20 de diciembre 2004 - 00:00

En un mes, Kirchner perdió seis batallas en el Congreso

José María Díaz Bancalari
José María Díaz Bancalari
La política de obediencia debida del Congreso a la administración Kirchner comenzó a mostrar fisuras en los últimos dos meses del año. Prueba de eso es que el propio bloque oficialista le retaceó finalmente seis leyes clave o realmente importantes de las que el Ejecutivo les había pedido.

Ninguna de las demoras o rechazos fue casual y, en general, todas tuvieron origen en choques políticos o ideas irreconciliables entre ambos poderes, lo que adelanta un mes de febrero complicado en el Congreso. Si bien el Senado anunció que intentará sesionar mañana para convertir en ley algunos de esos temas pendientes, esa opción parecía ayer improbable.

Fueron, en el mejor de los casos, venganzas puntuales de los diputados peronistas que, utilizando presión de la oposición, rechazaron o demoraron proyectos complejos. Pero la performance de los últimos 30 días de los diputados y senadores marcó un punto de inflexión en la lealtad que habían mantenido durante el año.

La sensación de cierto cambio en el comportamiento de la bancada PJ venía siendo anunciada desde hace tiempo por duhaldistas y los rebeldes del Barrio Chino; sólo los kirchneristas no lo percibían. No existe ya el apuro por cumplir a rajatabla cada uno de los pedidos del Presidente ni, mucho menos, aceptarlos sin introducir cambios, como venía sucediendo hasta noviembre. Y sí, por el contrario, en apurar cuestiones complicadas para la Rosada como el pedido de juicio político a Antonio Boggiano que se intentó frenar sin éxito desde el gobierno, por teléfono y personalmente, hasta último momento. Ahora, el clavo ardiente lo tienen los senadores, que ya no parecen dispuestos a defenderlo.

Similar fue el caso de la prórroga de impuestos. Kirchner quería contar con la recaudación garantizada del impuesto al cheque -aunque se haya prometido eliminarlo-, de Ganancias sobre reembolsos a exportadores y el tributo de 7% de emergencia sobre cigarrillos hasta 2007. Pero el radical Horacio Pernasetti contó con la complicidad de todo el PJ, menos kirchneristas, para reducir esa renovación a sólo un año, mientras dure la emergencia pública.

• Despegue

Hubo, además, un hecho en los últimos días que terminó de complicar la relación con el gobierno. Después de tres meses en que los duhaldistas bonaerenses habían bajado el nivel de conflicto interno del bloque con los diputados K y parecían dejar fuera del Congreso las disputas de su jefe con el Presidente, Felipe Solá apareció con su « despegue» de Duhalde en la provincia. Fue tal la reacción contraria a ese lanzamiento y la forma en que se realizó, que hasta José María Díaz Bancalari, abanderado de la obediencia a ultranza al Ejecutivo, pasó a ser el mal menor en el bloque PJ. «Como los bonaerenses tenemos que ocuparnos de enfrentar ahora a Felipe, el «Mono» baja de la categoría de enemigo», explicaba ayer con crudeza una diputada bonaerense.

Esa suerte de nueva unidad del duhaldismo en el bloque, motorizada por el «espanto» al gobernador de Buenos Aires, terminó profundizando los rechazos a
Kirchner como sustento político del «despegue» de Solá.

El resultado de toda esta mezcla de pasiones fue claro: .
Kirchner y Roberto Lavagna tienen que despedir el año sin haber terminado de sancionar el paquete antievasión II, que fue anunciado hace meses. Quedó pendiente un arma clave de esas leyes: los superpoderes a la AFIP que los diputados rechazaron en comisión por considerar excesivos al extremo en medio de una escandalosa reunión en la que Carlos Snopek, jefe de Presupuesto y Hacienda, se negó a aceptar modificaciones y siguió a rajatabla las órdenes del Ministerio de Economía y de Alberto Abad. Fue, hasta ahí, una clara muestra de cómo funciona la obediencia debida en el Congreso. Pero, esta vez, no funcionó. Todos los bloques, incluido el peronista, se negaron a tratar el tema en el recinto en el último día de sesiones.

• Peligra para el gobierno el proyecto que modifica
la tasa especial que se aplica sobre el gasoil para financiar mejoras, perfeccionamiento técnico -un regalo para Hugo Moyano-y subsidiar mejoras salariales en el transporte de cargas y pasajeros. Ese proyecto del gobierno fue modificado para que no haya una asignación específica que quede fuera de control y dejado para último momento. Es otra de las leyes que quedaron pendientes en el Senado como el marco regulatorio para el gas licuado de petróleo, la ley para bajar el precio a las garrafas.

• Ningún bloque quiso someterse a la división interna que supondrá votar la ley de Donante Presunto. Un fin como el que propone -declarar donantes a todos los argentinos si no declaran lo contrario-es visto como noble por algunos y peligroso por otros. Es un fracaso para Ginés González García que la espera desde hace un año.

• Felipe Solá perdió tanto o más como el presidente Kirchner en su relación con la bancada PJ. En una clara venganza, en complicidad con otras bancadas, el peronismo bonaerense consiguió frenarle su proyecto de desfederalización del delito de consumo y tráfico menor de drogas. Solá optó por no visitar más el Congreso para acelerar su sanción.

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