Otra vez como en 1998, la mudanza de la ESMA se aproxima al fracaso por la falta de presupuesto. Luego de las instrucciones dadas por Néstor Kirchner al jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para asegurar que los institutos navales dispongan de un predio de similares características que los actuales, Aníbal Ibarra no encuentra el lugar ni cómo financiar el desplazamiento de enseres y equipos.
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Después del acto del 24 de marzo en la ESMA, el único paso concreto para cumplir con la orden presidencial fue un contacto entre los tres actores involucrados en la operación mudanza. El hecho: un almuerzo que se realizó en la Fragata Sarmiento, dos semanas atrás, para conocer las ideas de Ibarra acerca del traspaso del predio. En la ribera de Puerto Madero se dieron cita: el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; el titular del Gobierno porteño, Aníbal Ibarra; y el ministro de Defensa, José Pampuro, quien estuvo acompañado por el dueño de casa, el almirante Jorge Godoy que ofreció el buque museo para el encuentro.
El plato principal fue la premisa de que el traslado de los seis institutos educativos que funcionan en la Escuela de Mecánica de la Armada le costará al Estado por lo menos 100 millones de pesos, según estimaciones oficiales. Hasta ahora, Ibarra, flamante propietario de las 17 hectáreas, sólo logró desplazar al Centro de Estudios Nivel Secundario (CENS) N° 10 dependiente del área de educación metropolitana que funcionaba en la Escuela de Náutica, uno de los institutos ubicados en el predio de la ESMA.
• Tres escenarios
La tarea es complicada, los números en juego hablan en favor de Ibarra: se trata de ubicar a 5.000 alumnos, 498 docentes y alrededor de 600 oficiales y suboficiales del interior del país destinados en Buenos Aires, que actualmente se alojan en un pabellón del ex centro clandestino de detención que funcionó durante la dictadura militar. A pesar de las restricciones informativas dispuestas por algunos funcionarios públicos, se pudo conocer que Pampuro manejó tres escenarios en la negociación con Ibarra. Uno de mínima cuyo costo era de $ 50 millones; otro intermedio de $ 70 millones; y finalmente el que se aproxima al deseo de Kirchner (mudanza de todos los institutos), que ascendería a $ 120 millones. Alberto Fernández, en calidad de auditor, siguió el razonamiento de Pampuro sin musitar. En los dos primeros, las alternativas no satisfacían la continuidad del polo educativo naval como unidad de adiestramiento, ya que algunos institutos permanecían en el predio de la ESMA mientras que otros se mudaban de allí. El dato no es menor, pues Defensa sabe que la unificación de mando, control y actividad docente ahorra recursos, se elimina la duplicidad de esfuerzos y presupuestos. Los beneficios presupuestarios de la fusión de escuelas (de guerra de las tres armas) en un campus militar que se instalaría en la ESMA, fue mérito del entonces ministro de Defensa, Ricardo López Murphy. El proyecto siguió la misma suerte que la iniciativa política de Kirchner: se paralizó por falta de dinero para la mudanza. En la Legislatura porteña, la gente de Recrear estudia un proyecto de resolución, quieren que el Gobierno porteño garantice la continuidad del polo educativo naval con la misma calidad profesional y facilidades de adiestramiento que el de la ESMA. Imaginan con cierta maldad política que si el gobierno insiste con el traslado total de los institutos, parte de los gastos del erario porteño podría afrontarse con subsidios recortados a organismos de derechos humanos sostenidos por la Ciudad. El tema tiene sus complicaciones, en especial para la Escuela de Náutica: sus alumnos deben cumplir con estándares internacionales que obligan a capacitarlos en natación (implica disponer de una pileta) por disposición de la Organización Marítima Internacional (OMI).
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