En receso, Congreso se queda "sin aire"
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En enero el palacio del Congreso -Cámara de Diputados y el Senado- se mantiene en receso,
aunque sus oficinas son utilizables. Pero el edificio anexo de la Cámara baja sobre
la calle Rivadavia se vuelve irrespirable con su sistema de aire cortado.
«Sin poder mandar un mail ni respirar, es imposible que alguien vaya allí. ¿Para qué vamos a ir a trabajar?», se quejaba ayer un kirchnerista. Para otros el cierre virtual del edificio anexo fue la excusa perfecta.
Los legisladores deberán salir de esa situación dentro de una semana. Para entonces se espera el decreto de Néstor Kirchner convocando a sesiones extraordinarias y fijando el temario de leyes que deberán sancionar. Se preparan, entonces, los kirchneristas para resarcirse de una de las derrotas más graves que sufrieron en diciembre pasado al no poder sancionar el marco regulatorio de la estatal AySA.
En el Senado el verano transcurre distinto. La parálisis estival se dio allí con los edificios funcionando. De hecho, algunos senadores, como el chaqueño Jorge Capitanich, siguieron trabajando en sus oficinas. Capitanich, inclusive, hizo volver a empleados de vacaciones para despachar en la primera quincena de enero la ratificación de algunos decretos de necesidad y urgencia en su nuevo rol de presidente de la Bicameral de Seguimiento de los DNU.
En la Cámara baja una escena similar hubiera sido imposible. Pero no fue el único caso. Mientras el cierre de oficinas y el ahorro de energía en Diputados fue dispuesto por las autoridades de la Cámara, el gobierno dispuso también que se racionalizara el uso de energía en algunos ministerios que también tienen áreas con el aire acondicionado cortado.




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