26 de septiembre 2005 - 00:00

Esperable: Cavallo se bajó de la candidatura

«Dejo de ser candidato para convertirme en el discurso que necesitaremos a partir del 24 de octubre próximo.» Este fue el final del comunicado que emitió el viernes Domingo Cavallo, renunciando a ser candidato del partido Acción por la República. Tan postergado parecía Cavallo para la clase política en particular y los porteños en general que lo primero que se pensó, con malicia, era que su reaparición era funcional al gobierno porque disputaría una franja electoral similar a la que votará a Mauricio Macri. Como él mismo dice, se constituyó siempre en «una alternativa que merece ser escuchada».

Sin embargo, lo primero que el ex ministro de Economía de Carlos Menem y Fernando de la Rúa advirtió fue que el conjunto de la sociedad porteña no lo recibía como al hijo pródigo, después de su estancia en Estados Unidos. No sólo los porteños se mostraban indiferentes sino que tampoco en su partido era recibido con alegría. Por lo general, las candidaturas partidarias son producto de una militancia, de un liderazgo, de un trabajo político previo y continuado. Y Cavallo ya venía afirmando -y este diario lo recogió en un desayuno universitario- que no existía electoralmente frente al arco de candidatos lanzados. «No me votará nadie», fue la insólita confesión escuchada.

«He encontrado varios obstáculos: por no figurar en el padrón electoral de la Capital Federal, la Justicia ha dispuesto que mi esposa Sonia Abrazian, no puede acompañarme», dice en su comunicado. En realidad tampoco Cristina Fernández de Kirchner tiene domicilio en territorio bonaerense sino en Río Gallegos y nadie le impidió ser candidata.

Cavallo
además agrega una nota que agrava ese desamparo y cierta dosis de ingenuidad, impensada en un hombre con sus antecedentes: «Mi propio partido obstaculizó la presentación de una lista de candidatos jóvenes a la Legislatura de la Ciudad. Carecemos de los recursos necesarios para imprimir los votos y organizar el control del día de la elección». Y es imposible no reconocer que si el partido no lo acompaña, carece de recursos para encarar la campaña y ni siquiera puede imprimir las boletas, amén de ser olvidado por los porteños, lo mejor que puede hacer es dar un paso al costado.

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