Eduardo Duhalde se reunirá hoy con los jefes políticos de la Primera Sección Electoral (noroeste del Gran Buenos Aires) en un intento de alinearlos y manejar a su gusto la fuerza electoral que tienen los más de 13 millones de ciudadanos inscriptos en los padrones, de los cuales el peronismo se atribuye el dominio de casi la mitad, en el mejor de los casos. Repetirá los argumentos de ayer, como lo hizo con los del resto del conurbano, los de la Tercera Sección Electoral, a quienes les pidió que bajen los decibeles del enfrentamiento con Felipe Solá. Les confirmó también que las elecciones en la provincia irán desdobladas de las nacionales. Todo a cambio de movilizarse en favor de José Manuel de la Sota, a quien le hubiera gustado que fueran en la misma fecha para contar con toda la tracción de todo el peronismo.
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A las 9 de la mañana ya estaba Duhalde ayer en la quinta «Los caudillos», en Canning, de su amigo y diputado Hugo Toledo. El motivo del madrugón fue el partido de tenis que jugó a partir de las 9.30 con Baldomero «Cacho» Alvarez de Olivera, diputado provincial, ex intendente de Avellaneda y anfitrión del acto con que en esa localidad se lanzó la candidatura de De la Sota el sábado en el Gran Buenos Aires.
Aunque hubo bromas por parte de quienes iban llegando aludiendo a la falta de estado físico del Presidente -que perdió el desafío-, se pusieron serios a la hora de hablar de política. El tenis resultó sólo una excusa para distenderse. El acto del sábado en Avellaneda, con un discurso demasiado largo de De la Sota para un miniestadio de Racing colmado, mostró una tribuna flaca de adhesiones bonaerenses. Pocos jefes territoriales dispuestos a mostrarse en abierto apoyo del cordobés. Tanto que ayer desde San Clemente del Tuyú, Solá, que no tuvo problemas en posar el sábado por la mañana en La Plata con De la Sota y su esposa, Olga Riutort, salió a negar apoyos. «No explicité mi apoyo a su candidatura sino que le expresé mi simpatía personal» dijo el gobernador bonaerense, confundiendo actitudes políticas con relaciones fraternas, propias de un ámbito más doméstico.
El sábado el miniestadio de Racing, en Avellaneda, lucía colmado y con gente en la calle. Las dificultades para comprometer a la dirigencia en el apoyo a De la Sota terminó en la búsqueda de atajos para la convocatoria. El Consejo Provincial del PJ, en su reunión del miércoles pasado, decidió invitar formalmente a De la Sota para visitar el Gran Buenos Aires. Lo cual no supuso en ningún momento un acto masivo. «Puede ser una reunión con dirigentes», admitieron. A Cacho Alvarez recién se lo encomendaron, y se comprometió, el martes. De Lomas de Zamora Osvaldo Mércuri aportó más de un centenar de reclutas, más que el vecino de Lanús, el veterano intendente Manuel Quindimil, que también ordenó mover a los activistas del partido.
A De la Sota lo rodeó el dueño de casa, «Cacho» Alvarez, además de los duhaldistas José María Díaz Bancalari, Juan José Mussi,Aníbal Fernández, José Pampuro y Graciela Giannettasio. Además estuvieron Hugo Curto (Tres de Febrero), Julián Domínguez (Chacabuco), Jorge Scarone (senador por la Cuarta Sección-Arenales), Carlos Díaz y el diputado Julio Arturo Pángaro, de la Segunda. No alcanzó. Eran notorias las ausencias. De la Sota llegó acompañado de su estado mayor de campaña, que integran el titular del Senado, Juan Carlos Maqueda; el ex diputado Carlos Alessandri y el ministro de Obras Públicas de Córdoba, Carlos Caserio. De Racing salieron y se fueron todos a almorzar al restorán «La Provinciana», al lado del viejo hospital Fiorito. En ese lugar fue cuando De la Sota escuchó algunas reflexiones dirigidas a él, como que «tratá de hacer pocas promesas y hacé efectivas más realidades», casi gruñó Alvarez de Olivera, que ya está pensando en recuperar para el peronismo la intendencia municipal de Avellaneda.
En cambio la convocatoria de ayer en Canning la hacía el Presidente, no el candidato llegado de Córdoba. Y hasta el intendente mumicipal de La Matanza, Alberto Balestrini, mandó un embajador, el diputado provincial de la Tercera Angel José Aisa, excusándose de concurrir porque a la misma hora debía entrevistarse como jefe comunal con el embajador de Francia, Paul Dijoud. Eduardo Camaño (Quilmes), Mércuri (Lomas de Zamora), Alvarez de Olivera (Avellaneda), Jorge Villaverde (Almirante Brown), Julio Pereyra (Florencio Varela), Mussi (Berazategui), Néstor Juzwa (Berisso), Quindimil (Lanús), Luis Obarrio (Esteban Echeverría), A. Fernández (Quilmes), Mabel Müller y su esposo, Oscar Rodríguez (Presidente Perón). Era una Tercera Sección «completita», como la definió el dueño de casa, Toledo, mientras servían el asado en el quincho.
•Comprensivo
Fue cuando Duhalde volvió a insistir en aquietar las aguas y no embestir contra Solá. Se mostró comprensivo cuando se le hizo notar que «abajo el peronismo, en el segundo cordón, se va a dividir entre la oferta de De la Sota, Menem y Rodríquez Saá», y en menor medida por Juan Carlos Romero y Néstor Kirchner. Esta es la principal razón por la que los jefes políticos territoriales evitan pronunciarse en favor de unos u otros. Le dijeron a Duhalde que «no queremos volver a vivir lo del 9 de julio del '88, cuando a muchos nos empujaron al apoyo de Cafiero-De la Sota, y quedamos con el culo al aire» afirmó uno de ellos, recordando cuando la dupla Menem-Duhalde terminó imponiéndose.
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