28 de julio 2004 - 00:00

El fantasma de "la Semana Trágica" con esta violencia

Tropas del Ejército acantonadas en enero de 1919.
Tropas del Ejército acantonadas en enero de 1919.
En tapa de su edición dominical del pasado 18 de julio el diario «La Nación» incluyó un concepto fuerte, «período prerrevolucionario». Habían pasado apenas 48 horas del salvaje ataque a la Legislatura porteña y veníamos de un período de 15 días de exacerbada violencia antidemocrática que incluía hasta la toma de una comisaría por parte de un grupo piquetero.

No pareciera, sin embargo, que estemos acechados por la inminencia de un hecho «revolucionario», aunque descartarlo no sirva para calmar nada: podríamos estar, más exactamente, en vísperas de un suceso como la llamada «Semana Trágica», de enero de 1919, que costó al país al menos entre 400 y 500 muertos en las calles de Buenos Aires. Fuera de la Guerra de Malvinas, en 1982, no hay episodio más sangriento en cuanto a vida de ciudadanos que esa semana en el pasado siglo. «Revolución», en nuestra terminología histórica, ha sido distinto de «tumulto de masas en la calle». Nunca se identificó como «revolución» a sucesos como el del 17 de octubre de 1945, cuando una multitud de obreros sin armas exige -y logra- la liberación del general Juan Perón preso en la isla Martín García. Tampoco encuadra en «rebelión» el levantamiento obrero de 1919 que culmina en «La Semana Trágica». Podría serlo, porque hizo renunciar a un gobierno, el del 20 de diciembre de 2001 contra la gestión de Fernando de la Rúa pero este hecho suele encuadrárselo, más acertadamente, en «primer golpe civil anticonstitucional», impulsado por el aparato político bonaerense del Partido Justicialista.

El clima político-laboral actual en la Argentina amenaza con derivar a una acción sangrienta que no encuadra en «rebelión», por la multiplicidad de líderes de grupos.

Las «revoluciones» militares del pasado se hicieron al margen de las masas populares y hasta frente a la indiferencia de ellas. Inclusive cuando derrocaron al máximo líder popular del siglo pasado, Juan Perón.

El antecedente de lo que hoy puede sobrevenir en la Argentina es 1919.

Sorprenden las coincidencias. Hace 85 años había sindicatos pro gubernamentales, menos que ahora, y anarquistas o ácratas en las calles, mucho más que ahora. Había marxismo o maximalismo menos que ahora, centrales obreras que se unificaban o distanciaban, había desocupación no elevada (10,5% en Capital), sindicalismo opositor fuerte y agresivo con tradición europea que había llegado en oleadas de inmigración al extremo de que ya en 1914 uno de cada tres habitantes del país era extranjero. Los marxistas (últimos en aparecer, recién en 1918 fundan su partido) querían partido único y gobierno en dictadura proletaria. Los anarquistas no querían ni partidos políticos, ni gobierno, ni sindicatos, sólo huelga tras huelga y organizaciones de base. Los socialistas querían democracia y Parlamento. Los sindicalistas sólo pensaban en el reconocimiento gremial dentro del sistema vigente pero no admitían prioridad al mero electoralismo político, algo que los separará del socialismo. Los desocupados -era su diferencia con esta época- no actuaban organizados.

Tenían un rasgo operativo en común que habría de exteriorizarse al máximo en
«La Semana Trágica de 1919»: se solidarizaban en los hechos de fuerza, por caso una huelga general.

En consecuencia, ni los sindicalistas ni los socialistas seguían a los ultras más allá de no perder imagen. Sabían que si los ultras avanzaban más allá del gobierno radical de Hipólito Yrigoyen también terminarían con ellos.

• Apoyos

Dentro del sistema político, el gobierno radical de Hipólito Yrigoyen en 1919, con matices diferentes, tenía apoyo desde la derecha conservadora, la principal prensa y desde la izquierda moderada del Partido Socialista.

Al estar hoy el centro del poder político desplazado hacia la izquierda es un poco una incógnita saber en caso de convulsión cómo se actuará más allá de la defensa mínima de las instituciones principales de la democracia. ¿Cuánto en defensa de la propiedad privada?

Definamos qué fue
«La Semana Trágica» para redondear el análisis con relación a hoy. Comenzó como un conflicto laboral común, con huelga que terminó en despidos, en la más poderosa fábrica metalúrgica que había en Buenos Aires con 2.500 empleados, muchos en esa época.

