El gobierno salió -como era previsible-a desandar las tropelías verbales del día de la ESMA que distanciaron más al gobierno de los partidos políticos. El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, fue el encargado de negar una fractura en el justicialismo ante la decisión de algunos gobernadores de no asistir al acto de ayer, luego de que varios de ellos fueran cuestionados por la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini.
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Por su parte, el ministro de Interior, Aníbal Fernández, desmintió que el discurso de Kirchner, en el que pidió perdón en nombre del Estado « por haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades» haya sido una « agresión o castigo» al ex jefe de Estado Raúl Alfonsín.
El ex presidente cargó de nuevo contra los dichos de Kirchner en el palco de la ESMA: «Siento dolor porque creo que fue injusto y omitió parte de la historia de la democracia de los argentinos», afirmó por una radio. « Se podrá considerar que se hizo poco o mucho ante tanto horror y dolor -dijo Alfonsín-. Lo que no puede afirmarse es que durante mi gobierno se haya guardado silencio», afirmó.
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