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Cristina
Fernández
obtuvo ayer
de José Luis
Rodríguez
Zapatero lo
que no logró
del rey Juan
Carlos: una
foto oficial. El
primer
ministro
habló
además una
hora y cuarto
con la
candidata.
Según el comunicado, la Argentina expuso en la reunión «su programa de cambio dentro de la continuidad que está proyectando para la Argentina y su proyecto de elevar la calidad institucional y cívica del país». Se mencionó, más bien se recordó, finalmente que España «es el primer inversor extranjero en el país austral», al destacar que en la Argentina vive además «la mayor colectividad española fuera de nuestras fronteras, con unos 320.000 ciudadanos» y que «tanto el presidente del gobierno como la senadora y candidata Cristina Fernández han estado de acuerdo en destacar que el buen clima que preside en este momento las relaciones bilaterales facilita que se pueda sortear cualquier escollo que se interponga entre ambos países».
Desde el lado español, se dijo también que en la reunión se habló de «los fastos del Bicentenario de la Independencia de la Argentina, a celebrar en 2010» y coincidieron en señalar que, para la Argentina, «lo mejor está por llegar».
Después de reunirse con Zapatero, la candidata se vio con María Teresa Fernández de la Vega, quien le confirmó que en pocas semanas estará viajando a Buenos Aires (y al resto de la región, por cierto), y que en estas reuniones tiene previsto recibir «más precisiones» sobre los planes de gobierno de Cristina Fernández en el caso de que llegue a la presidencia. No hubo mayores precisiones sobre la información que la enviada del gobierno europeo quiere obtener en Buenos Aires. En realidad, no hacía falta. Las indirectas ya habían sido explicadas por Zapatero en el encuentro anterior.
Cristina Fernández, mientras abandonaba La Moncloa, dio instrucciones para que cuando Fernández de la Vega llegue a la Argentina sea recibida casi como una jefa da Estado. La senadora ya tenía el dato aportado por el embajador Carlos Bettini, sobre la importancia que tiene la funcionaria en el gobierno de Zapatero. Tiene el respeto de todo el partido socialista y de muchas empresas españolas, algo que con Felipe González tuvo sólo un Alfonso Guerra. Desde Madrid aseguraban que la próxima visitante es la interlocutora ideal para definir negociaciones futuras entre el gobierno español y el argentino.
Cuando la enviada esté en Buenos Aires, tendrá una larga reunión con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y con el Presidente.
Después de un breve descanso en el hotel, hubo más encuentros formales, pero más distendidos. La vicepresidenta del gobierno español fue anfitriona de Cristina Fernández en uno de los restoranes más típicos de Madrid.
Hoy, el panorama es menos complejo para la primera dama. Se espera que estará plagada de fotos aptas para la campaña local. Primero participará de un homenaje a las víctimas de los atentados del 11 de marzo de 2004 y después asistirá a un almuerzo con empresarios españoles con intereses en la Argentina. Luego de esa actividad, por último, la senadora y candidata presidencial visitará la sede de la Secretaría General Iberoamericana, tras lo cual emprenderá su regreso hacia Buenos Aires desde el aeropuerto de Barajas, en Madrid. En el medio está en agenda un encuentro, aún por confirmar, con el líder de la oposición, el presidente del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy.




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