24 de enero 2003 - 00:00

Duhalde mañana con Krueger con un ojo puesto en Lanús

Davos, Suiza (enviado especial) - «¿Helicóptero, jefe? Ni locos, nos bajan de un hondazo. Tendríamos que haber pedido permiso hace un año.» Con esta respuesta del encargado de su seguridad en este viaje a la cumbre de Davos, se enteró el Presidente de que tenía que subir desde Zurich en auto hasta la estación de esquí de Davos, casi tres horas y media de camino, con tramos de caracoles y con planchones de nieve. Tampoco hay combis, ese vehículo tan caro a los rituales del peronismo bonaerense, pero sí habrá caravana de autos, un recurso que levanta el ánimo de cualquier funcionario con plazo fijo para irse.

A Duhalde lo esperará un grupo de avanzada de diplomáticos y funcionarios de seguridad, prensa y protocolo que trabajó aquí en Davos las últimas 48 horas negociando para llenar la agenda del Presidente.
Con ellos, subirá hasta el hotel Belvedere, que es donde tendrá alojamiento Duhalde con su pequeña comitiva (un ministro, Ginés González García; el presidente del Banco Central, Alfonso Prat-Gay, y dos secretarios de prensa, Luis Verdi y Carlos Ben). Un lujoso hotel de comienzos de siglo que suele ocuparse con mandatarios y funcionarios, la mayoría del gobierno de los Estados Unidos (cuando estuvo en el año 2000 Bill Clinton alquiló todo un cuerpo del hotel). Aquí el Presidente participará de tres días de reuniones poco relevantes, salvo la que tendrá mañana, cuando se entreviste por primera vez en su vida con Anne Krueger, número 2 del FMI y a la que el gobierno considera el principal enemigo del país. Desde que asumió su gobierno, pero especialmente desde que ingresó a Economía Roberto Lavagna, el gobierno de Duhalde difundió la tesis de que Krueger quería que la Argentina cayera en default y que el FMI debía soltarle la mano para convertir al país en un escarmiento para las naciones réprobas en el pago de sus deudas.

El desarrollo durante el año que pasó de un debate en el FMI sobre el tratamiento de la deuda soberana, con Krueger como protagonista, dio pabilo a esta hipótesis que, como todas las que ha desarrollado Duhalde, siendo gobierno y desde el llano, se comprobó que era errónea. Hoy, cuando llegue a Davos, se estará firmado el acuerdo con el FMI en unos términos que apuran la salida del Presidente de su cargo el 25 de mayo. Con este viaje, Duhalde cumple con un tópico de todos los presidentes en la última década: pasearse por los pasillos de esta estación invernal convertida en salón VIP de empresarios y funcionarios de todo el mundo. Esta vez, la convocatoria se hace con el lema «Building Trust» («Construyendo confianza»), como una manera de plantear la necesidad que tienen los inversores de que no les pase nunca más otra vez lo que les pasó comprando acciones de Enron o títulos de la deuda argentina.

No es clara la contribución que el presidente argentino, un hombre que encuentra un especial placer en contradecirse en sus propios dichos o en actuar según lo contrario a lo que declara, pueda hacer a este debate. Pero, después de todo, aquí estuvieron Menem -fue estrella-y De la Rúa -una promesa antes de estrellarse, llegó a estar en 2000 en un cóctel que Bill Clinton reservó a siete presidentes y al escritor Paulo Coelho, figura fetiche de todos los años-. ¿Por qué no venir él también? La llegada de Duhalde a una reunión que tiene como estrella principal hoy a Lula y a varios ministros del gabinete de George Bush tiene un ingrediente que él conoce: la villa de Davos está cercada por la seguridad que quiere reprimir un megapiquetazo de los globalófobos de todo el mundo que tiene fecha para mañana.

Simultánea a la cumbre de izquierda en Porto Alegre, el organizador de esta cumbre, Klaus Schwab -presidente de la fundación del World Economic Forum-, insiste en que no hay una confrontación entre las dos reuniones.
Mitiga esa exasperación que explotan los críticos de Davos diciendo que aquí se habla de economía y allí de lo social. Agrega este extravagante personaje, que ha inventado un circo de varias pistas exitoso como pocos, que él está a favor de un control del flujo internacional de los capitales para evitar los desastres financieros. Debería estar a cargo, agrega, del Banco de Basilea, que funciona como el banco central de los bancos centrales, un sueño que de a ratos se le aparece al senador Carlos Verna cuando dormita en su banca.

• Austeridad

Duhalde justificó la ausencia de su esposa, Chiche, y de los demás ministros con que quería darle un mensaje de austeridad al viaje, algo poco razonable si se movilizó el Tango 01, que viajó ayer casi vacío. Se ahorró en hotelería, que es cara, y más cuando la paga el Estado, aunque hay un caso que se recuerda acá que mezcla el espíritu ahorrativo con la psicosis de seguridad: en el año 2000, Bill Clinton estuvo en esta cumbre pero no usó la suite presidencial del hotel Belvedere, estacionó el avión presidencial Air Force One en un pueblo cercano y lo usó como hotel para dormir lejos del mundanal ruido.

Un gasto extra ha sido el despliegue del batallón de funcionarios que instaló aquí un servicio de información permanente para tener al Presidente conectado con Buenos Aires y Washington. Duhalde estará en Davos cerca de mediodía (sale a las 9 de Zurich en auto), y a esa hora espera tener la confirmación del resultado de la reunión del board del FMI que tiene que aprobar el acuerdo con la Argentina. Ese broche lo necesita como la buena noticia que va a enmarcar la visita aquí y el provecho que puede darle en la prensa.

De Buenos Aires espera un relato minuto a minuto de lo que ocurra en el congreso del PJ de Lanús.
Sabe que cualquier traspié allí le puede arruinar los titulares de mañana y echar a un costado las buenas noticias de Davos, por caso que se encontrará con Anne Krueger para felicitarse por el acuerdo. Un cambio de último momento hizo que el Presidente diera de baja, por lo menos del primer nivel de interés de este viaje, el tema seguridad.

En el programa preliminar tenía previsto participar de una mesa sobre las amenazas del terrorismo junto a funcionarios de países latinoamericanos. Allí, Duhalde pensaba hacer proselitismo con el informe de la SIDE sobre el ataque a la AMIA de 1994 que le preparó Miguel Toma. Ese escrito que el espía mayor le entregó personalmente al Presidente y al juez Galeano confirma -como se sabe-la implicación del gobierno de Irán y de la organización Hizbollah en ese abominable atentado pero no aporta más datos sobre la llamada conexión local. Esto último no ha conformado a los críticos de la investigación.

Ya con tener que defender la Argentina de la devaluación y del default basta como para agregar otro tema. Parte de esa exposición sobre seguridad consistía en el anuncio de algo que el gobierno tiene guardado bajo siete llaves, el proyecto de nueva ley de terrorismo que mandará en las próximas horas al Congreso. Esa norma está siendo estudiada desde hace un año y aporta una adaptación de la legislación criolla a los tratados internacionales y a las leyes que ha sancionado el gobierno de George Bush. Lo principal de ese proyecto será tema de debate porque instaura el federal como fuero de atracción de cualquier acto de presunta vinculación con actividades terroristas; vincula los actos terroristas con la figura de asociación ilícita, un punto debatido por quienes creen que no puede penarse la pertenencia a una organización sino los actos efectivamente cometidos; se les da un gran poder a los fiscales en la instrucción de las causas por presunto terrorismo y crea las figuras -para este tipo de delitos-del testigo de identidad reservada, el testigo encubierto y el arrepentido.

Dejá tu comentario

Te puede interesar