11 de febrero 2008 - 00:00

El Papa congela viaje al país

Benedicto XVI
Benedicto XVI
El cónclave entre Cristina de Kirchner y el papa Benedicto XVI quedó en punto muerto desde que el Vaticano archivó la designación del divorciado Alberto Iribarne al frente de la embajada argentina en la Santa Sede. Ni en la Casa Rosada ni en el Episcopado de Jorge Bergoglio confían en que se pueda concretar la invitación cursada por Cristina de Kirchner para que el Santo Padre visite la Argentina para conmemorar el 30º aniversario del fin del conflicto por el canal Beagle.

Con el Vaticano decidido a no aprobar el plácet de Iribarne y la Casa Rosada amenazando con suprimir el obispado castrense como represalia, desde el kirchnerismo aseguraron a este diario que el gobierno paralizó las gestiones, vía Cancillería de Jorge Taiana y Secretaría de Culto de Guillermo Oliveri, para que Joseph Ratzinger visite el país a fin de año, cuando se cumpla el 30º aniversario del fin del conflicto limítrofe entre la Argentina y Chile gracias a la mediación de Juan Pablo II.

Hoy, pese a los amagues de reconciliación entre el Episcopado de Jorge Bergoglio y el matrimonio Kirchner, el margen de maniobra de la Iglesia Católica local es tan estrecho que ni siquiera se autoriza a los obispos a buscar una solución en el conflicto con Uruguay por las papeleras. Dentro de un mes, el 10 y el 11 de marzo, Bergoglio reunirá a la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal para analizar el conflicto entre el gobierno argentino y la Santa Sede, aunque la Casa Rosada ya anunció que de no aceptarse en el Vaticano el plácet de Iribarne, esa embajada quedará vacante con el encargado de negocios, Hugo Gobi, como máxima autoridad.

El desembarco del Papa en la Argentina ya se había conversado durante la última visita del secretario de Estado, Tarcisio Bertone, al despacho de Cristina de Kirchner. La idea era que Ratzinger visite Buenos Aires y Santiago de Chile, en una gira acompañado por la ex primera dama y Michelle Bachelet. Bergoglio y el Episcopado ya se habían entusiasmado con ese tour como trampolín para recomponer su también deteriorado vínculo con el predecesor de Bertone, el conservador Angelo Sodano, a quien acusaban de conspirar contra la Iglesia criolla a través de la influencia del ex embajador menemista Esteban Caselli y del influyente Leonardo Sandri.

Bergoglio siempre acusó a Sandri de interferir en la relación entre el Episcopado y la Santa Sede. El último conflicto público de este tipo fue en 2006, cuando el arzobispo de Buenos Aires planteó en el Vaticano ante Sandri su disgusto por las designaciones del arzobispo de Rosario, monseñor José Luis Mollaghan, y el de Resistencia, monseñor Fabriciano Sigampa. Ninguno de ellos había sido propuesto en las ternas previas que elevaron los obispos argentinos.

La semana pasada, el vocero kirchnerista, Carlos Kunkel, acusó al Vaticano de amparar a personajes como el ex capellán de la Policía Bonaerense Christian Von Wernich, preso en Marcos Paz por delitos de lesa humanidad. Pero la embestida oficialista, de no aprobarse la designación de Iribarne, podría llegar a más: además de la supresión unilateral del obispado castrense se podría resolver incluso la denuncia del concordato de 1966, que regula las relaciones entre la Santa Sede y la Argentina.

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