11 de julio 2006 - 00:00

Enviado del Vaticano, clave en el caso Baseotto

El próximo viernes llegará al país el arzobispo argentino Leonardo Sandri. Es el segundo de la Secretaría de Estado del Vaticano, sometida al trance sucesorio del cardenal Angelo Sodano, quien será reemplazado por su colega Tarcisio Bertone. La visita de Sandri será privada, pero es posible que se encuentre con autoridades del gobierno. Conversaciones que tendrán un tema principal: otro reemplazo, el del obispo castrense Antonio Baseotto, quien se jubila el año próximo. Néstor Kirchner está considerando una terna propuesta por el Papado para el reemplazo. Es posible que este fin de semana sirva para ajustar criterios y, tal vez, definir el nombre del nuevo asistente de los militares.

El próximo viernes, con motivo de tener que bautizar a una sobrina, llegará al país Leonardo Sandri. Este arzobispo argentino es el secretario sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano. Algo así como su ministro del Interior. Se afirma entre los obispos locales que durante su estadía en Buenos Aires, además de presidir la liturgia familiar, se entrevistará con funcionarios del gobierno para liquidar de una vez por todas la «querella de las investiduras». Es decir, la sucesión de Antonio Baseotto, el vicario castrense, quien se jubilará el año próximo.

Sandri se desempeña en el gobierno del Vaticano a la sombra del cardenal Angelo Sodano, el secretario de Estado. Dicen que es su sombra. Es posible que esta condición haya precipitado su viaje. Sodano fue sustituido por Benedicto XVI. El anuncio se realizó con 3 meses de anticipación, para evitar que siguieran las intrigas en contra del sucesor: es el arzobispo de Génova, Tarcisio Bertone, un cardenal ajeno a la carrera diplomática pero de la máxima confianza del Papa, a quien secundó durante años en la Congregación para la Doctrina de la Fe como secretario.

  • Especulación

  • En este contexto, una de las especulaciones corrientes -en contra de lo que afirman sus amigos- es que Sandri deba dejar su lugar como parte de la reorganización general de la Curia Romana. Aunque esto no se vaya a producir de inmediato, debido al soporte técnico que requerirá Bertone, ajeno a la burocracia política del Vaticano. Si las cosas fueran así, sería razonable que quiera ir cerrando los trámites pendientes. Uno de ellos es el conflicto abierto con Néstor Kirchner por la permanencia de Baseotto al frente del Vicariato Castrense. En ese enfrentamiento Sandri fue el responsable de sostener las posiciones del Papado.

    El prelado llegará en viaje privado, ajeno al protocolo oficial. Apenas si le anticipó su viaje, por cortesía, a Carlos Custer, el embajador argentino ante la Santa Sede. Sin embargo, Sandri se verá con el nuncio apostólico Adriano Bernardini. También con el cardenal Jorge Bergoglio, quien está por regresar desde España en las próximas horas. Y es posible que se entreviste, de manera informal, con el secretario de Culto, Guillermo Oliveri. Con él podría examinar los nombres del sucesor de Baseotto. Dicen que ya hay algunos en danza pero los responsables por la designación los mantienen en secreto. Como es de práctica, el Vaticano propone una terna y el Presidente interviene en la designación con alguna opinión.

    Sandri participará también de otras ceremonias, de mayor perfil. Por ejemplo, recibirá una condecoración de la Orden de Malta, ofrecida por Antonio Caselli, el embajador de esa institución en Buenos Aires y por su padre, Esteban «Cacho» Caselli, también representante de la Orden pero en Perú. Caselli padre es amigo del arzobispo desde los tiempos en que éste era nuncio en Venezuela y él embajador de Carlos Menem junto a la sede pontificia. En esa condición estuvo cerca de Sandri cuando la hermana de este jerarca católico atravesó problemas de salud y debió ser internada en los Estados Unidos. El lazo se alimentó de otros episodios, menos lamentables: fue Caselli quien le comunicó a Sandri, desde Nueva York, que sería designado como secretario sustituto en la Secretaría de Estado. El embajador había asistido a la reunión entre Sodano y el cardenal Renato Martino, por entonces representante del Papa en la ONU, en la que se resolvió ese nuevo destino. De este modo, Sandri se hizo de otro amigo en la política argentina. Antes que los Caselli, su principal referencia eran los Trusso. El banquero, Francisco, antecesor de Caselli en la embajada ante la Santa Sede y dueño del Banco Comercial de La Plata, que quebró con escándalo. El hijo de Trusso, «Francisquito», supo pasar vacaciones en la casa del hermano de Sandri, en Miramar.

