21 de abril 2006 - 00:00

EE.UU. advierte por más populismo

El diario «The New York Times» publicó ayer un extenso artículo titulado «El cambio populista en América latina», en el que analizó la crisis de los partidos tradicionales y el surgimiento de líderes emergentes en el continente, incluido el caso argentino. Firmado por el periodista Juan Forero desde Lima, donde tuvo lugar el último capítulo de la oleada populista con la victoria en la primera vuelta de Ollanta Humala, la nota repasa los riesgos de los nuevos movimientos «que podrían debilitar aun más a países de por sí inestables». A continuación, los tramos principales de la nota.

De Venezuela a la Argentina, muchos de los partidos tradicionales que construyeron dinastías con clientelismo y firmeza -pero también ofrecían estabilidad, ideología definida y funcionarios con experiencia para gobernarse están desintegrando.

Desilusionados por la corrupción y el fracaso en la distribución de la riqueza, los votantes son cautivados cada vez más por movimientos nuevos y mayormente izquierdistas, que prometen redistribuir el bienestar, castigando a los partidos tradicionales y dando vuelta por completo los sistemas políticos.

El alzamiento ha venido a medida que los latinoamericanos crecieron frustrados con recetas económicas respaldadas por Washington, que apoyaron el libre comercio y las privatizaciones. Los nuevos líderes y los movimientos que ellos traen al poder, sin embargo, amenazan con crear una oferta política que podría debilitar aun más a países de por sí inestables.

«Hay una crisis en el sistema político de América latina que va atada a la crisis económica», indicó Iván Hinojosa, analista político de la Universidad Católica de Lima. «Algunos partidos se recuperan, pero muchos no, y en su lugar, usted tiene todos estos nuevos movimientos imprevisibles

En la reciente elección presidencial de Perú, los votantes dieron la primera minoría a Ollanta Humala, cuyo partido nacionalista había sido creado recién hace un año. Humala, de 43 años, dijo que los votantes buscaban «no ya un nuevo mensaje sino un nuevo mensajero». «Estas personas son los mismos candidatos desde hace veinte o treinta años», respondió en una entrevista acerca de los políticos tradicionales.

El cambio es visto tan al Sur como en la Argentina, donde uno de los dos partidos que gobernaban desde hace tiempo, la Unión Cívica Radical, ha quedado al margen del poder desde que su líder, Fernando de la Rúa, renunciara a la Presidencia mientras la economía se derrumbaba.

En Venezuela, Acción Democrática y Copei, dos partidos que se dividieron el despojo de una economía productora de petróleo durante 40 años, quedaron tan debilitados por la presidencia de siete años de Hugo Chávez, que se retiraron de elecciones parlamentarias en diciembre y perdieron toda la representaciónen la Asamblea Nacionalde 167 escaños.

Pero es en los cinco países andinos donde los partidos tradicionales han sido más abofeteados, y donde las alternativas han sido más impredecibles.

A través de América latina, el tumulto político ha ganado ímpetu con la introducción de la descentralización, que desde los años 90 permitió a los votantes de varios países elegir a sus propio alcaldes y gobernantes locales por primera vez. Medios de comunicación son cada vez más agresivos y, a veces, independientes también prodigaron mucho desprecio sobre los viejos partidos, a la vez que daban visibilidad a los nuevos movimientos.

Chris Sabatini, director jefe de la sección política del Consejo de las Américas, evaluó que el cambio político dio voz a regiones ignoradas por largo tiempo, e hizo que temas como las escuelas, el delito y la obra pública fueran cruciales en las elecciones locales.

«No debemos tener una visión romántica de los viejos partidos», explicó

Sabatini. «No eran democráticos, y fueron clientelistas.

Estuvieron vinculados a la vieja élite económica, y simplemente no estaban dispuestos a adaptarse».

Pero los nuevos movimientos carecen a menudo de cohesión y de la dirección que tenían los partidos tradicionales y, en muchos casos, tampoco tienen ideología.

Algunos movimientos, como el de la Quinta República de Chávez en Venezuela o el partido U de Uribe en Colombia, son sostenidos por un culto a la personalidad construido alrededor de sus líderes. Muchos carecen de tecnócratas capaces que tenían los partidos tradicionales para llenar los puestos cruciales del gobierno.

Por otra parte, a veces los nuevos movimientos aparecen y desaparecen tan rápidamente que los votantes nunca pueden desentrañar realmente qué les están ofreciendo.

En Perú ahora hay 36 partidos, uno por cada 450.000 votantes, y sólo seis de ellos tienen más de una década, sostuvo Rafael Roncagliolo, que estudia los partidos políticos para el Instituto para la Democracia y la Asistencia Electoral de Lima. «No tienen doctrina para sostener su plan de gobierno», indicó Gastón Acurio, de 75 años, ex senador y miembro de Acción Popular desde 1956.

Dejá tu comentario

Te puede interesar