El oficialismo pretende completar la kirchnerizacióndel Partido Justicialista con un cambio de afiliación externa: pasaría de la Internacional Demócrata Cristiana (IDC) a la Internacional Socialista (IS). Puesto que el ex presidente de la Nación es reacio a hablar con los medios, los dirigentes que pasan por sus oficinas de Puerto Madero hacen de voceros. Así, por ejemplo, el ex gobernador de La Pampa, Rubén Marín, alineado hasta el final con Carlos Menem, explicó que el cambio de afiliación se debe a que «el PJ nació como una fuerza de centro izquierda» (sic), mientras que el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, dijo que «sería muy bueno salir de esa Internacional donde nos metió Carlos Menem porque ahí está el partido de la Thatcher, los republicanos, toda la derecha». Ni Margaret Thatcher ni los republicanos de Bush son miembros de la IDC. Motivado por su deseo de caer bien en Puerto Madero, Moyano confunde la IDC con la Internacional Liberal, a la que el justicialismo nunca perteneció. Era de esperar que la confusión internacional de este gobierno se trasladase al partido. En primer lugar, el oficialismo está poniendo en esta maniobra una carga ideológica desproporcionada. Ya pasó la época de Internacionales en las que una membresía implicaba la aceptación de una línea ideológica rígida y el acatamiento de estrategias centralizadas.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Hoy, la adhesión es mucho más flexible y el principal beneficio es la posibilidad de alternar en esos foros con los protagonistas de la política mundial. Aun así, si se quieren avanzar argumentos ideológicos para el cambio, el peronismo no es fácilmente encasillable en ninguna de las internacionales existentes y, en todo caso, cuesta entender qué tiene que ver un partido de esencia humanista y cristiana, con una internacional de origen marxista y agnóstico como la Socialista. No repara en estos detalles el ex ultra ortodoxo Moyano, con tal de congraciarse con el neo camporista Néstor Kirchner, a quien años atrás le habría gritado: «ni yanquis ni marxistas, ¡peronistas!». «El ex presidente me comentó que deberíamos estar donde están aquellos partidos con cuyos gobiernos hay una relación muy importante, como España», había dicho también Moyano. Este es un motivo pragmático y más aceptable para decidir el ingreso o no a alguna internacional.
Ahora bien, tanto en la IDC como en la IS hay partidos de gobierno con los cuales bien vale vincularse: es cierto que el PSOE de Rodríguez Zapatero revista en la Internacional Socialista, pero no lo es menos que la CDU (Unión Cristiano Demócrata) de la alemana Angela Merkel, cuyo país Cristina Kirchner dice tener como modelo, es uno de los pilares de la IDC. El PT de Lula da Silva es miembro de la IS, pero el Partido Social Demócrata de Fernando Henrique Cardoso pertenece a la IDC.
Anacrónico
Por otra parte, presentar a estas dos organizaciones multipartidarias como ideológicamente antagónicas es un anacronismo propio de quien ignora que en 1989 cayó el Muro de Berlín. Hoy hay coaliciones de gobierno formadas por partidos de una y otra internacional.
Es el caso de Chile, donde el Partido Socialista pertenece a la IS y su socia en el gobierno, la Democracia Cristiana, a la IDC.
Lo mismo sucedía con la coalición de centro izquierda de Romano Prodi que gobernó Italia hasta hace pocas semanas.Finalmente, si la IDC, de donde los Kirchner quieren salir, fue presidida por el ex presidente español, José María Aznar, Tony Blair, el otro gran aliado de George W. Bush en la guerra de Irak, es uno de los principales referentes de la Internacional Socialista, a la que los Kirchner quieren entrar.
En definitiva, salir de una para pasar a otra, huele a sobreactuación ideológica de un gobierno que hace de la crítica a los 90 la razón de su vida. Tampoco sería raro que estas movidas acaben en papelón. Por un lado, no faltan en la IDC quienes se sienten ofendidos y, en consecuencia, quieren adelantarse votando la expulsión del PJ. La moción no prosperó, por ahora. Del otro lado, existe la amenaza de activistas locales de derechos humanos de solicitar a la Internacional Socialista que no permita el ingreso del PJ. Están enojados porque Kirchner no presiona lo suficiente al gobernador de Mendoza, Celso Jaque, para que se desprenda de algún funcionario del área seguridad. Y uno que debería poner las barbas en remojo es Moyano justamente, aspirante a la vicepresidencia de un PJ centroizquierdista: los mismos organismos de derechos humanos quieren ver al sindicalista sentado en un banquillo por su anterior militancia en un grupo de ultra derecha peronista.
En fin, estas idas y venidas pueden terminar con el PJ expulsado de ambas internacionales, con lo cual le quedará al oficialismo la opción de afiliarse a lo que Perón llamaba «la 6ª Internacional, la más peligrosa de todas: la Internacional de los tontos».
Dejá tu comentario