El oficialismo a punto de perder quórum en Diputados
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Graciela Camaño
• Privilegio
Esta situación es vista por los integrantes del actual « Barrio Chino» como asfixiante: «Ahora no sólo no podemos hablar en el recinto; tampoco podemos salir en la televisión si no nos dan autorización. Cuando un grupo de diputados fue a la Antártida hace poco, sólo llegaron a Buenos Aires las imágenes de Crónica TV de los chupamedias de la conducción. Al resto nos borran del planeta», explican. Muchos diputados del bloque peronista argumentan que el proceso dictatorial de ese cuerpo, que comenzó con la llegada al gobierno de Kirchner, está destinado, incluso, a conspirar contra los intereses del propio gobierno: «No se dan cuenta, pero en el afán por tapar cualquier disenso, estamos votando leyes horribles. Podemos ser oficialistas u opositores, pero no es lo mismo poner una coma que un punto en un texto. Se vota cualquier cosa con errores técnicos terribles sólo por no disentir», dicen.
Frente a este esquema de oposición interna no está tan errado estratégicamente Kirchner cuando desconfía hasta de su propio bloque al límite de pedir poderes tan especiales al Congreso que le permitirán manejar los fondos públicos -presupuestarios y extrapresupuestarios, proyectados o reales-, sin tener que recurrir a los legisladores. Pero esa misma desconfianza inicial y el negar la existencia del Congreso como poder del Estado fue también la base para que florezcan las rebeliones.
De no contar con esas facultades,y gracias al poco margende maniobra política de la conducción del PJ, el número de oficialistas quedará reducido sensiblemente. Por ejemplo, de haber existido esa situación durante la votación del Presupuesto 2005, el oficialismo no hubiera podido aprobar los superpoderes del artículo 11.
La fecha aproximada para el cambio es febrero. Es recién en ese momento que los rebeldes darán a conocer su decisión de abandonar la bancada peronista. Adelantar la decisión antes del verano no tendría sentido con el Congreso virtualmente en receso.
Los disidentes aclaran que la decisión no se debe a problemas con el presidente de la Nación, ni el presidente de la Cámara; ni siquiera, incluso, con el jefe del bloque: «Es un problema con la bancada y la forma en que funciona. Es una tiranía que no permite trabajar. Hay un control centralizado y el gobierno encontró en Graciela una buena jefa de sóviet que, además, maneja todo con técnicas sindicales. Díaz Bancalari no tiene tanta culpa; él con tal de que lo dejen subir al avión presidencial cada tanto se queda contento», sintetizó uno de los rebeldes.




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