26 de abril 2005 - 00:00

Duhalde también lo cedió a Díaz Bancalari para frenar a Kirchner

Eduardo Camaño
Eduardo Camaño
Ya existe un acuerdo tácito aunque ninguna de las partes lo reconozca públicamente: Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner se repartirán el poder real dentro de la Cámara de Diputados y en ese trajín la conformación de ese cuerpo volverá a su estatus histórico. Es decir, la presidencia de la Cámara quedará en manos bonaerenses -como ocurrió con todos los gobiernos a excepción del de Fernando de la Rúa, que puso allí a Rafael Pascual- y la jefatura del bloque peronista -en este caso- para otra provincia que designe el Presidente de la Nación. Así fue siempre. Así se distribuyeron los cargos prácticamente en todos los gobiernos constitucionales lo que le da a la pretensión kirchnerista cierta base de razonabilidad. Y es uno de los indicadores más claros del terreno que ya lleva ganado la Casa Rosada en la batalla bonaerense.

Un acuerdo de paz entre duhaldistas y kirchneristas que garantice la continuidad normal de funcionamiento del Congreso en medio de un año electoral sólo podía ser conseguido mediante un repliegue del duhaldismo a sus posiciones de base en territorio bonaerense, desde donde atacarán casi con exclusividad a Felipe Solá. Algunos razonamientos permiten entrever que, en algún momento, la pretensión del oficialismo iba más allá de pretender uno de los dos cargos, ahora morigerado por la responsabilidad que da la cercanía con el poder: «Pensamos que el duhaldismo no puede tener las dos cosas. A veces en el combate hay que ser implacable, pero en la victoria generoso. Ellos nos acompañaron cuando se inició el gobierno. No sé lo que vendrá. Pero todo depende de lo que vaya definiendo el Presidente. Encuadraremos al bloque en lo que decida estratégicamente Kirchner», precisaba ayer el rionegrino Osvaldo Nemirovsci.

La asimilación de Cristina Kirchner como candidata a senadora por la provincia por parte de los seguidores de Duhalde fue el antecedente directo de una paz más duradera en Diputados.

• Respuesta

Las confirmaciones en el kirchnerismo son muchas: «Va a haber que encontrar una respuesta equilibrada, el PJ bonaerense tiene que elegir entre alguna de las presidencias. No se ha dado en la historia que tengan los dos cargos. Uno de los dos lugares tendrán que dejarlo para el kirchnerismo. La presidencia de la Cámara, con Juan Carlos Pugliese, Alberto Pierri y Camaño siempre quedó en manos bonaerenses», se repite en el Congreso.

Si bien se deben reconocer los esfuerzos de José María Díaz Bancalari y Eduardo Camaño para mantener la interna peronista fuera del bloque -algo que han conseguido con bastante éxito, habida cuenta la dimensión de la contienda- la situación dentro del bloque PJ mantiene una peligrosa inestabilidad.

Para despejar cualquier resquemor futuro desde ambos bandos -
Kirchner y Duhalde- se han dado suficientes señales de que la estructura dentro de Diputados cambiará en diciembre. Dos eran las posibilidades. El kirchnerismo ya había pretendido en diciembre del año pasado hacerse de la presidencia de Diputados, de hecho el santacruceño Eduardo Arnold había comenzado a probarse ese traje en medio de un triunfalismo kirchnerista que subestimó el poder de maniobra de Camaño y su facilidad para hacerse imprescindible a la hora de formar el quórum. Esa cualidad no sólo le salvó el cargo en ese momento, sino que fue monitoreada con éxito durante todo el año desde la Casa de Gobierno.

Otra opción es la presidencia del bloque peronista.
Díaz Bancalari le ha prestado también servicios invaluables a Kirchner a pesar de venir del más puro duhaldismo, al punto de quedar parado hoy en una posición más que incómoda. Si bien su manejo de las crisis internas ha sido elogiado por duhaldistas y kirchneristas, no puede decirse hoy que la bancada peronista sea un modelo de buen funcionamiento. Pagó el costo Díaz Bancalari de un Congreso desmovilizado, sin incentivos, demasiado obediente del Ejecutivo -como él mismo también impulsó- y de un kirchnerismo que ya ve más que duplicado su caudal de diputados en las próximas elecciones.Resultado: un bloque mermado en la participación que sigue defendiendo la unidad pero cada día con más problemas.

Tiene además en contra -ante el futuro reparto de poder- el dato ya consignado: ese cargo nunca fue detentado por los bonaerenses, y menos al mismo tiempo que la conducción de la Cámara.

Y la muestra más clara de por dónde pasará el cuchillo kirchnerista es que el sillón de
Díaz Bancalari es el que tiene más nombres apostados en la sucesión. Ya existen tres variantes en la Casa Rosada para el puesto: Carlos Kunkel, Daniel Varizat e incluso Nemirovsci.

Cualquiera de los tres tiene un perfil bien distintivo:
Varizat aparece más cercano a la intimidad presidencial, Nemirovsci podría ubicarse dentro de los «gurcas» de su sector por la vehemencia y Kunkel resume una posición más cerrada. En general, los dos primeros tienen, además, buen diálogo con el duhaldismo y el delasotismo.

De hecho,
Nemirovsci mantuvo una reunión con Camaño y Díaz Bancalari la semana pasada para quitarle dramatismo a la interna, dejando claro que la pelea de fondo por el control de Diputados será entre diciembre y febrero. No resultó una sorpresa el dato que los kirchneristas se sienten a discutir poder en la Cámara de Diputados con el duhaldismo, algo impensable hace meses.

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