El caso de Daniel Scioli no es el único ejemplo de un cambio operado en los 90: el trasvasamiento de talentos del deporte hacia la política lleva el sello indiscutido de Carlos Menem. Su reclutamiento más destacado fue el de Carlos Reutemann, quien, esponsoreado por el riojano, hizo una rutilante carrera política. Dos veces gobernador de Santa Fe, casi presidente.
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Antes que como un Menotti contemporáneo, seguramente Agustín Pichot preferiría parecerse a Hugo Porta. El legendario capitán de Los Pumas fue embajador de Menem en Sudáfrica -era el argentino más conocido en ese país-y, más tarde, Secretario de Deportes. Los flamantes campeones mundiales sudafricanos quizá puedan facilitarle a Pichot el futuro con el que parece soñar cuando admite que «se ha terminado un ciclo» en su vida. Lo dijo Mario Das Neves, gobernador de Chubut, al nombrarlo « representante de la provincia en Europa»: «Es un joven con inquietudes públicas, que tiene un enorme futuro si se lo propone en ese campo».
La presencia omnímoda de los medios de comunicación, particularmente audiovisuales, vuelve cada vez más atractivas a las figuras del deporte. Su carácter «light» se adapta muy bien a las reglas de lo mediático y su imagen fresca permite simular una «nueva política» que tarda en verificarse en otros planos.
Vicios contagiosos
La contrapartida de este maridaje pareceser que los deportistas acaben contagiándose algunos vicios. Reutemann firmó su afiliación al justicialismo con la lapicera a fuente que le regaló Perón; y ahora hizo campaña para la esposa de un Presidente que rubrica decretos con birome. Scioli pasó del ultramenemismo al duhaldismo para ser luego el traccionador de votos a Cristina Fernández en el estratégico distrito bonaerense. La órbita política maradoniana es directamente internacional: de Menem a los Kirchner pasando por Fidel Castro y Hugo Chávez. El segundo riojano más famoso, Ramón Díaz, hizo un tránsito acelerado: tras apoyar a Mauricio Macri fue a reunirse con su contrincante en la elección de jefe de Gobierno porteño, Daniel Filmus, en el despacho presidencial. «Pichi» Campana, vicegobernador cordobés electo en comicios muy cuestionados, cambió de camisetacasi antes de empezar a jugar. Para el kirchnerismo, que en esto sigue los pasos de Menem aunque no lo reconozca, el reclutamiento de este campeón de básquet bien valió darle la espalda a Luis Juez. David Nalbandian se hizo esponsorear primero por el gobierno de José Manuel de la Sota y su aparición en el spot kirchnerista tuvo aroma a contraprestación. Inevitablemente, la ausencia de una política de Estado instala el clientelismo también en el deporte, como entre los barones del conurbano o los gobernadores del interior. ¿No sería mejor que los deportistas se mantuviesen en su esfera de actividad para no perder los valores que se les atribuyen: camaradería, unidad, lealtad al equipo? Finalmente, los que ya «llegaron», harían bien en cuidar los laureles conquistados pues hay muchos competidores más en la línea de largada.
Montado en la estela triunfal del gobernador electo Daniel Scioli en los comicios del pasado 28 de octubre, hasta el piloto de TC «Marquitos» Di Palma se le atreve ahora a la política. Así lo anunció almorzando con Mirtha Legrand. Su anfitriona saltó: «¿No querrás ser presidente?». Respuesta: «Presidente, no sé; pero gobernador ¿por qué no?». ¡Qué carrera!
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