Llantos y euforia, por igual, pueblan los pasillos del Congreso desde la semana pasada. Mientras el kirchnerismo dio por terminada una victoria frente al duhaldismo en el juego de presiones de la interna bonaerense -anunciando una lista única con preminencia de la Casa Rosada-, los duhaldistas arrancarán hoy el camino para tratar de ubicar el segundo candidato a senador por la provincia de Buenos Aires, detrás de Cristina Kirchner. Esa estrategia, ahora defensiva, fue armada ante lo que creen inevitable, y por lo tanto, abundarán las chicanas políticas.
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Los diputados duhaldistas bonaerenses tendrán un primer encuentro para hablar del tema durante un almuerzo que organizan para mañana, y hoy por la noche, el PJ bonaerense se reunirá con las mismas intenciones en la sede partidaria de Avenida de Mayo.
Dentro de las elucubraciones de los duhaldistas que pugnan por salvar su espacio político dentro de un esquema provincial compartido con el kirchnerismo, hay razonamientos de todo tipo:
• La mayoría prefiere aceptar -por lo menos, así lo dice para salvar el honor- la candidatura de Cristina K, pero manteniendo a toda máquina la pelea con Felipe Solá y ensayando condiciones. «Los duhaldistas no tendríamos problemas en que Cristina sea senadora, pero tendría que ir acompañada de alguien que garantice la discusión para que la provincia recupere lo que perdió en la coparticipación desde que Armendáriz la entregó al gobierno de Raúl Alfonsín», definía Casesse.
Otros diputados son menos razonables con el kirchnerismo. Por ejemplo, se llegó a bromear el viernes con que Daniel «Chicho» Basile secunde a Cristina K en las listas, una chicana imposible de digerir por el kirchnerismo. El propio Presidente definió ya los innombrables del duhaldismo para integrar la lista bonaerense: el propio Basile -al que el gobierno no le perdona el haber presentado un proyecto para permitir que se reabra el canje de deuda, una marcha atrás de la ley cerrojo que Kirchner defendió a rajatabla en Alemania-, Carlos Ruckauf -que también es vetado por 90% del propio duhaldismo- y dos hombres de Ruckauf en el Congreso: Jorge Casanovas y Ricardo Rapetti.
• El clima de euforia que exhiben hoy los kirchneristas fue pocas veces visto en una interna. Pero claramente demuestran no estar interesados, todavía, en complicar el panorama político o, por lo menos, ésas son las órdenes que recibieron. Si bien sueñan con duplicar los actuales 30 diputados kirchneristas en diciembre, se comenzó a insistir este fin de semana con la idea de no complicar el equilibrio de poder en el Congreso. En otra variante del teorema de Baglini, el rionegrino Osvaldo Nemirovsci les puso freno a las especulaciones de poder: «No vamos a tratar ninguna locura. Queremos equilibrar. Así como ellos tuvieron respeto y equilibrio y acompañaron al gobierno, nosotros vamos a mostrar respeto y equilibrio el año que viene. No tenemos problemas ni con Díaz Bancalari ni con Eduardo Camaño», decía en relación con el duhaldismo. Es un cambio total en las posiciones que mostraban los duhaldistas hace sólo un mes, cuando exigían la presidencia del bloque o de la Cámara.
• Algunos de esos kirchneristas, como Nemirovsci, tuvieron entrenamiento intensivo durante la gira presidencial a Alemania. En gesto inusual para él, Kirchner cenó en cuatro ocasiones con el «ala política» de la delegación: Miguel Pichetto, Carlos Reutemann, Díaz Bancalari, Osvaldo Nemirovsci, Carlos Zannini y Eduardo Fellner. En todas esas cenas, Kirchner repitió un chiste que en ningún momento fue rechazado por el jefe de la bancada peronista de Diputados: «Entregate, Díaz Bancalari, rendite», le decía el Presidente. En sus razonamientos, Kirchner les explicaba: «Duhalde va a terminar entendiendo» -cuando, en realidad, Kirchner ya sabía que Duhalde había «entendido» el camino por seguir en la interna bonaerense-. «El tiene una mirada más grande que el hecho de defender listas provinciales.» Cristina Kirchner estuvo presente en tres de esos encuentros nocturnos y, sistemáticamente, se negó a hablar de su candidatura frente a los presentes, mientras su marido, notablemente distendido con el tema, repetía: «La candidata es Cristina y de eso no se habla más».
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