23 de septiembre 2005 - 00:00

Final de juicio a Boggiano. El 28 lo separan de la Corte

El Senado asistió ayer al alegato final de un Antonio Boggiano que, con voz quebrada, pidió que lo dejen en la Corte. El tramo final del juicio que le promueve el mismo peronismo que lo puso en el tribunal le dio al magistrado una señal clara de que el Congreso lo separará: no hizo lugar a medidas de prueba, le cortó la posibilidad de ejercer la propia defensa y hasta lo agravió con una sesión en la que por momentos casi se vació de senadores. Una muestra de desinterés en escuchar argumentos de quien defendía su cargo. La fecha de votación de la separación quedó confirmada para el próximo miércoles. La acusación política es que ejercieron una mayoría automática en causas de interés del anterior gobierno peronista. Hay reproches técnicos a las decisiones de este magistrado en cesiones de pagos millonarios a empresas; también políticos, al cambio de opinión en materia de pesificación para favorecer al nuevo gobierno. Pero lo grave es que se consagra la idea en el país de que cada gobierno quiere su Corte.

Cristina de Kirchner cuchichea junto con sus asesores detrás del acusado juez de la CorteAntonio Boggiano, antes de comenzar la jornada de alegatos de abogados y del propiomagistrado. Le pusieron fecha de sentencia.
Cristina de Kirchner cuchichea junto con sus asesores detrás del acusado juez de la Corte Antonio Boggiano, antes de comenzar la jornada de alegatos de abogados y del propio magistrado. Le pusieron fecha de sentencia.
Pocos imaginaban que al ministro de la Corte Suprema de Justicia, Antonio Boggiano, podía escapársele una lágrima para defender los años que lleva en el Tribunal. El juez supremo utilizó toda su sabiduría jurídica para romper la ya inflexible posición que tiene el Senado de destituirlo como miembro de la Corte.

En su última batalla, el magistrado hasta denunció que un senador -al que no identificó- votará en su contra por el fallo en el que firmó la inconstitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

«He aquí la causa de la gravedad de este juicio político. Cada senador podría votar por un móvil político sin tener en cuenta si la acusación tiene mérito o no. Así es fácil sacar a un juez, acusándolo de cualquier cosa y condenándolo por cualquier otra»,
sostuvo Boggiano.

El alegato del ministro fue el último de una sesión a la que no se le prestó demasiada atención, a pesar que se trataba de la continuidad de un miembro del máximo tribunal de Justicia del país. Durante el tiempo que demandó el cónclave hubo más senadores ausentes (43) que presentes (29). Sólo se registró un leve empate 36 a 36, cuando Boggiano iba terminando su alegato. Quizá el momento más emotivo que protagonizó el cortesano, señalado como el quinto integrante de la «mayoría automática» del menemismo.

«Me siento completamente libre de todas las acusaciones que se me hicieron en este juicio político. Quedo en manos de este Honorable Senado y de Dios»,
dijo con voz entrecortada. Su rostro escondió la lágrima que rodó por su mejilla.

Boggiano
, acusado por presunto «mal desempeño» en los casos Meller, Macri y Drogonetti de Román, utilizó 20 minutos para pedir a los senadores que «reflexionen» sobre la decisión que tomarán la semana próxima.

• Estrategia defensiva

En ese tiempo desplegó toda su estrategia defensiva para descalificar los argumentos que elaboró el tucumano Ricardo Falú para removerlo de su cargo. Lo hizo sobre tres ejes: la defensa de los derechos humanos, la independencia del Poder Judicial y la defensa de la libertad del juez.

Así deslizó la teoría de la persecución política, al refrescar que desde hace cuatro años los integrantes de la Corte Suprema están siendo sometidos a juicio político.

«Esa situación -dijo- deja la impresión razonable de que no queda ninguno.»
Y arenga: «Si reina un sistema de juicio telefónico no hay estado de derecho».

También envió un mensaje a los gestores que en las últimos días procuraron su renuncia para evitar levantar la mano a la hora de condenarlo. A esos «enviados» y a los senadores presentes, Boggiano explicó que «no he renunciado por defender la dignidad inalienable de la conciencia de un juez». Y calificó su juicio político como «irrazonable» e «inconstitucional».

«Tengo la obligación de oponerme a una arbitrariedad. Una condena sería un abuso aberrante»,
sostuvo el supremo, quien no dudó en señalar que la intención «es silenciarme y hacerme desaparecer políticamente».

Además de cuestionar el proceso, Boggiano volvió a enfatizar que un juez no podía ser echado de su cargo por el contenido de su sentencia, muchos menos por una ideología, en clara alusión a las insistentes afirmaciones sobre su pertenencia al grupo católico Opus Dei.

El juez se encargó de avisar que hizo circular su caso por el mundo y les recordó a los escasos senadores presentes sobre el daño institucional que generaba este juicio político:
«En una república democrática tener poder no da derechos, implica deber», aleccionó.

En esa línea consideró que este proceso derrama sus efectos sobre la actual Corte Suprema y puede afectar su credibilidad.

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