Fernando de la Rúa y Carlos Ruckauf dejaron al descubierto ayer que son dos líderes políticos a los cuales sus partidos, en el mejor de los casos, no se subordinan. Y, a veces, da la impresión de que los enfrentan. Este es el corazón de la crisis que se desató alrededor del ajuste fiscal que se pretende convalidar en el Congreso de la Nación y en la Legislatura bonaerense. Sin embargo, el distanciamiento entre De la Rúa y la estructura de la UCR y el de Ruckauf con el PJ tienen matices, peculiaridades. Al primer cortocircuito conviene explicarlo por lo que sucedió y al segundo, por lo que sucederá. En ambos casos los odios se entrelazan y el Presidente y el gobernador se vieron obligados por eso a una solidaridad mutua que los incomoda y, acaso, los sorprende.
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Cuando De la Rúa decidió abrazarse a la propuesta que le hizo Domingo Cavallo para abrazarse al «déficit cero» abrió un proceso de disidencias que tendría su mejor playa de maniobras en el Congreso. Esto era obvio para casi cualquier observador, salvo los que llevaban adelante las negociaciones, que se sorprendían hasta el martes si alguien les preguntaba qué destino tendría el decreto de racionalización en el Parlamento. El radicalismo y el Frepaso hicieron notar en la Cámara de Diputados el efecto que tuvo la negativa de De la Rúa de no incorporar al esquema de ajuste fiscal la propuesta que se le envió desde los partidos, con el aval de Raúl Alfonsín, Aníbal Ibarra y Darío Alessandro. Se pusieron un sólo límite: no voltear el decreto pero modificarlo de tal manera que Cavallo se sienta llevado hasta las puertas del gobierno.
Hasta aquí el movimiento del radicalismo y el Frepaso estaba, como dirían los antiguos, «en la naturaleza de las cosas». Lo que no calculaban en Olivos ni en La Plata es que el sector más opositor al ajuste, encabezado por Leopoldo Moreau y Federico Storani, terminaría oponiéndose también a la racionalización que Ruckauf estableció por decreto en la provincia. Storani y Moreau tienen cuentas pendientes con el gobernador, en quien no reconocen un interlocutor tan aceptable como lo fue Duhalde en su momento. Pero su verdadero blanco es De la Rúa: su disidencia actual está inspirada en gran medida en los esfuerzos realizados por el Presidente y sus allegados para que en la interna radical bonaerense se impusieran Ricardo Alfonsín y Melchor Posse. En este punto comienza la otra historia, la de los peronistas.
El gobernador de Buenos Aires advirtió temprano que tampoco Eduardo Duhalde se solidarizaría del todo con sus urgencias. Como De la Rúa con Alfonsín, Moreau, Storani y casi todo el bloque de la Alianza en diputados, Ruckauf tampoco se sorprendió con la conducta del PJ de su distrito. Ya en la confección de las listas que competirán en octubre Duhalde le demostró que no lo considera un par. Ayer desde el duhaldismo se agitó a la liga de intendentes, algunos de cuyos miembros se reunieron con Jorge Sarghini, el ministro de Economía de la provincia. Los alcaldes, seguidores acérrimos del ex gobernador, le aclararon al delegado de Ruckauf que «no pensamos hacer ningún otro recorte». Como la conversación fue subiendo de temperatura, sencillamente le pidieron a Sarghini que abandone el lugar de reunión. Así lo hizo.
En la superficie, no se podrá achacar a Duhalde falta de colaboración. En las horas más dramáticas se comunicó con Moreau y con Storani y repasó sus contactos con el Frepaso, sobre todo hablando con Juan Pablo Cafiero. A todos les pidió colaboración pero con la condición de que el recorte no pase por salarios o jubilaciones inferiores a $ 1.000. Como los radicales bonaerenses con De la Rúa, él también buscó una configuración política en la que el Presidente y el gobernador aparecieran con un decreto de ajuste en la mano, recortados del resto de la dirigencia política.
Ruckauf procuró sentar una interpretación del fenómeno que no rozara a Duhalde -estoico hasta el martirio, en ningún momento señala que la racionalización que está obligado a realizar se debe al estado de cosas que le dejó su antecesor-y se encargó de culpar a la Alianza por el bloqueo: «De la Rúa nos pide un esfuerzo y el partido de De la Rúa lo impide y termina poniendo a la provincia en cesación de pagos».
Vidas paralelas
Acaso el gobernador no esperaba, al interponer ese hábil argumento, que Moreau estaría a punto de aceptárselo. El senador se cansó de repetir que, efectivamente, «el radicalismo bonaerense no acompañará el tipo de ajuste que propuso Cavallo con el aval de De la Rúa» y que «si Ruckauf quiere racionalizar, que haga una verdadera reforma del Estado, reduciendo gastos de publicidad, ministerios, etc.».
Las «vidas paralelas» del Presidente y el gobernador en cada laberinto partidario se extienden hasta aquí. El temor a que se desbarranque una situación sumamente lábil y la intervención de más de un interesado (desde Alfonsín a Chrystian Colombo, desde Horacio Jaunarena a Juan Manuel Casella y Juan Pablo Cafiero) permitieron que se alcanzara un acuerdo mínimo entre Moreau y Duhalde: los radicales y frepasistas de la provincia facilitarían el número para que la Legislatura apruebe un ajuste que no pase por sueldos inferiores a $ 1.000 y que no toque las jubilaciones. En el Congreso los peronistas bonaerenses harían lo mismo. Si este pacto no se había llevado a la práctica fue porque hasta la noche de ayer no existía coindidencia entre los diputados de la Alianza y el Ministerio de Economía para detectar de dónde saldrían los recursos para ese tipo de ajuste (los radicales más lejanos a Cavallo proponían la suba de aportes patronales a las empresas privatizadas y la absorcion de 25% de la comisión que cobran las AFJP). El pacto PJ-UCR, negociado básicamente por Duhalde y Moreau, funcionó desde la tarde pero se mantuvo en estado latente hasta anoche, en medio de un ir y venir enloquecido de proyectos alternativos. En la estrategia de los radicales bonaerenses -más que en la de Duhalde-el acuerdo tiene un dispositivo no explícito que es llevar, por la vía de condiciones inaceptables, a la renuncia del ministro de Economía. Posiblemente no la consigan pero anoche se extendía la sensación de que De la Rúa estaba dispuesto a homenajear a sus correligionarios del Congreso con un conjunto de concesiones que, sin renunciar al déficit cero, permitieran un acuerdo legislativo con el propio oficialismo.
La vista no alcanza para distinguir, como sospechan algunos, si existe un pacto adicional, no escrito, entre el radicalismo bonaerense y Duhalde, tendiente a llevar las cosas hasta el borde de la devaluación (tanto Moreau como Duhalde creen, íntimamente, que es la única salida a la crisis económica que sufre la Argentina) para, en ese punto, realizar un desembarco que, colocando al peronista en la jefatura de Gabinete, permita ensayar desde allí una nueva alianza.
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