Finalmente Duhalde tendrá el 1 de marzo ansiada "plaza del sí"

Política

Finalmente Eduardo Duhalde se dará el gusto y tendrá «su» plaza. No la de Mayo, que esperará para algún momento más alentador, sino la del Congreso: el 1 de marzo, cuando a las 12 esté ante la Asamblea Legislativa pronunciando el discurso de apertura de sesiones ordinarias, en la puerta del palacio estarán los movilizados del conurbano, que se contarán por miles, vivando su nombre.

Este es el proyecto que más entretiene a los íntimos del presidente designado, quienes sólo temen que un percance los frustre en su intención de agasajar a «Negro»: que otra vez algún obispo conciliador, llámese Jorge Casaretto o, un nivel más abajo, Osvaldo Musto, desalienten la concentración alegando la «concertación». En efecto, cuando hace un mes Duhalde quiso escuchar al coro del conurbano bajo el balcón de la Rosada, estos dos prelados lo amonestaron con un argumento bastante lógico: «Si nos pide que hagamos un esfuerzo de unidad nacional con todos los sectores, no se ponga usted al frente de un bando». Es de suponer que la empresa encarada por Casaretto y por el diplomático Carmelo Angulo no tenga demasiado tiempo de vida ya que tanto a la Iglesia como a las Naciones Unidas (uno de cuyos programas representa Angulo) les resultará cada vez más costoso permanecer en la foto oficial, aun cuando sea en el rol de mediadores. Además, tanto el obispo como el diplomático -uno por católico, el otro por españolcreen hacer hecho todo lo que se esperaba de ellos ayer: en las 77.000 misas celebradas en 23.000 iglesias españolas se recaudaron u$s 5 millones que se destinarán a «asistir a los argentinos que padecen una situación dramática».

En rigor, la idea de convocar a hombres y mujeres del segundo cordón del conurbano a la plaza del Congreso no tiene que ver con ningún estado de euforia en que haya entrado el duhaldismo. Más bien lo que pretende el gobierno es que Duhalde no tenga que visitar el palacio de Entre Ríos y Rivadavia desafiado por piqueteros, desocupados, Movimiento Teresa Rodríguez, clasistas y combativos y cualquier otra expresión de disidencia de las que proliferan ahora en un paisaje que antes era exclusivamente peronista. «Tenemos que llenar la plaza antes de que la llenen ellos» es la consigna del oficialismo, que se siente incomprendido en este punto por las reconvenciones de los obispos.

•Tolerancia

De no intermediar esas contraindicaciones episcopales, Duhalde seguirá entonces adelante con la plaza. Deberá tolerar críticas, claro, de quienes querrán solamente contrariarlo: le contarán los micros, los tetrabrick que se repartan, el costo de una recluta que se realiza habitualmente ofreciendo alguna recompensa individual, generalmente en dinero.

La idea de realizar una manifestación pública es connatural al duhaldismo. Ya lo intentaron, como se recordó, los intendentes del conurbano. El metalúrgico Hugo Curto es quien más presiona, con la autoridad de quien se siente casi dueño del gobierno: «Si no era porque yo comencé a apretar en lo de (Hugo) Toledo, Duhalde no se tiraba a la pileta porque le tenía miedo a la presidencia», suele comentar el ex tesorero de la UOM e intendente de Tres de Febrero. Con menos pasión, es cierto, también el senador por Entre Ríos, Jorge Busti, sugirió una aglomeración oficialista.

La presión del aparato bonaerense volvió a hacerse sentir este fin de semana. Sin embargo, todavía queda una duda: si involucrará solamente al PJ o también se sumaran los radicales. Del idilio que protagonizan los hombres de la UCR bonaerense con Duhalde no deben darse demasiados detalles. Bastó el discurso de Raúl Alfonsín identificando al actual gobierno con la democracia misma (desde su propia gestión, en 1983, no se mostraba tan generoso con una administración). Sin embargo para que esa adhesión se traslade a todo el radicalismo deberían precipitarse algunas novedades antes del 1 de marzo.

•Cooperativa

Sucede que Felipe Solá, el nuevo gobernador de Buenos Aires, no quiso hasta ahora reproducir la cooperativa que Duhalde, sin llamar demasiado la atención, fundó en La Plata: un sistema de poder en el que el PJ gobernaría y la UCR y el Frepaso participarían proporcionalmente de recursos, designaciones y otro tipo de canonjías. Esta reticencia de Solá se agregó a la que ya venía manifestando con los diputados provinciales que encabeza Osvaldo Mércuri. Estos reaccionaron mal ante la indiferencia del gobernador, sobre todo cuando comenzó a designar a algunos integrantes de la bancada sin consultar a su cúpula (la integran también Juan Garivotto e Isidoro Lazo). Debió intervenir el propio Duhalde para serenar los ánimos entre el Ejecutivo bonaerense y la Legislatura, sin que se sepa todavía si no fue él mismo quien había estimulado la irritación.

Solá recompuso por unos días la relación con el PJ legislativo y se supone que hará méritos ofreciendo la logística provincial para que la plaza tenga toda la gente que tiene que tener según el deseo de Duhalde. Pero queda abierta la incógnita radical. El jueves de la semana pasada, Federico Storani, presidente de ese partido en la provincia, hizo entrar en razones al gobernador sobre la conveniencia de restablecer la cooperativa. «Tenés que hacer lo que hace Duhalde en la Nación, repartir el poder, mostrarte generoso con nosotros. Porque no tenés manera de zafar del destino de Duhalde porque antes que el país se te va a incendiar la provincia.»

Al parecer, por las reuniones que se sucedieron con radicales y frepasistas, Solá admitió la propuesta y estaría dispuesto a mostrarse más generoso con los radicales. Si estos gestos -que están en las antípodas de la reforma política que tanto se declama-se hacen efectivos antes de fin de mes, es posible que en la plaza del Congreso flameen también banderas de la UCR, en especial las de Storani, Alfonsín y, sobre todo, Leopoldo Moreau, a quien cariñosamente los legisladores provinciales llaman «Pampurito», porque defiende la política de Duhalde casi con tanta devoción como el jefe del área presidencial, José «Pepe» Pampuro.

•Financiamiento

Todavía no se resolvió, sin embargo, de dónde saldrá el dinero para llevar adelante el emprendimiento. Los radicales adelantaron que «no cuenten con nosotros, apenas si podremos llevar a algún afiliado a nivel testimonial». Es que la plaza no sale gratis. Para movilizar 50.000 personas, Duhalde requerirá de 1.000 colectivos que, a $ 250 cada uno, cuestan $ 250.000. El resto, comida, algo de vino, un estímulo en pesos o patacones, duplica la cifra y pone el costo de la operación en $ 1.000.000. «¿De dónde vamos a sacar la plata?», preguntó un puntero que recibió en la Casa Rosada una respuesta fulminante: «¿Cómo de dónde? ¿Este no es un gobierno bonaerense?». El 1, en la plaza, deberán demostrarlo.

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