En esa época, como ahora, había una gran división de los sectores bajos laborales. Hacia 1910 se había gastado el poder del conservadorismo -dominante desde 1880-. También del Partido Socialista o sea en el sector que premonitoriamente surgió en 1904 consagrando al primer diputado socialista de América, Alfredo L. Palacios. Con estas caídas políticas emergió el poder de los violentos porque en 1902 formas embrionarias sindicales habían realizado la primera huelga general en la Argentina. Teníamos el anarquismo asentado desde 1870. En 1857 habíamos tenido ya una huelga. Ese socialismo beneficiario de la huelga de 1902 se entusiasmó con los cargos parlamentarios obtenidos, que se sucedían pero había un sindicalismo que se abre y lo llama «electoralista». Se aparta y se forma tipo activo europeo pero democrático. El arma máxima de éstos era la huelga y su búsqueda principal, la legalización por parte del gobierno. Este socialismo se identificaba como FORA IX (Federación Obrera Regional Argentina en el congreso de 1915). El anarcosindicalismo o FORA V (1905) que se pronunció contra el sindicalismo. Más violento éste del V° es el que lanzó la primera huelga general del 9 de enero de 1919 e incita a la violencia que lleva las víctimas de
«La Semana Trágica», no menos de 400 muertos.

Ese anarquismo principalmente se asentaba en el gremio portuario, muy activo en una Argentina que exportaba 70% de su producto interno. El socialismo revolucionario de FORA IX° (desprendido del socialismo como se dijo) coincide en el
«¡viva la huelga, el arma de los trabajadores!» y no el mero «electoralismo» novecentista del socialismo tipo Alfredo Palacios, Nicolás Repetto, Mario Bravo y otros que comenzó a ubicarse en el lirismo de querer resolverlo todo desde el Congreso, donde era minoría. El socialismo revolucionario y el anárquico, para que se observe qué mezcla de ideas que había, coinciden, aparte de usar la huelga, en otro fenómeno: oponerse al partido político único y a la dictadura del proletariado refugiados estos postulados, como hasta hoy, en grupos intelectuales minoritarios que habían leído a Marx, cuanto menos sus obras desde 1848, y que, como toda minoría en una vastedad de países, soñaba realizar en el suyo, la Argentina -asentándose en la clase obrera que mayoritariamente los ignoraba-, la toma marxista del poder.

• Matanza

«La Semana Trágica» en 1919 al ser la mayor matanza de argentinos, fuera de Malvinas, en el siglo pasado desconcertó a los radicales que eran por vocación populistas desde la burguesía pero allí terminaron acercándose, al reprimir, a sus enemigos políticos tradicionales: desde la derecha los conservadores y los demogresistas, y desde la izquierda el socialismo.

Se concluye con las muertes de
«La Semana Trágica» con dos centrales de trabajadores, dos CGT diríamos hoy aunque aquéllas no tenían casi similitud con las actuales, desde hace pocos días unificadas bajo un mando en triunvirato. Este actual es gremialismo burócrata basado en cuantiosos ingresos asegurados por obligatoriedad de ley. Un gremialismo sobornado con cuantiosos ingresos desde un sector de la vida ciudadana, la salud, que no estaba en absoluto en la mira de aquellos sindicatos combatientes de 1919 que luchaban por las mejoras esenciales para el trabajador como menor jornada que la agobiadora de hasta 11 horas por día, lucha por el respeto por el franco dominical, o por generalizar el «sábado inglés» (trabajo en ese día la mitad de horas).

Hoy no podríamos analizar un riesgo de nueva
«Semana Hipólito Yrigoyen Trágica» en el país sin introducir las organizaciones piqueteras de desocupados, separadas de la CGT.

Nuestra CGT actual unificada que encabeza Hugo Moyano con dos sindicalistas pares a su lado más las huestes piqueteras oficializadas de Luis D'Elía equivaldrían en 2004 a la FORA IX moderada de 1919. Serían los últimos en disponer una huelga si puede haber víctimas obreras porque están cómodos en la democracia y en su burocracia. Aquella FORA tenía muy poco y quería la legalización del movimiento sindical, reconocimiento y bienestar para sus dirigentes. En cambio los actuales, ya reconocidos legalmente, quieren más ventajas, por ejemplo introducir mano en los fondos de las Obras Sociales nuevamente porque el tema salud, en general, ya se lo extrajeron a gobiernos militares.

