9 de julio 2003 - 00:00

Duhalde visitó a Kirchner como nuevo abogado del PJ

Almorzaron juntos ayer Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde. Fue un encuentro afable, en el que el ex presidente elogió el tramo inicial de gestión de su sucesor. Alguna preocupación por las dificultades de la economía para despegar y por las exigencias del Fondo, pero nada de sombras en la charla. Eso sí, hubo pequeñas disidencias respecto del trato con el PJ, sobre todo en Misiones, donde Duhalde apoya a Puerta y Kirchner a Rovira. Ni una palabra sobre la pelea porteña. Casi ni hizo falta: por la tarde el PJ bonaerense apoyó oficialmente a Macri. En síntesis, Duhalde estrenó su rol: abogado del PJ ante el gobierno y, por ahora, viceversa.

Al cabo de sus discretas vacaciones europeas, Eduardo Duhalde encontró el lugar que pretende ocupar durante el primer tramo de la gestión de Néstor Kirchner. Como siempre, su imaginación política está referida a algún líder de la guardia vieja, que en su momento fue Oscar Alende y ahora es Raúl Alfonsín. Como Alfonsín había soñado en los albores del gobierno de la Alianza, Duhalde aspira a ser el representante del partido ante el gobierno y el del gobierno frente al partido. Era lo que le hubiera gustado ser al viejo radical de Chascomús si las cosas hubieran funcionado mejor en aquellos tiempos en que De la Rúa debía conciliar las necesidades del gobierno con las de aquel Grupo de los 5 en el que se mezclaban radicales y frepasistas.

Ayer Duhalde comenzó a ensayar los primeros ademanes en busca de ese rol. El primero en advertirlo fue Kirchner: los dos almorzaron ayer a solas y los únicos temas que se repasaron durante la charla fueron políticos, ligados sobre todo a la interna del peronismo y su ordenamiento.

• Imagen externa

Es cierto que el ex presidente habló con su sucesor sobre la imagen externa del gobierno en el primer tramo de gestión. El dueño de casa sólo recibió elogios sobre la cobertura de la prensa extranjera y la orientación de sus medidas. Era previsible, ya que Duhalde se informó bien antes de ir al encuentro de la refracción de Kirchner a las objeciones durante estas semanas. Hubo también una mención a las dificultades que presenta la economía para reactivarse y una alusión a las exigencias del Fondo Monetario Internacional para que se selle un acuerdo. Pero fueron frases sueltas, nada que no puedan hablar dos lectores de diarios medianamente preocupados por la suerte del país durante un almuerzo cualquiera.

En cambio, Duhalde fue más minucioso en el examen de las tensiones entre el PJ y el gobierno. Tiene sentido esa aplicación: respetuoso del manejo administrativo de su heredero, el jefe bonaerense no está dispuesto a resignar su liderazgo político sobre un peronismo que, aún en las franjas donde nunca se lo apreció, hoy lo encuentra como un centro de equilibrio.

La primera preocupación manifestada por Duhalde en la mesa de Kirchner fue la conveniencia de ubicar al peronismo como eje de cualquier alianza en los distritos en los que habrá elecciones durante el resto del año. Con esta fórmula quiso expresar, más crudamente, un veto a cualquier estrategia que signifique apoyar a candidatos extrapartidarios u opositores del PJ. No se mencionó el caso de la Capital Federal, en el que Duhalde ha decidido no participar abiertamente, por más que sea el que de modo más ostensible presenta al gobierno enfrentado al PJ y a éste como ala secundaria de la candidatura de Mauricio Macri. Pero si Kirchner quería conocer cuál es la postura de su invitado del mediodía, le bastó informarse por la tarde de la resolución unánime que había emitido el PJ bonaerense a través de su Consejo: apoyo explícito a la candidatura de Macri.

En cambio, Duhalde sí se preocupó por transmitir su inclinación en favor de Ramón Puerta en Misiones. Consiguió poco, mucho menos que lo que esperaba (había soñado con armar un encuentro entre el senador y Kirchner), ya que el Presidente le confesó su preferencia por el gobernador Carlos Rovira, en cuya lista de diputados figuran los kirchneristas de la provincia.

• Contemporizador

No se intranquilizó el hombre de Lomas de Zamora durante la charla. Encontró a Kirchner muy contemporizador con el PJ, sobre todo por la preeminencia de ese partido en el Congreso en un momento en que el Fondo reclama algunas medidas legislativas. Por eso Duhalde se animó a avanzar un poco y le contó a su reemplazante su intención de impulsar un «movimiento productivo».

La idea de combinar intereses empresariales y sindicales en un mismo discurso socioeconómico proteccionista es tradicional en Duhalde. Ahora quiere darle un formato político y para eso piensa hablar con sus principales interlocutores en los dos campos. Son los de siempre: Oscar Vicente y Héctor Massuh entre los hombres de negocios y Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y Carlos West Ocampo entre los dirigentes gremiales. A Kirchner le pareció bien, por más que siga aislando a los empresarios y a los sindicalistas tradicionales de su gobierno (en el caso de estos últimos hasta se insinúan algunas embestidas: ¿qué rol le asigna la Casa Rosada al kirchnerista de La Matanza Julio Ledesma dentro del sindicato de Armando Cavalieri?).

Duhalde adelantó que marchará hacia Pinamar y que seguirá descansando. «Parece mentira pero el viaje me agotó», reflexionó, mientras se tocaba el labio inferior con el dedo mayor de la mano derecha. Sólo pareció inquietarlo el curso que tomó la política de Seguridad de Felipe Solá pero tampoco cargó las tintas. Kirchner quedó satisfecho y es lógico: todavía es demasiado temprano para que el «movimiento productivo» que organiza Duhalde se convierta en una usina de demandas administradas desde Lomas de Zamora.

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