23 de junio 2003 - 00:00

Eje Kirchner-Solá duró apenas un mes de gestión

La sintonía entre Néstor Kirchner y Felipe Solá ingresó también en zona minada. Ese eje de poder, en algún momento un mecanismo útil a los dos para tomar distancia de Eduardo Duhald e, comenzó a registrar la última semana un veloz proceso de pulverizació n.

La recepción que Solá le hizo el martes a Mauricio Macri en La Plata, simulacro de cumbre protocolar que implicó un gesto de respaldo al presidente de Boca, es sólo un eslabón de la cadena de factores de tensión que recientemente asomaron en el vínculo Kirchner-Solá (ver nota vinculada).

Al margen de la sintonía que el bonaerense alcanzó con Macr i, a quien se arrimó por intermedio del «Grupo Plaza» -una delegación de felipistas que vía Jorge Argüello empujan al empresario- Solá viene acumulando quejas contra Ibarr a.

Enfureció a un Solá sensible al pulso mediático un detalle de calendario: Ibarra fijó el ballottage porteño para el 14 de setiembre, do mingo en que se vota para gobernador en Buenos Aires. Ese ensamble de fechas, le quita protagonismo porque deberá compartir la marquesina del triunfo -si es que gana- con quien sea electo jefe de Gobierno de la Ciudad.

Hay otro punto, ligado a la conveniencia. Solá, a partir de los sondeos que le alcanzan, entiende que la cercanía con Macri es más redituable en votos que una foto con Ibarra. «Si en la elección porteña votara parte del conurbano, Macri arrasa», aseguran en La Plata.

Pero esa tensión tiene además otro origen. Por actitud política parecen destinados a chocar. El personalismo de ambos y la necesidad de mostrarse independientes y dueños del poder que ostentan -los dos están en deuda con Duhalde- impidió por ahora una sociedad duradera.

Como registro fresco queda el maltrato que
Solá aplicó a Kirchner semanas antes de la presidencial: por entonces lo castigó por hacer campaña presidencial con los recursos que dejaba de recibir Buenos Aires y hacía de Santa Cruz una provincia rica.

• Marcadas diferencias

Después Solá se alineó y terminó por sostener la postulación del sureño pero nunca dejó de marcar diferencias. Y se molestó cuando Kirchner permitió a uno de los suyos, Eduardo Sigal, ser candidato a gobernador en Buenos Aires.

Ahora, a pesar que
Kirchner encabezó en La Matanza el show de lanzamiento de la campaña de Solá, Sigal sigue en carrera. Los felipistas le quitan peso pero la persistencia de Sigal, que ocupa un despacho en Cancillería, es un reflejo de la tensión.

Como coronación de esos resquemores hay otros hechos que inquietan al bonaerense:

• Solá reniega porque la
Nación no comparte su angustia por la crisis de inseguridad en el conurbano. Pedía un ministro que tome la crisis delictiva como un «problema nacional» y esperó en vano que Kirchner lo consulte sobre las designaciones en el área. Pero el santacruceño nombró a Gustavo Béliz que todavía no logra tranquilizar a Solá para quien el tema seguridad es clave para su reelección.

• Molesta la autonomía de
Alicia Kirchner que tiene trato directo con piqueteros, como Raúl Castells, que chocan sistemáticamente con Solá. Las visitas sorpresivas de la ministra al conurbano descolocan a los intendentes que frente a la ausencia de Duhalde se quejan ante Solá porque lo entienden como un desplante de Kirchner. Y reniegan de los 18 mil planes que Trabajo pagó a clanes piqueteros mientras los municipios hace meses no pueden agregar un solo beneficiario.

• Se suman rispideces menores. La semana pasada, el secretario de Energía,
Daniel Camerón, visitó La Plata, quiso reunirse con Solá, pero éste no le dio audiencia. El patagónico corrió a quejarse ante su jefe Kirchner. También Daniel Filmus, de Educación, estuvo en La Plata y ni siquiera -a pesar de que tiene excelente trato con su par bonaerense Mario Oporto- notificó a ceremonial de gobernación.

Los kirchneristas dicen que
Solá olvida acciones -anuncio de obras públicas, rescate de patacones- que el Presidente operó en su favor. Y confían en que esos celos van a desaparecer porque, y en eso coinciden en La Plata, se necesitan mutuamente. En Capital al menos, eso está pendiente.

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