Para algunos, Eduardo Duhalde se hizo jaque a sí mismo: si prospera Néstor Kirchner, queda afuera del tablero; y, si fracasa el Presidente, lo arrastrará el derrumbe debido a que fue él quien lo inventó. Naturalmente, el bonaerense piensa de otro modo. Más bien, hace números: suma los diputados propios -no sólo el poderoso caudal de Buenos Aires, sino los que filtró en otros territorios provinciales- que ingresarán a la Cámara a partir de diciembre y le otorgarán un mayor poder político. O sea, una fuerza ineludible con la que cualquier otro dirigente deberá negociar. Léase Kirchner.
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De ahí la meditada espera, la calma y docilidad que les reclama a sus allegados frente al curso que imprimió el gobierno actual y la hipocresía de afirmar que le pone, como maestro, 10 puntos a su discípulo. Seguramente, la nota secreta es otra, más baja, ya que no está conforme por la forma en que éste le maneja el auto usado que le prestó en adjudicación directa el pasado 25 de mayo. Pero ahora no es su tiempo y, lector de encuestas, considera inconveniente oponerse cuando las cifras de adhesión a Kirchner son abrumadoras. Su tiempo para mover las tropas es diciembre o, más precisamente, a partir del momento en que finalicen las elecciones legislativas pendientes. Allí dispondrá, supone, de un dominio político más sustancial. Mientras, desde el pent-house bonaerense se pronunciará por la paz y el amiguismo, seguirá regalando notas como un profesor pródigo, al tiempo que el resto de los propietarios del edificio, en los pisos de abajo, arde de indignación (lo del pent-house también es relativo: la esposa del titular no oculta su ira con la nueva administración, agravada en los últimos días por las críticas tajantes a su anterior política social).
A pesar del 10 en el primer parcial, igual Duhalde no le concedió un pedido al díscolo alumno: le bloqueó la demanda a Kirchner por nuevas incorporaciones en la lista de legisladores provinciales y, al mismo tiempo, le exigió al mandatario que apoyara a todos los candidatos justicialistas en los comicios que restan. Inútil exigencia: el patagónico impulsa líneas o partidos opuestos (Gómez Diez en Salta, una fracción contra Marín en La Pampa, también en Tierra del Fuego y Misiones, a Ibarra en la Capital, o radicales en Chubut y Catamarca).
Esta falta de entendimientos generará conflictos posteriores, Kirchner por un lado y algunos dirigentes con Duhalde por otro (¿estarán en este bloque personajes como De la Sota, Reutemann, Menem, Marín?). • Inquietudes
Parece la ley de Murphy: lo que habrá de ocurrir, ocurrirá. Entretanto, Duhalde se inquieta por varios temas: la cuestión militar, la suerte de Roberto Lavagna -a quien imagina presionado sin razón desde la Casa Rosada-, el intento de captura de alguno de sus soldados (José María Díaz Bancalari como sucesor de Eduardo Cama-ño al frente de Diputados), quizás el final de otros plan-tados en la administración con plazo fijo a diciembre (Pampuro, González García, Fernández). No vaya a ser que se quede sin espías en la Casa Rosada. Tampoco le agrada el coqueteo del oficialismo con intendentes bonaerenses como Alberto Balestrini, una pica en el Flandes de La Matanza donde vota casi un millón de personas. De ahí que el mensaje al Presidente haya sido claro: queremos tu presencia en Buenos Aires, para hacer campaña, pero sólo en tres lugares, no vaya a ser que desembarque en sitios dudosos ofreciendo espejitos de colores.
• Epílogo
Este mosaico de desencuentros ocultado por frases de revistas del corazón, tipo «sólo somos amigos» o «no estamos separados» tiene inevitablemente un epílogo: fin de año. En esa fecha vence la Ley de Emergencia Económica -concedida por la crisis a Duhalde presidente (2002), continuadora de otras que antaño requería Domingo Cavallo-que le otorga al Ejecutivo poderes extraordinarios. Para renovarla, Kirchner requerirá de una mayoría que sólo será cierta si lo dispone Duhalde y, para entonces, si las encuestas no soplan tan a favor del santacruceño y persisten las incompatibilidades con los bonaerenses, difícilmente se conceda. Para que el gobierno se ejercite en forma más democrática y para que cada proyecto pase, laboriosa y penosamente, por el Parlamento. Y cueste un Perú. Una forma de explicar que Santa Cruz puede instalarse en la Rosada, pero si pretende gobernar tendrá que tomar el ramal de Lomas de Zamora, a la casa de un señor que hoy disfruta sumando el número de futuros diputados que tendrá bajo tutela. Como diría Saddam, esa ley de facultades extraordinarias será la madre de todas las batallas.
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