El cura Luis Farinello confirmará hoy en Mar del Plata que no hará una campaña testimonial en la provincia de Buenos Aires: el sacerdote quiere pelear por un cargo que puede llegar a conseguir, una banca en Diputados, y no la Senaduría, de la cual se considera excluido aun antes de presentar batalla. Durante el primer acto del Polo Social de la temporada, clamará al mediodía por el corte de boleta a los veraneantes, mientras reparte bendiciones y panfletos.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
A pesar de que se había mencionado la posibilidad de que se postulara a la renovación del Senado, la polarización que sufrirá ese rubro en la provincia por el duelo entre Eduardo Duhalde y Raúl Alfonsín deja sin margen la variante «Farinello senador». No es cuestión de malgastar energías en vano.
El factótum del Polo espera sacar rédito de esa puja, en lugar de ser una víctima. Ya basta con sentirse víctima del sistema capitalista. Por un lado, imagina que podría capturar muchos votantes desencantados con la Alianza pero que todavía simpatizan con el ex presidente radical. En tren de lucubraciones, sostiene que cosechará entre coterráneos desilusionados con Graciela Fernández Meijide.
Con un perfil cercano al chachismo embrionario (para copiar el modelo del Frente Grande sumó a Moisés Fontela, fundador del grupo de los 8) y a la versión más progresista del alfonsinismo, Farinello repartirá tijeras con la intención de que la boleta de Diputados que él encabezará termine acompañando en el cuarto oscuro a la de Alfonsín.
Resulta paradójico que apueste a esta fórmula y no a birlarle sufragios al PJ, cuando está rodeado de varios peronistas como el economista Daniel Carbonetto (hombre de consulta del cegetista Hugo Moyano); el ex ministro de Antonio Cafiero, Floreal Ferrara; el diputado disidente Juan Domingo Zacarías -que también coquetea con Elisa Carrió y Alfredo Bravo- y el combativo Jorge Reyna, dómine del Frente de la Resistencia, entre otros.
Proximidades
Los farinellistas del justicialismo no ocultan que están más próximos a Duhalde que a Carlos Menem, respecto del cual se ubican en las antípodas. Sin embargo, reconocen que el marketing del Polo Social los emparenta con el discurso de fines de los '80 de Carlos Chacho Alvarez, el más añejo de Alfonsín y, en consecuencia, del sector izquierdo de la «entente» UCR-Frepaso.
El cura ya cuenta con dos personerías políticas -Democracia Cristiana y Frente de la Resistencia-para montar una alianza electoral. Por supuesto, tiene un leitmotiv lo suficientemente amplio para concitar adhesiones en la oposición: luchar contra el modelo neoliberal.
Le falta ahora coordinar un programa con propuestas y armonizar la convivencia del Polo, donde se refugiaron desde los caudillos de la DC que rompieron con radicales y frepasistas, hasta pastores evangélicos que simpatizan con el ecumenismo farinellico, pasando por el socialista Antonio Cartañá (ex ombudsman porteño) y los peronistas radicalizados de Reyna. Cuando llegue la hora de discutir una plataforma, se harán sentir las diferencias entre fuerzas tan heterogéneas. Ahí reside la mayor debilidad del frente en gestación.
La chance de que acaben unidos al ARI, el núcleo que lideran la radical «rebelde» Carrió y el socialista democrático Bravo, reforzará el perfil filo-alfonsinista, pero ahondará las discusiones de entrecasa.
Dejá tu comentario