19 de septiembre 2002 - 00:00

Farinello no deja hijos en el Polo

Un pequeño grupo de dirigentes del Polo Social se quejó ayer amargamente por la decisión del cura Luis Farinello de reintegrarse a sus funciones parroquiales en la diócesis de Quilmes. De pronto descubrieron que, desaparecido de la militancia partidaria el peculiar y mediático sacerdote, perdían lo más importante de su identidad, fuertemente contaminada hasta ahora por este cura de antecedentes tercermundistas en los años '70.

El Polo Social, construcción política contestataria que capitalizó las protestas del ahora silencioso piquetero Luis D'Elía -elegido diputado provincial por la Tercera Sección bonaerense (La Matanza)-, con la renuncia de Farinello se quedó sin el referente más importante.

En realidad, lo único que pasará es que el Polo Social tomará el camino de otras agrupaciones políticas que han vivido, o viven, parecidas situaciones. Producto de haber sido edificadas interesadamente en derredor de una figura excluyente y sólo para la obtención de bancas legislativas. ¿O los del Polo Social creen que la suerte de Acción por la República, que lideró Domingo Cavallo -ahora residiendo en Nueva York-, será distinta? ¿O los del Frepaso porteño, que usaron a Carlos Chacho Alvarez como orgulloso mascarón de proa para obtener sus bancas, en una alianza con la UCR -convertida en mala palabra la «alianza»-, que ahora ni los consulta, ignorándolos? ¿O las huestes del MODIN de Aldo Rico, que no logran alzar la cabeza no obstante el esfuerzo militante? El PI de Oscar Alende y la UCeDé de Alvaro Alsogaray se mantienen a duras penas gracias a algunos contenidos en materia de ideas que les permite sobrevivir a quienes fueron sus fundadores.

Cavallo
llegó a presidir un bloque de más de 10 diputados, de los que hoy sólo quedan 4: José Luis Fernández Valoni, Guillermo Alchouron, Marcelo Dragan y Guillermo Cantini. ¿Dónde están el inestable Franco Caviglia, Fernanda Ferrero, Arnaldo Lamisovsky, Alfredo Castañón, Jorge Baldrich y César Albrisi? Para no citar a quienes llegaron a una banca desde partidos asociados y ahora toman prudente distancia. Ya saben que el tractor marca Cavallo no arrastra más nada, cuando en mayo de 2000 -hace apenas poco más de 2 años-disputaba con Aníbal Ibarra la Jefatura de Gobierno de la Ciudad.

En el Frepaso porteño y en el bonaerense, las cosas no son mejores. Diputados como Darío Alessandro y Nilda Garré -de furiosa moda en diciembre del '99, al punto que a él le decían «el clon» de Chacho- es lo único que queda del chachismo porteño; y en la Legislatura bonaerense las bancas de diputados y senadores van camino de quedar vacías. Dirigentes como Graciela Fernández Meijide o Mary Sánchez se dedican a visitar a sus hijos y nietos, olvidadas, convertidas en mansas y jubiladas abuelitas. Más aún, las hilachas de lo que fue el Frepaso bonaerense las terminó separando de la conducción político-partidaria. Se convirtieron en un pesado lastre. ¿Ibarra buscará su reelección con la boleta del Frepaso? Legisladores porteños como Roque Bellomo, Sandra Dosch, Marcelo Vecentini, Laura Moresi y Eduardo Peduto -lo que quedó, 5 sobre 60- ¿buscarán su reelección también con una lista del Frepaso? ¿Sin Chacho, sin Graciela y sin Fernando de la Rúa, en una Alianza triunfal que en el '99 se llevaba todo por delante?

El MODIN de Rico -hoy intendente del PJ en San Miguel y pieza clave en el armado bonaerense de Adolfo Rodríguez Saá-, en su momento influyó de manera decisiva en la reforma de la Constitución de la provincia de Buenos Aires encarada por Eduardo Duhalde. Gracias al número de legisladores provinciales y de diputados constituyentes del MODIN, Duhalde pudo ser reelecto en el '95, algo que Antonio Cafiero en el '91 no pudo lograr. Un ex carapintada, el teniente coronel (R) Enrique Venturino, intenta resucitar ese MODIN en la Capital Federal postulándose él mismo como candidato a jefe de Gobierno. Pero no marca, en las encuestas no existe. El líder que motorizaba esa sigla, Rico, ya no está. Como Chacho Alvarez y como el cura Farinello.

Consejo

Este cura, activo militante del tercermundismo en los '70, ya había adelantado su decisión de apartarse de la «política partidista». Después de la muerte del obispo Jorge Novak, que lo protegió, la llegada del nuevo jefe diocesano de Quilmes marcó el fin de la carrera política de Farinello. Monseñor Luis Stokler le aconsejó retomar los hábitos religiosos en su parroquia.

«
La decisión adoptada por el nuevo obispo de Quilmes, monseñor Luis Stokler, por cierto absolutamente incomprensible para gran parte de nuestra militancia, de retirar el permiso de acción político-electoral y su participación en cargos partidarios de nuestro único referente, el padre Luis Farinello, coloca a nuestro movimiento en circunstancias difíciles y complejas», señaló el documento de la conducción del Polo Social.

En una inhabitual confesión, los dirigentes sostuvieron que «
los referentes públicos nacionales y provinciales -Francisco Gutiérrez, Daniel Carbonetto y Juan Carlos Añon, entre otros- no cuentan con la instalación necesaria para emprender una lucha que sólo constituiría una aventura».

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