30 de marzo 2004 - 00:00

Galería de guerreros en la interna Kirchner vs. Duhalde

En la guerra interna que se libra en estos días en el PJ aparece todo tipo de motivaciones: las de política de mediano y largo plazo, que suponen distintos proyectos de poder. También las refriegas personales, alimentadas por rencores más o menos antiguos. Cada uno de los actores pelea su propia batalla, y se notan ya retrocesos y avances en el tablero.

NESTOR KIRCHNER

Como en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, volvió a mostrarse un campeón del doble discurso. Después de afirmar que no le interesa el PJ ni las reuniones de gobernadores, involucró a todo su gobierno pidiendo renuncias de mandatarios e hizo participar a su esposa en la «pelea de alta peluquería» que describió Aníbal Fernández. Kirchner busca armar un consejo partidario con sello propio. Así como Carlos Menem tenía allí a Eduardo Bauzá, Eduardo Menem, Alberto Kohan, César Arias o Ricardo Romano, él sueña con colocar a Alberto Fernández, Carlos Kunkel, Oscar Parrilli e, inclusive, a su propia esposa. Claro, los caudillos del peronismo no lo perciben todavía como a Menem, quien ganó las internas de 1988 y las elecciones de 1989 antes de tomar el control partidario. Aun así, tratándose del Presidente, los gobernadores le darán la posibilidad de ir a una interna cómoda, en la que casi seguramente no tendrá contrincante.

EDUARDO DUHALDE

Tenía previsto que Kirchner se comportara como Felipe Solá en la provincia. Es decir, que ejerciera la administración, pero no disputara el liderazgo político. Ahora sufre a su propio ahijado, que lo desautorizó. De hecho, Duhalde había llamado el domingo por la tarde a todos los dirigentes que renunciaron ayer para que no lo hicieran, tratando de evitar la acefalía en el PJ. No lo consiguió y lo desautorizaron. Aun así, teme enfrentar a Kirchner. Primero, porque no quiere aparecer como un devora-presidentes (carga con la imagen de haber volteado a De la Rúa y a Rodríguez Saá). Además, sabe que un traspié de Kirchner lo envolvería a él, que es visto por el resto del peronismo como el «inventor» del actual mandatario. ¿Hay razones más secretas para su pacifismo? Está dispuesto a sufrir con estoicismo, pero revisará íntimamente la alianza que tiene con la Casa Rosada hasta ahora. ¿El problema central de Duhalde? Controlar a su esposa, más temperamental y sincera que él y, además, herida en su orgullo femenino por Cristina (Chiche ya debió perder frente a otra Fernández -Meijide-, por indicación de su marido, en 1997). Anoche Kirchner esperaba la renuncia de su antecesor a la «escuelita» que pidió presidir el viernes, por carta, en el congreso fallido.

EDUARDO CAMAÑO

Fue quien hizo las manualidades del plan de Duhalde para el congreso de Parque Norte. El Presidente lo desautorizó. Se había quedado con la secretaría general del PJ, que reclamaba para sí Cristina Kirchner. Devaluado, debe seguir controlando la Cámara de Diputados. ¿Querrá Kirchner también su cabeza allí, en la línea de sucesión presidencial? Es lo que temen los duhaldistas ortodoxos.

ANIBAL FERNANDEZ


Llamado cariñosamente «Tony Cuozzo», se ha convertido en el principal ariete de Kirchner contra el plan de Duhalde dentro del PJ. La tarea no puede ser más placentera para él: desarmar con llamados telefónicos el tejido que había realizado Camaño, su eterno rival en Quilmes. Se ganó la animadversión de Chiche Duhalde, quien lo definió como «alguien que fue amigo». También de Cristina, a la que agravió intelectualmente. Locuaz y lleno de audacia, este Fernández criticó el congreso de Parque Norte porque impidió una discusión política y bloqueó la participación de la gente. Inesperada autoflagelación, ya que esos juicios caen también sobre la asamblea que en Lanús, en 2003, impidió la interna presidencial en el PJ y le abrió a Kirchner la llegada a la Casa Rosada.

DANIEL SCIOLI

La lupa del oficialismo se volvió a posar sobre él. Amigo de Duhalde, es el candidato a suceder a Kirchner en una crisis. En la Casa Rosada suponen siempre conspiraciones, y Scioli está sospechado por su subordinación a Duhalde y por sus reuniones permanentes con dirigentes de la provincia de Buenos Aires (hay dos especialmente anotadas). Además, siguen de cerca sus movimientos de seducción hacia el gobierno de los Estados Unidos (por ejemplo, el agasajo a Otto Reich en su casa el jueves pasado) y el gabinete en las sombras que ha formado en torno suyo para relacionarse con gobiernos extranjeros y empresas. ¿Su talón de Aquiles? Algunas cuentas del Senado que vigilan los «transversales».

