20 de abril 2005 - 00:00

El anuncio frenó las conspiraciones

La elección de Benedicto XVI como Papa sirvió de excusa ayer para que diputados de todos los partidos coparan el comedor del edificio anexo de esa Cámara para seguir por televisión las alternativas de la fumata. Tanta era la expectativa -lo que denotaba que a peronistas y a radicales les quedaba alguna esperanza en la figura de Jorge Bergoglio para la elección-, que hasta quedó en evidencia un almuerzo cumbre del duhaldismo para evaluar cómo evitar una crisis de poder en Diputados, que Eduardo Camaño organizó en absoluta reserva en un salón al lado del comedor principal (donde en las mesas hasta se apostaba por el resultado de la consagración papal). Como una suerte de ejercicio de contención frente a la interna bonaerense.

El mediodía de ayer en Diputados aparecía más animado que de costumbre. Con la idea de seguir las alternativas del cónclave se armaron mesas en el comedor, bajo un espíritu más parecido a una hinchada que a un acto de recogimiento a la espera del nuevo Pontífice.

La fumata blanca, para peor, les llegó a los diputados justo en el momento en que se servía el plato principal. Así, en medio del arroz con pollo o el emincé de cuadril con ensalada -nada demasiado sofisticado-, se lanzaban pronósticos de mesa a mesa.

El kirchnerismo se ubicó cercadel televisor: Osvaldo Nemirovsci, contándoles a todos su gira a Alemania junto con Néstor Kirchner, el santafesino Gustavo Marconato y José Mongeloz. Muy cerca, los radicales Leopoldo Moreau y Mario Negri buscaban aparentar un agnosticismo militante, no prestando atención a la transmisión desde Roma.

• Silencio

El ex menemista Oscar González lideraba una mesa con Roque Alvarez y asesores, al igual que Jorge Daud y Julio Cetour. Pero la mesa más animada era la integrada por los rebeldes del Barrio Chino (con un invitado adolfista): Humberto Roggero, Cristian Ritondo, Manuel Baladrón, el duhaldista Jorge Casanova y Hugo Franco.

Mientras tanto, iba pasando por el medio del comedor hacia el reservado organizado por
Camaño toda la conducción del duhaldismo en Diputados, a excepción de Hilda Chiche Duhalde y de José María Díaz Bancalari.

Por ese pasillo entraron deschavando el «cónclave duhaldista»
Daniel «Chicho» Basile, Marina Cassese, Nora Chiachio, Gustavo Ferri -que se retiró con mala cara-, Rodolfo Frigeri y Saúl Ubaldini, y tuvieron que soportar bromas como la de Roggero, que les gritó: «Si sale humo negro, es Cristina; si sale blanco, es Chiche».

Cuando el cardenal chileno Jorge Ernesto Medina Estévez apareció en la pantalla para anunciar el nombre del nuevo Papa, los diputados se levantaron y corrieron al televisor, con más respeto que si se tratara de un mensaje presidencial. Bastó que mencionara el nombre de Ratzinger para que todos volvieran en silencio a sus mesas sin nada que festejar. Quedó claro entonces que los diputados, curiosamente, guardaban alguna esperanza en tener un Papa argentino.

Enseguida, comenzaron a sumarse en el Congreso las declaraciones de apoyo a la elección de Benedicto XVI:
« Celebramos con gran alborozo la presteza y unidad con que el cónclave consagró al nuevo Sumo Pontífice. Con este gesto, la Iglesia Católica promete la continuidad de la inmensa labor desarrollada por Juan Pablo II», dijo Guillermo Alchourron.

Como si se hubiera consustanciado con la tarea de
Joseph Ratzinger en el Congregación para la Doctrina de la Fe -su cargo en la Iglesia antes de acceder al papado y organización heredera de la Santa Inquisición-, Jorge Pereyra de Olazábal, titular de la UCeDé, saludó al Pontífice con un discurso medieval: «Yo personalmente, como católico, siento alegría de que la Iglesia tenga un nuevo Papa. Gran teólogo, Benedicto XVI expresa el sentimiento católico tradicional y es la mejor y más clara elección para corregir el libertinaje actual», sancionó cual experto.

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