25 de marzo 2002 - 00:00

Enojos en el Parlamento

Humberto Roggero y José Luis Gioja estaban ayer de muy mal humor. Los presidentes de los bloques de Diputados y Senado se habían quedado en Buenos Aires, junto con la mesa de conducción de las bancadas, y en ningún momento recibieron un llamado desde la residencia de Olivos, aunque sea para informarlos de la marcha de la crisis. «Duhalde llamó sólo a Juan Carlos Maqueda y Eduardo Camaño, creyendo que con ellos va a manejar el Congreso», se quejaban. El enojo no es nuevo. Viene potenciado desde que Eduardo Duhalde firmó el decreto de vetos al Presupuesto 2002 sin consultar antes al Congreso.

A las discusiones se suman también las diferencias de criterio por la ley de «subversión económica», que el bloque PJ no quiere derogar sino sustituir por otra donde estén tipificados «los delitos de los banqueros», dicen.

Por eso, ayer se vivieron con mucho escepticismo en Diputados todas las alternativas sobre las medidas que implementará hoy el Banco Central: «Los resortes los tiene Remes. Fue ratificado. Si para ellos las cosas están bien, así será», decían en la mesa de conducción del peronismo.

Pero esta ironía tiene un precio para Duhalde: «El respaldo parlamentario es lo único que le queda y se le va a diluir desde esta semana», decía un justicialista anoche.

Detrás de la mufa contra el Ejecutivo, que está creciendo en el Congreso, hay un punto real: dentro del gobierno peronista, legisladores son los únicos que tienen en claro que Duhalde es uno más de ellos y por lo tanto no le tienen el respeto que le tendrían a un presidente electo.

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