Un grupo de ambientalistas de Capital Federal y de Entre Ríos se manifestó ayer en las puertas de la legación de Finlandia en Buenos Aires contra la resistencia de la empresa Botnia en dar la información que pruebe que la planta en el río Uruguay no contaminará el aire y el agua.
La intervención de la Iglesia Católica de la Argentina y del Uruguay por el conflicto de las papeleras alcanzó su máximo pico de intensidad luego de que monseñor Sergio Fenoy se comunicara con el prelado uruguayo Pablo Galimberti para expresarle la voluntad de buscar una solución consensuada.
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El contacto es significativo porque por primera vez, la semana pasada, las cúpulas de las Conferencias Episcopales (CE) de ambos países se pusieron de acuerdo para trabajar en paralelo en la búsqueda de un acuerdo que evite un mayor deterioro de la relación bilateral entre la Argentina y Uruguay.
Más allá de las gestiones encabezadas por el obispo de Gualeguaychú, Jorge Lozano (hombre cercano a Jorge Bergoglio, a quien secundó hasta hace poco en el obispado porteño), quien mantiene contactos frecuentes con los obispos de la región, son las CE las que deben institucionalizar la intervención de las iglesias en el diferendo.
Los contactos se intensificaron luego de que Agustín Colombo Sierra, jefe de gabinete de la Cancillería argentina, le ratificara a Lozano la voluntad de Néstor Kirchner de que la institución tuviera un rol más activo en la crisis con Uruguay. Pese a los esfuerzos de los prelados argentinos, quienes admiten que el arzobispo de Buenos Aires comanda estratégicamente cada paso que da la Iglesia en este sentido, la lentitud de las negociaciones con los eclesiásticos uruguayos radica en el carácter laico del Estado comandado por Tabaré Vázquez, y su contacto casi nulo con representantesde ese gobierno. El reclamo de Lozano a los niños de su diócesis de enviarle una carta a Kirchner solicitándole buscar un acuerdo con Montevideo es un gesto, aunque sea simbólico, que la Iglesia del Uruguay no considera apropiado imitar. El mismo Galimberti se preocupa por aclarar que las gestiones de la Conferencia Episcopal uruguaya no buscan interferir «en lo más mínimo» con las decisiones de Tabaré Vázquez. Un respeto casi reverencial de los uruguayos a diferencia de la posición de la Iglesia Católica argentina que, acostumbrada a intervenir en política, suele emitir comunicados críticos sobre la situación social.
Hermetismo
El lunes pasado, en un ambiente de total hermetismo, los obispos uruguayos se reunieron para analizar diversas propuestas para analizar junto a sus pares argentinos. La Conferencia Episcopal de Bergoglio se juntará el próximo 8 de mayo y de allí podría salir un borrador de propuesta para difundir en público.
Galimberti aseguró que los obispos de su país tienen « buena disposición» para mediar en el conflicto bilateral, aunque reiteró que su intervención debe tener el visto bueno de parte del presidente Vázquez.
«Existe la buena disposición, pero los obispos uruguayos deberíamos hacer un contacto previo con nuestro gobierno, a ver si le parece bien, a ver si podemos trabajar en forma de acuerdo previo», dijo Galimberti en declaraciones radiales. La máxima figura de la Iglesia uruguaya no descartó la posibilidad de tener «un acercamiento» en los próximos días con Vázquez para analizar el asunto.
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