La FORA V, predominantemente anarquista de 1919, vendría a estar representada por el MIJD de Raúl Castells aunque haya caído en frivolidades por televisión, impensable para los anarquistas de 1919. No tiene Castells sindicatos -como aquellos anarquistas tenían a los portuarios de base y otros- por eso no es totalmente clara la identificación. Pero como los anarquistas pronuncian principios comunistas y, a su vez, se oponen a los marxistas más puros que estarían representados entre piqueteros por los de Néstor Pitrola, los Aníbal Verón, la CCC. El intento de Castells de crear mutuales gigantescas lo acerca también a las utopías de Mijail Bakunin, un anarquista que, como el piquetero principal nuestro, defendía la insurrección popular espontánea, la supresión del Estado y la creación de federaciones libres de obreros y campesinos. Ese anarquista ruso se puso enfrente del mismo Carlos Marx en la primera Internacional por eso de que no creía en el partido único ni en la dictadura del proletariado. Castells propone el no Estado ya, derrocando al gobierno Kirchner. Marx por un apresuramiento similar lo hizo expulsar a Bakunin de la Internacional Socialista pese a que el revolucionario ruso había participado de la violencia de París en 1848 que inspiró a Marx el «Manifiesto comunista». Bakunin gozaba, más que de las ideas de su contemporáneo Marx, de las del socialismo utópico de Pierre Joseph Proudhon. Bakunin murió en 1876. Obsérvese que hoy, en el país, Castells y su anarquismo coinciden en la violencia, como el Polo Obrero, netamente marxista de Néstor Pitrola, pero se recelan, no tienen los mismos fines ni sus formas de ejecutar la violencia. Pitrola se mueve en el marxismo clásico, toma violenta del poder, dictadura, partido único, no le interesa formar mutuales sino tener milicias activas.

En 1919 había un socialismo separándose de las clases obreras, enamorado de las formas democráticas en cuyo Parlamento encontraba ubicación y comodidad. De discurso obrero también pero no de penetración en las masas obreras. «Electoralista» les decían a los políticos socialistas. Creían en el «camino pacífico pero constante hacia el socialismo», algo que expresamente repudia el anarquismo de Castells y el marxismo de Pitrola.

¿Quién tendría esas características parlamentaristas hoy? Evidentemente el progresismo light de Miguel Bonasso cómodo en el Parlamento, ubicando a su esposa en ATC. El de Horacio Verbitsky ubicando gente en puestos de gobierno, manejando fondos públicos locales y de fundaciones privadas del exterior, especulando con las muertes setentistas, impulsando fondos estatales hacia medios de prensa donde cobra suculentos salarios. Todo este progresismo light se asusta porque los exagerados como Castells, los violentos como Pitrola, los encapuchados ultras, los imprevistos como D'Elía -aunque a éste lo apoyan como mal menor- ponen en peligro sus beneficios y goces actuales, como a aquellos socialistas de 1919 les molestaba el riesgo de pérdida de sus presencias parlamentarias.

El radicalismo de Yrigoyen de 1919, indeciso frente a la violencia, es un poco el radicalismo de hoy que critica al gobierno por su indiferencia ante la violencia.

Empresarios explotadores en el nivel de Pedro Vasena ya no hay en un país que ha pasado quizá al otro lado: se exagera la legislación laboral hasta afectar la producción. Aquellos conservadores lúcidos que hicieron el país no han derivado en un capitalismo sólido y realista en la Argentina.

Conocer los climas previos de las desgracias históricas es necesario si se busca no repetirlas.

BIBLIOGRAFIA


La Semana Trágica de Enero de 1919, Julio Godio, Granica Editor, 1973.

La Semana Trágica, en Historia Integral Argentina, La Clase Media en el Poder, Ed. Centro Editor de América Latina, 1974.

La Semana Trágica, Juan Ramón Romariz. Ed. Hemisferio, 1952.

Los orígenes y la trágica semana de enero de 1919, Octavio Piñero, 1956.

La Semana Trágica, pesadilla de una siesta de verano, Revista Todo es Historia, Año I, nro. 5, 1967.

La Semana Trágica, Revista Polémica nro. 53, Ed. Centro Editor de América Latina Movimiento Obrero Argentino, Hiroschi Matsushita, Ed. Siglo XX, 1983.

Los Orígenes del Movimiento Obrero (1857-1899), Ricardo Falcón, Ed. Centro Editor de América Latina, 1984.

La FORA (1933), Ideología y trayectoria del movimiento obrero revolucionario en la República Argentina, Diego Abad de Santillán, Ed. Buenos Aires Proyección, 1971.

• Historia Visual Clarín.

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