«Lo vamos a aplastar, aunque eso me signifique pasar las fiestas en La Matanza. De esta elección me quiero hacer cargo yo», dijo Duhalde de Ballestrini.
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Duhalde produjo la primera baja en campo enemigo. De la reunión con dirigentes del PJ bonaerense que le son fieles, participó el diputado nacional Aníbal Stella, un hombre que hasta hace 10 días reportaba a Alberto Ballestrini, el intendente de La Matanza.
Por distintas razones, Duhalde se propuso comandar personalmente la campaña en ese distrito, el más poblado de la provincia. Entre esos motivos está su ofensa con el intendente Ballestrini, quien lo calificó de «señor feudal que está comenzando a perder». También el agravio del piquetero Luis D'Elía, amigo de Ballestrini y dirigente de la zona, quien acusó a la «mafia duhaldista» por aquella muerte de un piquetero que lo llevó a tomar una comisaría. Finalmente, Duhalde no tiene un lugarteniente para enfrentar al alcalde en su zona, sobre todo porque Alberto Pierri se retiró de la política y está enfrascado en su actividad empresarial. La red de punteros de Pierri fue heredada en La Matanza por el ex diputado Juan Carlos Píriz. • Presencias
En aquel cónclave presidido por Duhalde estuvieron todos los intendentes y dirigentes importantes del conurbano. No sólo el jefe de Avellaneda, Baldomero Alvarez de Oliveira, o el de Lomas, Jorge Rossi; también Oscar Rodríguez y Juan José Alvarez participaron de la conjura. Allí se comentó que un ministro de Néstor Kirchner había enviado un mensaje al ex presidente para que su ira no caiga sobre el intendente de La Plata, Julio Alak. El caudillo de Lomas de Zamora hizo oídos sordos a ese pedido y, cambiando de tema, comenzó a despotricar contra Ballestrini: «Lo vamos a aplastar, aunque eso me signifique pasar las fiestas en La Matanza. De esta elección me quiero hacer cargo yo», dijo Duhalde de Ballestrini. Si hace tres meses se quejaba de que yo no le di el monopolio de nuestra línea en el distrito porque también tenía la lista Raúl Mathiu». Este Mathiu, duhaldista de Smata, asentía con la cabeza, presente en la tertulia.
Después de percibir esa belicosidad, Stella decidió poner leña al fuego. Dijo que, «en realidad, el desmanejo del partido en La Matanza es enorme, no funciona, no tiene conducción». Significativa confesión de este contador que hace dos semanas echaba incienso sobre el despacho municipal de Ballestrini.
En el caso de Stella, también Solá sentirá su falta: se convirtió en diputado por la renuncia de la actual procuradora provincial María del Carmen Falbo, pero hasta asumir su banca había sido director del Banco Provincia por orden del gobernador.
• Evaluación
En Las Casuarinas, su quinta de San Vicente, donde se realizó la reunión, Duhalde sigue evaluando adhesiones y daños. Festejó, por ejemplo, que le llegara un mensaje contundente de Aníbal Fernández, el ministro del Interior, quien avisó que ésta que se abrió en Buenos Aires no es su pelea. «Para competir en 2007 por la gobernación no necesito disputar nada en 2005», mandó decir Fernández, más involucrado ahora en otras lides, como la despiadada puja empresarial por la confección de los nuevos DNI (tal vez termine en un nuevo escándalo, como el que ya tuvieron que soportar varios antecesores suyos; por lo pronto, Néstor Kirchner ya tiene un informe inquietante sobre su jefe de Policía Néstor Vallecas).
Otro mensaje cifrado que se recibió en la quinta que ocupa el caudillo de Lomas provino de La Plata. Lo raro fue el mensajero: un ministro del Poder Ejecutivo Nacional, del riñón de Néstor Kirchner, abogó porque no se le haga daño a Julio Alak. Pero Duhalde dijo que «estamos en guerra, no hay clemencia».
Se ufana el ex presidente de tener control más que mayoritario de su «feudo» (por citar a Ballestrini) y por eso revisó su estrategia electoral. «Ya no nos conviene que se deroguen las internas simultáneas y obligatorias; a ver si todavía no se presentan y no tenemos a quien ganarle», sacó pecho Duhalde, después de instruir a los suyos que no deroguen ese sistema electoral en la Legislatura de La Plata. (Ver nota aparte.)
• Boicot
Mientras tanto, llegaban noticias desde el despacho de su esposa, Chiche: «Ya estamos todos de acuerdo, ningún duhaldista irá a la comida de Felipe Solá en la residencia de La Plata».
La esposa de Duhalde tejió esa conjura para vaciar la convocatoria del gobernador. De a poco, cumple el designio de su marido, quien la quiere relanzar como figura electoral. Tanto que el pronunciamiento que lanzará el ex presidente el viernes estará acompañado de una recorrida de Chiche por los medios de comunicación, convocando a la «Lealtad», como se llama su nueva línea interna.
Tal vez antes se confirme el rumor que afirma que la semana que viene el intendente Ballestrini entrará a Las Casuarinas, por la tranquera del fondo, para hablar con Chiche.
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