Excusas y valiosas lecciones de las mil páginas de Clinton
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Portada de la autobiografía de Bill Clinton
•Centro
El caso de Clinton es otro de los éxitos electorales del centro político, que el demócrata peleó a partir de los postulados de la tercera vía. Mientras gobernaba Arkansas, fue calificado por un rival interno como el mejor amigo de Wall Street, toda una injuria para los demócratas. «Me acusan de 'republicano descafeinado... Tenemos que ser amigos de Wall Street y de Main Street», respondía Clinton al defender programas de rebaja impositiva para la clase media.
El libro logra finalmente hacer transitar al lector por los laberintos de las grandes decisiones, cuando se anima a narrar, con cierto detalle, los febriles encuentros de Camp David con Yasser Arafat y Ehud Barak en 2000, que derivaron en una de las mayores frustraciones del siempre frustrado proceso de paz. Se pueden conocer en esas páginas los factores psicológicos que influyeron en ambos lados, los caprichos, los miedos de líderes acosados por extremistas de sus países, y una impensada relación amistosa entre negociadores israelíes y palestinos.
Un detalle: «A veces me parecía que Arafat estaba confuso, y que no dominaba completamente los hechos».
• Decepción
Además, el ex presidente reitera un consejo para los políticos a raíz de la «decepción» que le provocó que Barak estuviera tan pendiente de las encuestas. «En política exterior, las encuestas a menudo no sirven para nada... Si fracasaba, los pocos días con resultados positivos en las encuestas se los llevaría el viento...»
Dice Clinton que previó que la amenaza de este siglo sería Al-Quaeda. El pronóstico certero se tradujo poco en su acción de gobierno. A su administración le caben tantas culpas como a la actual por las graves fallas en los servicios de seguridad para prevenir el 11 de setiembre, según la comisión investigadora bipartidaria que evaluó el tema.
En la faz personal, «Mi vida» dedica centenares de páginas a una infancia dramática debido a un padrastro violento, a aquel niño gordito que se cansaba al correr, o a la versión temprana de un joven posmoderno, que dejó un tendal de chicas «por el miedo al compromiso» en las épocas de estudio en Oxford ( Inglaterra) y Yale. Eran los años en que por «convicción» o « cobardía» logró eludir Vietnam. El demócrata parece no tener claro tampoco ahora qué lo llevó a evitar la guerra. En todo caso, quien escribió es un hombre «que ama la verdad y se esconde a veces en la falsedad... Ni tan bueno como mis seguidores creen, ni tan malo como mis críticosmás acérrimos afirman».
Como muchos infieles a los que se les da otra oportunidad, Clinton se ve en la necesidad de sobreactuar los elogios hacia su pareja. Probablemente, ante la pesadilla que vivió cuando casi pierde matrimonio y la Presidencia por uno de sus affaires, Clinton tomó real dimensión de los valores de Hillary, únicos para él, y superiores a los de Monica Lewinsky para el resto de la humanidad.
Cada vez que Hillary Rodham es nombrada, el ex mandatario se ve en la necesidad de expresar cuánto la admira y cuánto le debe en lo personal y profesional. No es que la actual senadora no se merezca los elogios y las disculpas, pero sería más atinado que se los reservara para el cara a cara de cada mañana, sobre todo ahora que pudo volver del sillón a la cama. Además, menos alabanzas hubieran sido una forma de ahorrar algunas líneas a un volumen que tiene 1.146 páginas. Una (auto) biografía no debe caer en el error de transcribir un diario personal, ni siquiera íntimo, como por momentos ocurre con «Mi vida».
Algunos ex presidentes que estiman que su gestión marcó un hito histórico, creen que deben repartir bendiciones en sus memorias. Entonces, cada persona nombrada, desde vecinos de la infancia hasta presidentes de otros países, recibe algún concepto casi siempre laudatorio, que sólo importa al mencionado. Aunque los tiene, hubieran sido bienvenidos más detalles que develaran algo más de la trama menos pública del Gran Poder.
Sebastián Lacunza




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