1 de julio 2004 - 00:00

En Senado por renuncia de Béliz

Alberto Fernández
Alberto Fernández
Alberto Fernández soportó ayer en el Senado un rosario de casi cuatro horas de quejas de la oposición por la ola de inseguridad y la violencia piquetera, durante el informe del jefe de Gabinete. Lo hizo de buenas maneras, lejos de gestos destemplados que habían caracterizado sus visitas anteriores. «Yo valoro el acompañamiento que ustedes nos dan, con una actitud noble», los homenajeó en la despedida a los senadores.

En el curso de la exposición el funcionario desalentó críticas a los piqueteros con argumentos desalentadores: «La gente tiene que ser más solidaria y no refugiarse en los countries», ironizó el jefe de Gabinete que tampoco fue sometido a un interrogatorio riguroso sobre los temas de su oficina.

No fueron tan complacientes los legisladores con el invitado cuando se refirieron a Gustavo Béliz: «Queremos aprovechar para decirle al jefe de Gabinete que el ministro de Justicia ha fracasado; Gustavo Béliz va a tener que ir viendo cómo presenta su renuncia», apuntó el radical Gerardo Morales.

• Ineficiencia

Eduardo Menem se acopló a la diatriba anti-Béliz. «Yo no acuso al gobierno, pero el ministro ha demostrado su ineficiencia y, encima, cuando hay problemas que le atañen, salen el jefe de Gabinete o el ministro del Interior a dar explicaciones.»

En Diputados, la oposición fracasó en el intento por hacer votar sobre tablas una interpelación a Béliz, a pesar de que concilió posiciones del radicalismo, el interbloque de provinciales, el ARI y hasta Compromiso para el Cambio, que responde a Mauricio Macri. El oficialismo neutralizó el intento (ver aparte). El senador Morales le reprochó con ironía al jefe de Gabinete que al enumerar a los sectores piqueteros « olvidó mencionar a Luis D'Elía, que tiene relación institucional con sectores del gobierno». «Este señor -agregó el jujeño-es recibido por el ministrodel Interior y expresa que hay cuestiones políticas en la muerte de un piquetero y vincula con el hecho al ex presidente Duhalde; queremos saber cuál es la opinión oficial.»

En nombre del Interbloque Federal de provinciales, el renovador salteño Ricardo Gómez Diez escarbó en el mismo sentido y dijo que «D'Elía no encuentra nada mejor, en lugar de apelar a sus buenos contactos con el gobierno, que tomar una comisaría y destruir lo que había en su interior. Nadie quiere enfrentamiento, pero sin duda estas situaciones violentas nos perjudican a todos y hasta a los piqueteros, al gobierno y a la sociedad en su conjunto», concluyó el ex vice de Ricardo López Murphy.

«Nos preocupa que se avance sobre las comisarías. Podemos o no coincidir con el Presidente en que allí está la policía del gatillo fácil, pero si esto se hace público, a la gente no le queda otra alternativa que tomar las comisarías y hacer justicia por mano propia. No puede haber un Estado ausente en esta pelea del pueblo contra el pueblo»,
subrayó el radical Morales en otro pasaje de su intervención. Antes, su correligionario de Mendoza, Ernesto Sanz, se había quejado de la falta de una «relación madura Nación-provincias». «El gobierno está dilapidando un momento especial para hacer reformas estructurales, porque tiene todo el apoyo», golpeó Sanz, tras cargar contra los borradores de Coparticipación, el aumento salarial a los empleados estatales y el apuro por aprobar la Responsabilidad Fiscal que provocan cortocircuitos entre las partes y terminan de archivar cualquier discusión sobre la demorada Ley de Coparticipación. (Ver nota aparte.)

Antes del pataleo opositor, Alberto Fernández se dedicó a explicar las bondades de la estrategia del gobierno en relación con los piqueteros. «Se dieron cuenta de que el único método de protesta no era la toma de puentes y plazas, los cortes de calles y rutas», comenzó minutos antes de las 17. Con la advertencia de que sólo disponía de tiempo hasta las 19.30, siguió comentando que resultó fundamental el «apoyo del Estado» para permitir la reinserción en la vida laboral y la puesta en marcha de proyectos comunitarios.

«Los sectores más revulsivos terminaron aislados»,
sentenció y se dedicó a fustigar al «Polo Obrero, que es el brazo piquetero del PO, es decir, del trotskismo», y a «este señor que recorre canales de TV», en alusión a Raúl Castells. «Los demás se dieron cuenta de que no hace falta ocupar edificios públicos o casas que venden hamburguesas», señaló con sarcasmo.

A continuación, giró hacia las
«acciones foquistas, como las del grupo Quebracho». Aprovechó para embestir contra la prensa. «El ministro de Defensa me contó que el día que estos activistas entraron a hacer desmanes en el Edificio Libertador, se sorprendió porque parecía que los cámaras de TV estaban esperándolos», reveló el jefe de Gabinete. «Hay una responsabilidad social de los medios que van a presenciar delitos», concluyó.

También abordó el tema de la inseguridad:
«En algunos lugares el problema es innegable, por ejemplo, en el conurbano bonaerense, donde existe un contexto social de pobreza y fuerzas de seguridad no del todo suficientes por la superpoblación del Gran Buenos Aires», inició su alocución. «Sé del esfuerzo del gobernador Solá y del ministro Arslanian», admitió. «Dispuse un aumento del presupuesto para Justicia que permite incorporar 4.500 nuevos agentes para mejorar el patrullaje de la Capital Federal», se congratuló sobre su gestión.

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