Enviado del Vaticano, clave en el caso Baseotto
El próximo viernes llegará al país el arzobispo argentino Leonardo Sandri. Es el segundo de la Secretaría de Estado del Vaticano, sometida al trance sucesorio del cardenal Angelo Sodano, quien será reemplazado por su colega Tarcisio Bertone. La visita de Sandri será privada, pero es posible que se encuentre con autoridades del gobierno. Conversaciones que tendrán un tema principal: otro reemplazo, el del obispo castrense Antonio Baseotto, quien se jubila el año próximo. Néstor Kirchner está considerando una terna propuesta por el Papado para el reemplazo. Es posible que este fin de semana sirva para ajustar criterios y, tal vez, definir el nombre del nuevo asistente de los militares.
-
Mientras resuelve su conducción bonaerense, la UCR apunta al 2027 con un escenario de tres tercios
-
La agenda de Milei en Israel: visita al Muro de los Lamentos y encuentro con Netanyahu
Es posible que Caselli invite a Baseotto para la condecoración de Sandri. El vicario llegó a esa posición gracias a su impulso: son amigos desde la adolescencia y, dicen, hasta jugaban al fútbol juntos. El obispo no debería quejarse de la solidaridad que manifestó con él la Curia de Roma: lo sostuvieron a pesar del enfrentamiento entre Kirchner y el Vaticano, tan crudo que el Presidente evitó viajar a los funerales de Juan Pablo II (uno de cuyos últimos actos de gobierno fue avalar a Baseotto, precisamente a instancias de Sodano y Sandri). En aquellos días, el arzobispo que llegará el viernes ocupaba el centro de la escena: no sólo venía de presidir el «Angelus» en San Pedro cada vez que el papa Wojtila se veía impedido de hacerlo por razones de salud; también fue quien leyó el último mensaje del polaco ante una multitud reunida al lado del Tíber con motivo de su muerte.
Las razones del enfrentamientoentre Kirchner y el Papadono podían jugar más a favorde Baseotto. El obispo habíahecho una defensa de la doctrina católica en contra del aborto, sirviéndose de alegorías evangélicas como que «quien escandaliza a estos pequeños merece ser ahogado en el mar con una piedra atada al cuello» (lo que se interpretó de manera capciosa como un elogio de los «vuelos de la muerte» que se practicaban durante la represión clandestina a la guerrilla). Si estos entredichos podrían haber terminado con la carrera de Baseotto, Kirchner cometió un error grave: pretendió reemplazar por sí mismo al prelado, ignorando que la Iglesia fijó con los Estados el modo de designación y remoción de sus obispos, en la baja Edad Media, después de una querella con el Sacro Imperio Romano Germánico (conocida como «de las investiduras») que se prolongó entre los años 1073 y 1122. Si no dio el brazo a torcer durante aquel medio siglo, da la impresión de que el Papado podía seguir esperando a Kirchner. Aun cuando el Presidente enviara a su esposa a la Nunciatura a « ponerle a Bernardini los puntos sobre las íes». En vano la primera dama enumeró delante de Bernardini las homilías, anteriores a la referida al aborto, en las que Baseotto arengaba a sus feligreses militares en contra del santacruceño. El gesto hostil de Cristina tuvo su respuesta en Roma, cuando el «canciller» de Sodano, el cardenal Giovanni Laiolo, invitó a su colega Rafael Bielsa a retirarse de su despacho por sugerir que «ustedes podrían retirar a Baseotto de Buenos Aires y darle un destino aquí».
Sobre aquel entredicho podría darse una vuelta de página con este viaje de Sandri, aun cuando la salida de Baseotto habrá de producirse naturalmente, con su pase a retiro. Bertone presidirá una nueva etapa en la Santa Sede, donde Sodano se vio dominado, dicen, por una pizca de ese recelo contra los argentinos, que adquirió en sus destinos como diplomático, en Santiago de Chile (donde intervino para activar la mediación del cardenal Antonio Samoré, que evitó la guerra del Beagle) y, de joven, en Montevideo. Ahora a la Secretaría de Estado llega un hombre de otra condición, menos mundano, concentrado en los tratados de Teología, de la congregación de los salesianos. Bertone conoce la Argentina no sólo por el lugar que ocupó el país en la internacionalización de los hijos de Don Bosco. También porque estuvo en Buenos Aires el año pasado, invitado por la Universidad Católica de Salta. La visita permitió que almorzara con otros obispos y que, de paso, tomara contacto con el secretario de Culto Oliveri, el contacto oficial con el que casi seguro se verá Sandri cuando llegue, el próximo fin de semana.




Dejá tu comentario