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Alberto Fernández
En nombre del Interbloque Federal de provinciales, el renovador salteño Ricardo Gómez Diez escarbó en el mismo sentido y dijo que «D'Elía no encuentra nada mejor, en lugar de apelar a sus buenos contactos con el gobierno, que tomar una comisaría y destruir lo que había en su interior. Nadie quiere enfrentamiento, pero sin duda estas situaciones violentas nos perjudican a todos y hasta a los piqueteros, al gobierno y a la sociedad en su conjunto», concluyó el ex vice de Ricardo López Murphy.
«Nos preocupa que se avance sobre las comisarías. Podemos o no coincidir con el Presidente en que allí está la policía del gatillo fácil, pero si esto se hace público, a la gente no le queda otra alternativa que tomar las comisarías y hacer justicia por mano propia. No puede haber un Estado ausente en esta pelea del pueblo contra el pueblo», subrayó el radical Morales en otro pasaje de su intervención. Antes, su correligionario de Mendoza, Ernesto Sanz, se había quejado de la falta de una «relación madura Nación-provincias». «El gobierno está dilapidando un momento especial para hacer reformas estructurales, porque tiene todo el apoyo», golpeó Sanz, tras cargar contra los borradores de Coparticipación, el aumento salarial a los empleados estatales y el apuro por aprobar la Responsabilidad Fiscal que provocan cortocircuitos entre las partes y terminan de archivar cualquier discusión sobre la demorada Ley de Coparticipación. (Ver nota aparte.)
Antes del pataleo opositor, Alberto Fernández se dedicó a explicar las bondades de la estrategia del gobierno en relación con los piqueteros. «Se dieron cuenta de que el único método de protesta no era la toma de puentes y plazas, los cortes de calles y rutas», comenzó minutos antes de las 17. Con la advertencia de que sólo disponía de tiempo hasta las 19.30, siguió comentando que resultó fundamental el «apoyo del Estado» para permitir la reinserción en la vida laboral y la puesta en marcha de proyectos comunitarios.
«Los sectores más revulsivos terminaron aislados», sentenció y se dedicó a fustigar al «Polo Obrero, que es el brazo piquetero del PO, es decir, del trotskismo», y a «este señor que recorre canales de TV», en alusión a Raúl Castells. «Los demás se dieron cuenta de que no hace falta ocupar edificios públicos o casas que venden hamburguesas», señaló con sarcasmo.
A continuación, giró hacia las «acciones foquistas, como las del grupo Quebracho». Aprovechó para embestir contra la prensa. «El ministro de Defensa me contó que el día que estos activistas entraron a hacer desmanes en el Edificio Libertador, se sorprendió porque parecía que los cámaras de TV estaban esperándolos», reveló el jefe de Gabinete. «Hay una responsabilidad social de los medios que van a presenciar delitos», concluyó.
También abordó el tema de la inseguridad: «En algunos lugares el problema es innegable, por ejemplo, en el conurbano bonaerense, donde existe un contexto social de pobreza y fuerzas de seguridad no del todo suficientes por la superpoblación del Gran Buenos Aires», inició su alocución. «Sé del esfuerzo del gobernador Solá y del ministro Arslanian», admitió. «Dispuse un aumento del presupuesto para Justicia que permite incorporar 4.500 nuevos agentes para mejorar el patrullaje de la Capital Federal», se congratuló sobre su gestión.



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