    Es posible que Caselli invite a Baseotto para la condecoración de Sandri. El vicario llegó a esa posición gracias a su impulso: son amigos desde la adolescencia y, dicen, hasta jugaban al fútbol juntos. El obispo no debería quejarse de la solidaridad que manifestó con él la Curia de Roma: lo sostuvieron a pesar del enfrentamiento entre Kirchner y el Vaticano, tan crudo que el Presidente evitó viajar a los funerales de Juan Pablo II (uno de cuyos últimos actos de gobierno fue avalar a Baseotto, precisamente a instancias de Sodano y Sandri). En aquellos días, el arzobispo que llegará el viernes ocupaba el centro de la escena: no sólo venía de presidir el «Angelus» en San Pedro cada vez que el papa Wojtila se veía impedido de hacerlo por razones de salud; también fue quien leyó el último mensaje del polaco ante una multitud reunida al lado del Tíber con motivo de su muerte.

    Las razones del enfrentamientoentre Kirchner y el Papadono podían jugar más a favorde Baseotto. El obispo habíahecho una defensa de la doctrina católica en contra del aborto, sirviéndose de alegorías evangélicas como que «quien escandaliza a estos pequeños merece ser ahogado en el mar con una piedra atada al cuello» (lo que se interpretó de manera capciosa como un elogio de los «vuelos de la muerte» que se practicaban durante la represión clandestina a la guerrilla). Si estos entredichos podrían haber terminado con la carrera de Baseotto, Kirchner cometió un error grave: pretendió reemplazar por sí mismo al prelado, ignorando que la Iglesia fijó con los Estados el modo de designación y remoción de sus obispos, en la baja Edad Media, después de una querella con el Sacro Imperio Romano Germánico (conocida como «de las investiduras») que se prolongó entre los años 1073 y 1122. Si no dio el brazo a torcer durante aquel medio siglo, da la impresión de que el Papado podía seguir esperando a Kirchner. Aun cuando el Presidente enviara a su esposa a la Nunciatura a « ponerle a Bernardini los puntos sobre las íes». En vano la primera dama enumeró delante de Bernardini las homilías, anteriores a la referida al aborto, en las que Baseotto arengaba a sus feligreses militares en contra del santacruceño. El gesto hostil de Cristina tuvo su respuesta en Roma, cuando el «canciller» de Sodano, el cardenal Giovanni Laiolo, invitó a su colega Rafael Bielsa a retirarse de su despacho por sugerir que «ustedes podrían retirar a Baseotto de Buenos Aires y darle un destino aquí».

  • Vuelta de página

    Sobre aquel entredicho podría darse una vuelta de página con este viaje de Sandri, aun cuando la salida de Baseotto habrá de producirse naturalmente, con su pase a retiro. Bertone presidirá una nueva etapa en la Santa Sede, donde Sodano se vio dominado, dicen, por una pizca de ese recelo contra los argentinos, que adquirió en sus destinos como diplomático, en Santiago de Chile (donde intervino para activar la mediación del cardenal Antonio Samoré, que evitó la guerra del Beagle) y, de joven, en Montevideo. Ahora a la Secretaría de Estado llega un hombre de otra condición, menos mundano, concentrado en los tratados de Teología, de la congregación de los salesianos. Bertone conoce la Argentina no sólo por el lugar que ocupó el país en la internacionalización de los hijos de Don Bosco. También porque estuvo en Buenos Aires el año pasado, invitado por la Universidad Católica de Salta. La visita permitió que almorzara con otros obispos y que, de paso, tomara contacto con el secretario de Culto Oliveri, el contacto oficial con el que casi seguro se verá Sandri cuando llegue, el próximo fin de semana.
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