El radicalismo populista sigue ocultando a Alvear
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Marcelo T. de Alvear
3º - La paradójica adhesión al misterio y atracción que provocó Yrigoyen a quien no se le conoce un pensamiento relevante, ni expresado con claridad. Por otra parte siempre le costó al popular caudillomovilizarse visitando los pueblos del interior.
El líder Yrigoyen es considerado un santón laico, apóstol impoluto de la democracia al mismo tiempo que participó como conductor de tres intentos cruentos de golpes de Estado (1890-1893 y 1905) y durante sus gobiernos batió el récord de intervenciones federales -bastante abusivas- contra las provincias autónomas.
Los intentos de golpes de Estado los justificaba el yrigoyenismo bajo la demonización del «régimen falaz y descreído» con lo cual involucraban los cincuenta mejores años de la Argentina y presidencias cargadas de prestigio como las que protagonizaron Sarmiento,Avellaneda, Roca, Pellegrini, Figueroa Alcorta, Sáenz Peña y Victorino de la Plaza. Vituperaron con ensañamiento al presidente Juárez Celman -víctima de un levantamiento cívico militar porteñista- con la única acusación concreta de estigmatizarlo como «el burrito cordobés».
Jamás se conoció un fundamento serio para justificar ese conato de tropas y patotas contra un gobierno constitucional. Todavía faltaba mucho para que estos hombres maduraran lo suficiente para entender que los golpes de Estado fueron el peor atentado contra las democracias. Con el tiempo los mismos radicales pasarían a ser los recurrentes damnificados por el sistema golpista que ellos mismos intentaron poner en práctica en varias oportunidades. A la famosa Revolución del '90 se la pretendió dignificar por resultar -de ese acto no del todo lícito- el nacimiento de la Unión Cívica Radical. Aun a sabiendas de estos antecedentes, no cometeremos el error de denostar por ello a Hipólito Yrigoyen porque realmente se le debe el reconocimiento de una vida relevante y protagonista de grandes acontecimientos que prestigiaron el país. Pero es necesario que sus partidarios interpreten en plenitud sus limitaciones y errores.
Es preferible ofrecer a la historia un Yrigoyen limpio de misterios y ocultismos. No ha sido un presidente del cual habría que avergonzarse. En cambio los radicales sí fueron injustos con Alvear al pretender opacar su figura. Fue el sucesor de Yrigoyen por mérito propio en el orden partidario, no por el dedo pródigo del caudillo de la provincia de Buenos Aires.
Alvear poseía una fortuna compuesta de varias decenas de miles de hectáreas de campos fértiles y murió pobre en 1942. A su célebre esposa, Regina Pacini, que falleció en 1965, debió auxiliarla el presidente Frondizi en 1960 con una pensión vitalicia.
Alvear demostró saber gobernar. Respetólas instituciones, se preservaron las libertades públicas, hubo una certera prolijidad en los gastos del Estado, reinó una tranquilidad absoluta en la población. En ese clima llegaron inversiones en agroindustrias y servicios. Afluían los inmigrantes. Algunos piensan que este período de expansión y progreso se debió a la sola influencia de aquellos «años locos».
Durante su presidencia, pide Alvear al ministro de Hacienda que sondee por el telégrafo al principal Banco de los Estados Unidos para conocer hasta qué límites llegaba la capacidad crediticia del país en esos momentos.
Al rato vuelve el ministro Herrera Vegas con un papelito, se lo muestra al presidente. El telegrama contestaba con una sola palabra: «Unlimited» (ilimitada). La capacidad crediticia del país era total. Dicen que Marcelo y su ministro permanecieron abrazados por minutos con lágrimas de por medio.



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