Eduardo Duhalde impartió una orden general dentro de su círculo: terminar cualquier polémica con el gobierno de Néstor Kirchner. Felipe Solá se sumergió en la misma corriente pacifista y le propuso a los principales intendentes del conurbano una reunión con León Arslanian para liquidar el contrapunto de acusaciones que se registró desde el fin de semana pasado. Los bonaerenses parecen haber hecho votos de obediencia y todo volvió, por lo que se ve, a disciplinarse. Sólo falta -y será difícil de recuperarel fervor con que apuntalaron a Néstor Kirchner hasta llevarlo a la Casa Rosada. Claro, un año de trajín desinfla cualquier fanatismo. Los alcaldes del conurbano decidieron indultar a Arslanian, quien los había identificado como causa y no como solución de la crisis de seguridad. Enseguida se movió Hugo Curto, experto en negociación colectiva ( además de intendente de Tres de Febrero, es sindicalista de la UOM) y le arrancó al ministro de Seguridad una fe de erratas. «El Armenio» dijo que nunca acusó indiscriminadamente. Bastó con eso. Tanto que ayer el lord mayor de Florencio Varela, Julio Pereyra, habló en su calidad de titular de la Federación de Municipios: «Nosotros no somos una corporación ni nos defendemos corporativamente. Por lo tanto, lo único que pedimos es que no se nos ataque con generalizaciones. ¿Hay situaciones irregulares? Queremos encararlas y corregirlas, caso por caso, cooperando para sanear lo que haya que sanear». Pereyra y Curto preparan el camino para la reunión con Arslanian. Se nota.
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Duhalde, por su lado, montó una cadena de solidaridad con el gobierno hablando con varios de sus ex subordinados. El primero en recibir el pedido de mesura fue Jorge Remes Lenicov, ex ministro de Economía y actual embajador ante la Comunidad Económica Europea. El hombre de Lomas llamó al economista para suplicarle que se muerda la lengua antes de defender la devaluación en términos inconvenientes,a pesar de los ataques de Néstor Kirchner. Lo mismo sucedió con quien fuera segundo de Remes, Jorge Todesca: «No hagas comentarios, tranquilicemos», le dijo Duhalde.
La prueba más elocuente -valga la paradoja-del silencio bonaerense la dio Chiche Duhalde. Pocas veces se vio a alguien argumentar con tantas razones sobre la inexistencia de una pelea. Si hasta Carlos Menem terminó convertido en víctima: ahora la señora de Duhalde alega que su defensa del riojano bien puede ser equivocada, ya que «yo no soy abogada».
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