22 de enero 2001 - 00:00

El "no" de Álvarez, entre la extorsión y la derrota

Carlos Chacho Alvarez ya juró que no será candidato a senador este año. Lo hizo ante las cámaras de televisión, con lo que significan para él esos instrumentos: una biblia laica. Por eso, tiene todo el derecho a que le crean. Además, Alvarez es un hombre de escasos arrepentimientos. Salvo cuando dijo que le gustaría haber votado la Ley de Convertibilidad, nunca se le conoció una autocrítica.

Si conviene comenzar a observar la conducta del ex vice-presidente a partir de esta salvedad, es por la cantidad de presunciones que comienzan a circular en la UCR. Allí no pueden entender que Alvarez se abrace a sus estados de ánimo tan férreamente que hasta sacrifique la capacidad institucional de su partido. Por eso, intoxicados en la vieja política, suponen que lo de Chacho no es una conducta intransigente y principista sino una forma de presionar dentro de la Alianza. Casi una extorsión. Estos radicales razonan así:

Oportunidad

Alvarez no puede descartar tan temprano y con tanta liviandad la posibilidad de ser senador. Su candidatura significa una oportunidad única para el Frepaso, que no llevará candidatos de relieve en ningún distrito importante. Sin una participación de Chacho, el papel de esa fuerza sería auxiliar, opacado por la contienda peronista-radical. Además, desde la perspectiva de la Alianza, la ciudad de Buenos Aires será el único distrito populoso en el que esa fuerza puede aspirar con sensatez a ganar (lo que constituye también una razón para que De la Rúa pretenda competir allí con un candidato propio para que el eventual triunfo se le impute a su liderazgo, no al de quien fue su segundo).

Cuando dan por cierto lo anterior, los radicales se lanzan a suponer segundas intenciones. Les llama la atención que Alvarez no diga un «no» sin condiciones y que, por el contrario, hable de: «No puedo volver al mismo Senado que abandoné con mi renuncia». En esas acotaciones creen descifrar una condición: sólo se haría cargo de la candidatura si en el radicalismo le ofrecieran también la presidencia del Senado, desde la cual podría llevar adelante su «sueño trunco». Además, desde el lugar que ocupa hoy Mario Losada, Alvarez podría regresar, aunque sea virtualmente, al lugar que abandonó, la vicepresidencia. Aquí comenzaría lo que en la UCR se ve como un «apriete». Sin ir más lejos, Federico Storani (la quintaesencia de un hombre del aparato partidario) manifestó: «En política no se dice nunca la última palabra». Claro, la ética de Storani tal vez no es tan rígida como la de Alvarez, al menos en el orden verbal. O, también es posible, el ministro del Interior ha conseguido confesiones que Alvarez no le dedica a otros correligionarios.

Además del requisito anterior (la presidencia del Senado), para los radicales Chacho busca con su negativa otro espacio en el reparto de candidaturas. Cuando se advierten las dificultades del Frepaso se concluye en que lo que observan los zorros viejos de la UCR es razonable. Este año se verá que, en las provincias donde la Alianza perderá inevitablemente, el Frepaso no obtendrá ningún senador. El que le corresponda a la minoría lo pretenderá el radicalismo, que tiene más densidad en el Interior. En cambio, en las provincias en las que se puede esperar una victoria de la Alianza, al Frepaso le corresponderá aportar la candidatura femenina. ¿Querrán los dirigentes frepasistas de esos distritos premiar con una senaduría a una mujer? ¿O preferirán que les cedan a ellos mismos la primera diputación para que el cupo femenino lo complete la UCR? Si sucediera esto último, acaso el próximo Senado no tenga más frepasistas que el actual. Puede calcularse hoy la presencia de Cristina Zuccardi (Mendoza) y José Vitar (Tucumán, si Chacho consigue imponerlo en la negociación local). Al cabo de estas especulaciones, los radicales sospechan que Alvarez está condicionando su participación en la campaña porteña a una mayor generosidad radical en el reparto de candidaturas. De lo contrario, la crisis que ya enfrenta su liderazgo partidario podría hacerse más profunda.

Temor

Hasta aquí, los principales argumentos que alimentan a los radicales que sostienen la tesis de la extorsión: el ex vice-presidente sólo daría el sí como candidato cuando le cumplan con la presidencia provisional del Senado y con un buen lote de cargos para su partido. Sin embargo, hay otros radicales que creen en la sinceridad de Chacho. Según ellos, el líder del Frepaso rechazó la candidatura senatorial por la sencilla razón de que teme perder.

Estos dirigentes de la UCR dicen haber leído encuestas en las que el prestigio de Alvarez se habría precipitado después de su renuncia. Más aún: al ex vice se le haría cada vez más difícil componer un discurso conciliador con el oficialismo al que ofendió (y, si se quiere, sigue ofendiendo cuando habla de: «Complicidad con la situación que se vivió en el Senado y que me obligó a renunciar».).

Es posible que haya sido sobre esta hipótesis, la de un Chacho perdedor y no la de un Chacho chantajista, que José María García Arecha o Patricia Bullrich lanzaron el desafío de una interna abierta para decidir la candidatura porteña. Creen que una figura delarruista puede ganarle. O, peor aún, que no será necesaria la pelea, ya que Alvarez no se atreverá al combate.

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