30 de noviembre 2000 - 00:00

Gallo regresa casi en la clandestinidad

Alejado del poder Nicolás Gallo parece ejercer una atracción más fuerte que la que se le conocía cuando se desempeñaba como ministro. El martes en el Centro de Ingenieros y ayer durante la presentación del plan de obras públicas de Carlos Ruckauf, en la provincia de Buenos Aires, Gallo recibió elogios y reconocimiento.

El momento que atraviesa el gobierno y, sobre todo, el círculo de amigos de Fernando de la Rúa (la palabra delarruismo, debe admitirse, siempre tuvo algo de exagerado) también empujaron a Gallo al centro de la escena. Basta detenerse en algunas de las personas que llenaron el salón principal del Centro de Ingenieros (Enrique Olivera, Cecilia Felgueras, Héctor Lombardo, Roberto Avalos y hasta Basilio Pertiné) para advertir que la adhesión al ex ministro puede ser vista, también, como un larvado mensaje al Presidente que prescindió de él al disolver el Ministerio de Infraestructura y Vivienda. Es que entre los seguidores históricos de De la Rúa la experiencia de «acatar pero no compartir» -por usar los términos de la renuncia de Gallo-se ha vuelto cada vez más frecuente.

En este grupo están los que mejor entendieron las palabras del propio homenajeado, el martes, cuando habló de la «solidaridad», la «decencia» y la «verdad». Valor, este último, que comprendieron más los bien informados, aquéllos que saben que antes de despedirse por pe-dido de José Luis Machinea, Gallo le dijo al Presidente que «te mienten, pero no soy yo el que lo hago». Tal vez a Abel Fatala, Hugo Toledo o a empresarios como Aldo Roggio, Eduardo Baglietto o Victorio Américo Gualtieri se les haya escapado de qué estaba hablando Gallo cuando decía estas cosas.

Fue interesante escuchar, además, algunos comentarios de los amigos de este ingeniero con sangre de radical disidente (su abuelo fue un alvearista notorio que con el tiempo, como casi todos ellos, pasó a un anti-yrigoyenismo furibundo).

De moda

Los más irónicos decían que «ahora Nicolás está de moda». No se referían a la secuencia de agasajos sino a las ideas que ganaron al gobierno: «Lo echaron por keynesiano y ahora, con las nuevas pautas de déficit y la propuesta de reactivar vía gasto público, lo convirtieron en Roque Fernández».

Como si no le alcanzara con ese reconocimiento intelectual de parte de Machinea y su equipo, Gallo se mostró más exigente: «No se trata -dijo en su discurso-de cambiar de receta económica sino de enfoque conceptual para los problemas del país. Debemos llevar adelante un cambio de mentalidad y lo demás vendrá solo».

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