ALBERTO FERNANDEZ

Condicionado por sus peleas porteñas, se ha transformado en el verdugo verbal del PJ. Está indignado con la jugada que le hizo Camaño al designar al duhaldista Jorge Argüello en la Comisión de Relaciones Exteriores de Diputados. Argüello es el principal puntal de Mauricio Macri en el PJ porteño y bloqueó el lugar que pretendía Miguel Bonasso, hombre del jefe de Gabinete. Este Fernández fue acaso, en su verticalismo, más allá de sus propios intereses: debe concurrir todos los meses al Congreso a rendir informes y depende para seguir en el cargo de que no se formen 2/3 de las cámaras para removerlo (es cierto que resulta harto difícil que se constituya esa mayoría).

JUAN CARLOS MAZZON

Fue segundo de José Luis Manzano, trabajó para Eduardo Bauzá, sirvió a Hugo Anzorreguy y fue inspirador de las políticas de Carlos Corach mientras mantenía un contrato con Néstor Kirchner en la gobernación de Santa Cruz. También fue un alfil de Carlos Ruckauf en la provincia de Buenos Aires y terminó en la secretaría privada de Duhalde, armando los congresos que lo hicieron presidente a Kirchner. Allí lo encontró Eduardo Zannini y lo fumigó. Ya no recuerda a quién representa en las negociaciones: tramó el congreso de Parque Norte y consiguió ubicar como jefe del PJ a su socio político de los últimos años, el jujeño Eduardo Fellner. ¿Fue una jugada pensada para Duhalde o para Kirchner? Ni él lo sabe.

JOSE M. DE LA SOTA

Mantiene con Kirchner una pelea imposible de superar desde que Duhalde lo reemplazó por el santacruceño en la candidatura presidencial de 2003. Además, sufre el acoso del intendente de la ciudad de Córdoba, Luis Juez, alimentado por la «transversalidad» (artificio de la Casa Rosada para hostigar a peronistas díscolos). Teme que se lo castigue por problemas de financiamiento en la provincia. Tiene un enemigo mortal en Alberto Fernández, a quien le recordó su vínculo con Elena Cruz.

SERGIO ACEVEDO
JORGE BUSTI
MARIO DAS NEVES


Se proponen como el kirchnerismo ortodoxo dentro del PJ. Acevedo y Das Neves, por patagónicos. Busti, por verticalista con el gobierno. Convocó en Entre Ríos a un «cabildo abierto» para discutir el destino del PJ. Ya se sabe el resultado del debate, ya que invitó a Cristina Kirchner, Julio De Vido y Aníbal Fernández.


JUAN CARLOS ROMERO
RUBEN MARIN
ANGEL MAZZA
RAMON PUERTA


Con matices, todos estuvieron vinculados a Menem en la última elección. Ninguno a Kirchner. Sin embargo, el gobierno no los ubica en la vereda de enfrente, y Kirchner les dará un lugar en el próximo armado del PJ (de hecho, la senadora Cristina pasó todo el congreso del viernes intimando con el salteño Romero). Es un detalle más de que la pelea que abrió la Casa Rosada es una guerra «no convencional»: tiene por enemigo al duhaldismo y no al ex menemismo.

FELIPE SOLA

De nuevo quedó encerrado en la contradicción Kirchner-Duhalde. El Presidente lo hizo renunciar a su butaca en el consejo del PJ, sin siquiera consultar a quien se supone líder del distrito, el caudillo de Lomas de Zamora. Chiche Duhalde le hizo notar su disgusto en el diálogo con Mariano Grondona: «A la gente no le interesa lo que sucede en la interna del PJ, que es una cáscara vacía. Con el caso Blumberg lo que hoy más preocupa es la inseguridad». Era el puñal más punzante para quien se niega a ser el ahijado. Una vez más, cuando el Presidente y Duhalde se trenzan en un duelo, sangra Solá.

HEBE DE BONAFINI

Jugó el papel de Al-Qaeda en Atocha. Con su agresión para vetar invitados al acto de la ESMA desencadenó un proceso que terminó cambiando la conducción del PJ. Comenzó disfrutando con la humillación del general Roberto Bendini, descolgando los cuadros, y terminó gozando el golpe de mando de Néstor Kirchner, «descolgando» gobernadores. Es, con Hugo Moyano, la única que merece hasta ahora la incondicionalidad del Presidente.

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