En el Congreso adelantaron caída de De la Rúa
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La caída de Fernando de la Rúa comenzó a sellarse en el Congreso, alrededor del mediodía de ayer. «No queremos alquimias», respondieron los peronistas cuando los radicales llegaron con una propuesta de armar un gobierno de unidad nacional, un invento de Raúl Alfonsín que, hace meses, había sido ponderado por Eduardo Duhalde.
• Juicio político
Los legisladores aspiraban a transformarse en gestores de un acuerdo de gobernabilidad. «Pensamos que lo conveniente sería encontrar una salida con el PJ en el Congreso, en el marco de un gabinete de coalición», propusieron Maestro y Pernasetti, avalados por sus correligionarios y apadrinados por Alfonsín, autor del plan.
El Presidente, bastante abatido por las manifestaciones de violencia que vio por TV, les respondió con una frase de resignación: «Está bien, háganlo».
Repasó mentalmente los puntos básicos que le acercaron los gerentes de bloques propios y fundó en ellos el discurso que pronunció a las 16. «Si no prospera el pacto, me parece que no queda otro camino que la renuncia», se resignó el legislador patagónico, de regreso en el palacio de Entre Ríos e Hipólito Yrigoyen.
Los legisladores no ahondaron en detalles, pero habían elogiado minutos antes de visitar al primer mandatario ideas del denominado Grupo Productivo que encabeza la UIA. A puertas cerradas, mencionaron la posibilidad de no pagar la deuda por 2 años, devaluar y pesificar.
En el terreno político, habían tirado un nombre para incorporar a esa nueva «entente» que
habilitara la continuidad de De la Rúa. El salvavidas se llamaba Eduardo Duhalde, nominado como eventual jefe de Gabinete en esos experimentos.
• Respaldo
El senador pampeano Juan Carlos Passo fue el primero en alabar las condiciones del bonaerense. No sólo tuvo en cuenta la coincidencia duhaldista con Alfonsín en materia de unidad nacional para promoverlo. Passo consideró que Duhalde podía garantizar el respaldo de una porción importante de Diputados -33 bonaerenses, incluido el titular del cuerpo Eduardo Cama-ño, más una decena del interior-. El ex gobernador también aparecía a ojos de la UCR como el único justicialista de peso que podía verse tentado con una oferta.
« Podría ser jefe de Gabinete», lanzó Passo desempolvando una variante ya barajada en crisis anteriores. «Además a Carlos Ruckauf puede que le convenga tenerlo en el gobierno», ironizó el mismo pampeano. Alfonsín apenas sonrió. A la salida de la deliberación de bancada, Passo sondeó a la bonaerense Mabel Müller sobre la postulación a su jefe político. No obtuvo respuesta definitiva.
En conciliábulos senatoriales, Duhalde, que goza de más predicamento en la Cámara baja que en su propia ala parlamentaria, prefirió referirse a otros ministeriables -sin mencionarlos-y autoexcluirse, como si el gesto de grandeza que pidieron Gioja y Roggero hubiera estado dirigido a él. Hasta último momento, incluso delante de los movileros, a las 17, fue el peronista que más predisposición mostró hacia un De la Rúa con la suerte casi echada. A esa hora, sus pares radicales consideraban que «para evitar más muertes, lo más conveniente es que el Presidente dé un paso al costado».




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