El ministro Daniel Filmus; el secretario de Cultura, José Nun; y el embajador de Israel, Rafael Eldad, participaron anoche de la celebración de Janucá, una de las fiestas más alegres del calendario judío. Fue en la plaza seca ubicada en el interior del edificio de la AMIA ante un público que rondó las 500 personas.
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El miércoles al atardecer en la plaza Manuel Belgrano y un día antes en la que está frente a «Canal 7», dos de las corrientes de la religiosidad judía también tuvieron sus fiestas públicas: el martes fue el turno de los ortodoxos de Jabád Lubavitch, con la presencia de empresarios como Eduardo Elsztain y los titulares de AMIA (Luis Grynwald) y la DAIA (Aldo Donzis), que obviamente también estuvieron anoche en la sede comunitaria.
Un día más tarde, en el barrio de Belgrano, los rabinos Sergio Bergman y Alejandro Avruj cooficiaron ante unos mil feligreses y a un número similar de no judíos que recorrían la feria de ese paseo público. La presencia de Bergman -que improvisó un breve discurso en el que recordó la gesta de los macabeos y llamó a emularla para recuperar el sentido cívico en la sociedad argentina-fue tan convocante como la llamativa ceremonia del encendido de las velas.
Milagro
Janucá, cabe apuntarlo, recuerda un milagro: cuando los macabeos (luchadores por la libertad del pueblo judío) recuperaron en el año 165 a.C. la ciudad de Jerusalén de manos del imperio grecorromano, encontraron que en el Gran Templo había aceite «kasher» para encender el candelabro («menorah-») sólo para un día, y que harían falta otros siete para transportar más óleo sagrado. Sin embargo, el aceite duró ocho días hasta que llegó el nuevo cargamento.
Por eso se encienden ocho velas durante otros tantos días consecutivos (empezando con una el primero y cerrando con ocho el último), al caer el sol.
Las candelas deben colocarse en las ventanas de las casas o en el exterior para llevar luz al mundo. A diferencia de la « menorah», el candelabro de esta fiesta (llamado «janukiá») tiene nueve brazos: uno para cada vela y un noveno para la vela «piloto» (llamada « shamash») con las que se encienden las otras ocho.
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