutemann insinuó en la reunión que «la gente está muy enojada y tal vez tengamos que irnos todos» y José Manuel de la Sota busca una fecha electoral que le permita tentar suerte como candidato a presidente sin perder la chance de retener la provincia de Córdoba, que realiza elecciones antes de abril próximo. Como otra asamblea legislativa resulta inconcebible, el poder de Duhalde siguió siendo lo más sólido a la vista, a pesar de la falta de creatividad y de convicción que lo inspiran.

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