10 de enero 2001 - 00:00

Duhaldistas buscan asegurar pacto con Ruckauf para la elección 2003

Los dirigentes de la Alianza y del PJ aprovechan el verano para adelantar el debate de las candidaturas para las elecciones legislativas de este año. En la provincia de Bs. As. la alianza Duhalde-Ruckauf debe resistir ya los ataques de adentro y de afuera. Chacho Alvarez, para los aliancistas, se convirtió también en el centro de presiones de sus socios en Capital y Buenos Aires para que se suba a alguna candidatura. Federico Storani le pidió que vaya por Capital; Graciela Fernández Meijide expresó el sueño de que compitiese por la provincia, aunque admitió que no tiene los papeles en orden.

El duhaldismo está preparando una maniobra para amañar la suerte de su jefe a la Carlos Ruckauf de aquí al 2003. Los seguidores de Eduardo Duhalde pretenden frenar los intentos de un sector del oficialismo bonaerense por desligarse del cacique de Lomas de Zamora, después de los comicios de octubre. En ese sentido, preparan un acto de «unidad» forzosa en Mar del Plata para el mes que viene.

Los diputados que se reportan en San Vicente, Eduardo Camaño, José María Díaz Bancalari y Pablo Fontdevila, almorzaron anteayer en un tenedor libre cercano al Congreso. Entre una excursión y otra a los mostradores para servirse comida, avanzaron en la táctica comunitaria con el gobernador, con quien mantienen una buena relación.

Los comensales no conciben que el ruckaufismo se separe de Duhalde e imaginan un prematuro lanzamiento conjunto de la candidatura presidencial de

Ruckauf y del regreso de su predecesor a La Plata el segundo fin de semana de febrero, en Mar del Plata. Obviamente, servirá -antes que nada-como catapulta de la inminente postulación senatorial de Duhalde, paso previo a la vuelta al Ejecutivo en el siguiente turno electoral.

Camaño
y compañía llegaron a la conclusión, antes de abalanzarse sobre la mesa de postres, de que esa fecha será más que propicia para una foto de ambos frente un auditorio atraído por la temporada veraniega. El peronismo bonaerense en pleno estará reunido en la playa, en ocasión del Congreso partidario que convocó Duhalde para el viernes 9. El único temor que tiene es que Antonio Cafiero se ponga insoportable, clamando por un lugar en las listas.

Conscientes de que el sector liderado por Federico Scarabino (actual ministro de la Producción) ya inició un «operativo despegue» durante un encuentro en Villa Gesell, los duhaldistas planean ahora contrarrestar la jugada con un «approach» hacia las parcelas más conciliadoras del gobierno provincial, lideradas por Julián Domínguez y Raúl Othacehé, responsables de las carteras de Obras Públicas y de Gobierno. Osvaldo Mércuri quedó desplazado de las charlas de primer nivel, muy desgastado por las denuncias sobre manejos non sanctos en la Legislatura.

El ex intendente de Quilmes es consciente de que, para los comicios parlamentarios de octubre, no habrá chances de tomar distancias, sobre todo porque Duhalde aparece bien posicionado en las encuestas que conservan el rango de verdad revelada, a ojos de los dómines del distrito. Scarabino considera que el lastre de perdedor de Duhalde y su pésima relación con Carlos Menem poco pueden contribuir a las pretensiones de Ruckauf de escalar la Rosada, en 2 años más.

Es cierto que, por el momento, el manejo discrecional que dispone el ex gobernador del aparato del PJ resulta el argumento más convincente para contener a los rupturistas. Ruckauf todavía no pudo contrarrestar el control que ejerce Duhalde sobre las estructuras partidarias.

Rebelión

Esa situación, precisamente, genera otro frente de tormentas, aunque menos espectacular. De manera subterránea, el menemismo alienta una rebelión de «punteros» del conurbano y del interior de la provincia, muy disconformes con la actitud de patrón de estancias de Duhalde. Los caciques «chicos» sienten que ha habido un abuso en los últimos años: desde poner candidatos «tapón» -el mismo ex mandatario lo hizo en varias oportunidades al autodesignarse cabeza de lista de diputados nacionales-que en el medio de la campaña cedían el puesto a otro, hasta determinar el cupo femenino por sorteo, según prometió el jefe del justicialismo para los próximos comicios.

Los disconformes pergeñan un virtual golpe de Estado doméstico, consistente en votar en la general sólo a los candidatos locales (concejales y consejeros vecinales) y abstenerse de acompañar a las listas
«mayores» destinadas a renovar el Congreso.

Esta variante -todavía discutida en las sombras-podría motorizarse de manera espontánea con un corte de papeletas o, premeditadamente, con la emisión de boletas diferentes para los distritos y la provincia.

La Alianza, ya al tanto de la movida, sería la principal beneficiaria.
No sólo por una cuestión numérica (pondría en riesgo lo que, en los sondeos, aparece como una victoria duhaldista en el derrotero hacia la senaduría) sino también por el efecto de marketing.

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